miércoles, 25 de mayo de 2011

Pinturas rupestres del Barranco Gisbert (Mosqueruela).

Balma de las pinturas del Barranco Gisbert

En el curso medio del barranco Gisbert, cerca de la carretera de Mosqueruela a la Iglesuela del Cid, se han hallado dos abrigos con pinturas rupestres representativas del arte levantino. Los grafismos se encuentran en unas balmas situadas próximas a un mas, y a una altitud poco frecuente, para este tipo de manifestaciones pictóricas, de 1.360 metros.
En el primero de los abrigos se puede observar, con mucha dificultad debido a la fragmentación y deterioro de las figuras, lo que parecen ser escenas de lucha entre arqueros, y posiblemente alguna escena de caza.
  

Calco de cazador
Calco de mujer



Entre las 27 figuras identificadas, datadas en el Eneolítico entre el 3500 y el 2000 aC., destaca un arquero, situado en el centro de la composición, corriendo con un arco y un puñado de flechas, que porta en la cabeza lo que semeja un gorro con plumas. Otro dibujo interesante, que se encuentra aislado en la parte superior del conjunto, representa una mujer estilizada y estática, con los brazos en cruz, vestida con una falda corta, y en la que se distingue una corta melena que le cae por los dos lados de la cabeza.
Barranco Gisbert
El segundo abrigo, mucho más pobre que el anterior, contiene apenas tres dibujos y un grabado, todos ellos de estilo esquemático y con una datación bastante más reciente.
Una hipótesis sobre la ubicación de este tipo de pinturas rupestres es la de marcar los lugares de caza. En este caso estaría justificado ya que las pinturas se encuentran muy cerca de lo que podría ser una zona de caza. A pocos metros de aquí el lecho del barranco se precipita unos 20 metros formando un cul de sac, un callejón sin salida hacia donde los animales, que se acercaban a beber, serían conducidos para facilitar su captura a los arqueros, los cuales acecharían desde lo alto del cinto. Todavía hoy es un lugar donde las cabras monteses abundan, por la disponibilidad del agua y lo escarpado del terreno.

lunes, 9 de mayo de 2011

Barranc de l'Assor-Riu Montlleó (Vistabella)

Resumen.
Excursión por senderos poco transitados que recorren la umbría de la Serra de la Batalla, y un tramo del cañón del río Montlleó, atavesando un selvático pinar en los barrancos de l'Assor y del Til.ler, y visitando tres molinos harineros abandonados.
      
Los Castillejos o Tossal de l'Assor

Distancia: 8,1 km
Desnivel acumulado: en subida: 400 m., y en bajada: 400 m.


Descripción del recorrido.

          El camino parte de la carretera CV-170 de Vistabella a Puertomingalvo, entre el km 46 y el 47,cerca de una curva pronunciada que provoca el cruce del Barranc de l’Assor. Junto a una pequeña explanada, y tras una cancela de alambre, sale en dirección norte un camino abandonado que desciende al barranco por su vertiente izquierda. Enseguida se adentra en la espesa vegetación que todo lo invade, donde las hiedras, los rosales silvestres y las zarzamoras abrazan los pinos y robles.
          A los pocos metros una senda aparece a nuestra a la derecha, que conduce al molí de l’Assor, por donde regresaremos al finalizar la excursión, ahora continuamos por la ancha pista asediada por robles quejigos, pinos silvestres y rodenos, majuelos, jaras, brezos, arces y helechos.
Barranc de l'Assor
          Al principio mantenemos la altura, pero pronto comienza el descenso al barranco. El frondoso bosque oculta periódicamente el camino en algunos tramos, pero el ganado mantiene en parte los senderos que nosotros aprovechamos. Para no perdernos seguiremos los hitos de piedras que nos conducen hasta el lecho del torrente, después de atravesarlo, y subir por la vertiente opuesta, nos encontramos con los restos de la vieja canal del molí Caldero. La seguimos a la izquierda (N) caminando sobre ella, aquí abundan los helechos, entre robles y pinos, y aparece algún avellano aislado. A los pocos metros llegamos a la balsa del molino, ahora medio colmatada e invadida por pinos. Es un trapecio irregular de unos 15-20 metros de lado, y los muros que aún la rodean mantienen una altura aproximada de 1’5 m, en un vértice se encuentra la boca del cubo por donde se precipitaba el agua. El molino se encuentra debajo de la balsa, justo cuando el barranc de l’Assor confluye con el río Montlleó.
Molí Caldero
          Tras la visita inexcusable al molino, y al desfiladero rocoso que forma el meandro del Montlleó, volvemos a la balsa para tomar un sendero que asciende hacia el Este, alejándose del río, bajo un dosel de avellanos, y algún manzano extraviado. El camino serpentea, entre viejos bancales abandonados, hasta tropezar con una pista forestal que tomaremos hacia la izquierda (N), enseguida pasamos junto a una casa y alcanzamos el collado del Castellet desde el que se vuelve a observar el lecho del Montlleó, hacia donde nos dirigimos.
En la primera curva, vemos un camino abandonado a la derecha, que será por donde retornaremos. Ahora seguimos bajando por la pista y, cerca ya del río, surge a nuestra derecha el torrente del barranc del Til.ler, a pocos metros de desaguar en el río.
           Para cruzar el Montlleó, tendremos que salvar una cancela que da acceso al molí Nou, que se encuentra ya en la orilla opuesta. Entramos ahora en tierras aragonesas, pertenecientes al término de Mosqueruela, ya que este tramo del río forma parte de la frontera histórica entre Aragón y la Comunidad Valenciana. Al llegar a las casas las rodeamos por la derecha siguiendo la curva del meandro, y al sobrepasarlas buscamos a la izquierda (O) un sendero que parte cerca de un nogal para ascender por un muro de piedra. Cuando éste llega a un pequeño collado nos desviamos a la derecha (N) para pasar justo debajo de un escarpe calizo. A continuación, el sendero recupera la dirección oeste y dobla a izquierda, atravesando una zona rica en fósiles marinos.
           Frente a nosotros nos encontramos con un cerro testigo con forma de castillo alargado, con sus dos torres imaginarias a los lados, es el Castillejo o el Tormo de l’Assor, como también se le conoce. Este lugar merece unos minutos de observación del abrupto paisaje.
Los Castillejos y río Montlleó
           Entre los depósitos marinos de calizas y margas del cretácico inferior, mayoritarios en toda la zona, una serie de fallas han fracturado el terreno dejando aflorar, alrededor de los barrancos de l’Assor y del Til.ler, los estratos inferiores compuestos de areniscas y arcillas del período Albiense. Gracias a la menor permeabilidad de estos materiales y a la orientación norte de la vertiente, dichos torrentes mantienen caudales casi permanentes durante todo el año, favoreciendo la espesa vegetación que crece al abrigo de la umbría y la humedad. Otro elemento destacado es la exagerada sinuosidad del cauce del río Montlleó en este tramo, donde los meandros encajados en el cañón han dejado cerros aislados, y resaltes rocosos de impactante belleza.
           Proseguimos nuestro camino, hacia el norte, dejando el Tormo a la izquierda para dirigirnos al Mas de los Castillejos caminando por un bancal abandonado. Al llegar al mas, rodeamos las primeras casas por la izquierda, siguiendo un muro de piedra seca para acceder a la era situada, como es habitual, en la parte trasera y superior de las mismas. Ya en la era, bordeamos los corrales por la izquierda pasando junto a una higuera. Enseguida la senda desaparece, pero nosotros buscamos unos hitos a la derecha que nos invitan a remontar una barranquera en continuos zigzag. Esta senda de cabras sigue en parte un muro de piedra situado sobre las casas del mas y, en dirección norte, corona la loma.
           Al llegar al llano, sin un camino claro, viraremos a la derecha (NE) manteniendo siempre los pinos a la izquierda y el acantilado a la derecha. Poco a poco, la loma se torna cuesta que desciende buscando la desembocadura del barranco del Cubillo en el río Montlleó, cerca del Mas de Hilario. Antes de llegar al mas, el sendero se pierde en el lecho del barranco, que nosotros tomaremos aguas abajo hasta alcanzar el río. Un grupo de grandes chopos nos indican el lugar de confluencia de ambos, adonde nos encaminamos.
Río Montlleó
          Una vez en el lecho del Montlleó, seguimos el curso del río, aguas abajo. En este tramo suele llevar agua y, dependiendo del caudal, puede ser necesario descalzarse. En las vertientes verticales se perciben bocas de cuevas y conductos cársticos relictos. Los estratos calizos que corta el río en su paso están inclinados, creando pequeños saltos de agua, así como algunas pozas donde es posible tomar el baño. Justo unos metros por encima de una de ellas, en la orilla derecha (oeste), se encuentra casi oculta por la vegetación la Cova Negra, aprisco utilizado en ocasiones para guardar el ganado lanar.
           Progresamos por el lecho fluvial hasta topar con unos grandes bloques de roca caídos sobre el río, y rodeados de altos chopos. Aquí buscamos un camino que se encarama por la vertiente derecha (S), cortando una pedriza. Continuamos por él y al poco se convierte en una cómoda pista que se adentra en el pinar moteado de arces, robles quejigos, y enebros. Según nos acercamos a lo alto de la loma vemos ejemplares de pino laricio. Tras coronarla y llanear brevemente por ella, nos cruzamos con otra pista que seguiremos por la derecha (oeste) hasta llegar a otro cruce, donde abandonaremos las pistas para buscar frente a nosotros un camino poco transitado que desciende hacia el Barranc del Til.ler, manteniendo la dirección suroeste.
          Nos hallamos de nuevo en la húmeda umbría donde abunda el pino rodeno y el brezo, entre bloques de arenisca de tonos blanco-amarillentos del período Albiense. Después de salvar una alambrada que controla el ganado vacuno, el sendero se desliza por una pendiente hacia el torrente del Til.ler, invadido por los helechos, zarzamoras y algún manzano silvestre. Al cruzar el arroyo el camino cambia de dirección, primero al norte y después al oeste, y enseguida se encuentra con la pista que se dirige al molí Nou.
Helechos
De nuevo en la pista, la retomamos ascendiendo (izquierda), y pasamos por la casa del collado. Al bajar éste, nos encontramos en un claro donde la pista hace una curva pronunciada a la izquierda, entonces la abandonamos y nos dirigimos hacia un sendero de ganado que se encuentra enfrente, entre los helechos y pinos. Éste se encamina hacia el sur por la vertiente derecha del barranc de l'Assor, en la que el terreno silíceo predomina y favorece el desarrollo de algunas especies como el pino rodeno y el brezo blanco.
La senda, que asciende poco a poco, transita por lo que parece un antiguo camino carretero, por lo que a veces se ensancha, aunque la frondosa vegetación lo invade constantemente. Entre el sotobosque vemos helechos, majuelos, brezos, guillomos, violetas,...
Molí de l'Assor
          A unos veinte minutos de recorrer este sendero divisamos a nuestra derecha, en la vertiente opuesta, el molí de l'Assor. Tras cruzar el torrente, que forma aquí un pequeño salto, llegamos al molino y contemplamos el bello paraje donde se encuentra, junto al lecho rocoso del barranco, y custodiado por un imponente nogal. Estuvo habitado y en producción hasta el último tercio del s. XX y, aunque ahora se halla en muy mal estado, aún conserva varios utillajes del molino.
          Para regresar a la carretera y finalizar la excursión, tomamos una senda que hay a la izquierda de las casas subiendo por la vertiente, y en breves zigzag alcanzamos el punto de partida.

lunes, 2 de mayo de 2011

En la prehistoria

Cumbres de Penyagolosa
La comarca natural que conforma el macizo de Penyagolosa, junto con las cuencas hidrográficas de los ríos que lo delimitan, el río Montlleó por el norte y el río Linares o Villahermosa por el sur, ocupa parte de los términos de Mosqueruela, Puertomingalvo y Linares de Mora al sureste de Teruel, y los de Villahermosa del Río, Vistabella, Vilafranca, Benassal, Culla, Benafigos, Xodos, Llucena y Atzeneta en el interior de Castellón.
Este escarpado territorio ha sido durante milenios un lugar de hábitat de los pueblos que nos precedieron, donde hallaron lo necesario para su subsistencia. En cuevas y abrigos encontraban cobijo donde asentarse, de los bosques obtenían materiales como la madera para la construcción de refugios y útiles, leña para los hogares, bayas y raíces nutritivas con las que matar el hambre, y plantas medicinales con las que aliviar las enfermedades. En este agreste espacio habitaba la caza que les proporcionaba alimento, y en los escasos pero extensos llanos como los de Mosqueruela, Puertomingalvo, Vistabella, Benafigos, Vilafranca o Atzeneta, se han cultivado y recolectado, desde tiempos prehistóricos, las plantas que completaban su dieta.
Durante el último período glaciar, alrededor de 100.000 años atrás, este territorio se encontraría influenciado por una zona periglaciar donde, por encima de los 1.200 m. de altitud, el clima sería tan riguroso que haría difícil la vida de la población paleolítica. Pero hace unos 12.000 años, se produjo un cambio climático que trajo consigo el incremento gradual de la temperatura hasta alcanzar el llamado Óptimo climático del Holoceno. Esto supuso para esta región, entre otras transformaciones, la desaparición de los grandes mamíferos, la extensión del bosque mediterráneo, con el predominio de carrascas, quejigos y arces, y la expansión del poblamiento humano.


Pinturas rupestres del Racó d'En Nando
Los humanos que dejaron su impronta decorando con imágenes estilizadas de animales y cazadores las paredes de las balmas del Racó d'En Nando (Benassal), en un pequeño barranco del río Montlleó, pertenecían a tribus de cazadores-recolectores que vivieron aquí entre el 8.000-7.000 a. C. en el período Mesolítico, etapa de transición del Paleolítico al Neolítico. Estas pinturas representativas del arte rupestre levantino, junto a otras del Maestrazgo, como las de la Covatina del Tossal del Mas de la Rambla, en Vilafranca del Maestrat, y las cercanas de La Valltorta y Ares del Maestre, nos muestran un ecosistema de clima templado en el que la caza disponible eran sobre todo ciervos, cabras, bóvidos, caballos y jabalís. Los hombres vestían indumentaria muy ligera, con apenas unos pantalones, a veces iban adornados con tocados de plumas, y sus útiles de caza eran arcos y flechas, transportando sus enseres en un morral. Por su parte, las mujeres cuando se representan lo hacen vestidas con faldas, también adornan sus cabezas con peinados variados y, generalmente, muestran una actividad más social, junto a otras mujeres o niños, o realizando tareas recolectoras.
El mencionado marco ambiental se va a mantener durante la evolución del neolítico a épocas históricas, aunque la presión humana comenzará a dejar su huella. Al mismo tiempo que se expande la población y progresa el sedentarismo, aparece el pastoreo con la domesticación de animales, y se inicia la explotación agrícola, que traerán consigo también un proceso de desforestación que transformará el paisaje cercano a los hábitat.


Calco de pintura Bco. Gisbert

Por otro lado, en la construcción de útiles, además del sílex, se utiliza el hueso y destaca la aparición y desarrollo de la cerámica, con la fabricación de cacharrería, generalmente decorada por incisión. Al período Eneolítico, entre 3500 y el 2000 aC. pertenecen las pinturas rupestres halladas en el Barranco de Gibert (Mosqueruela), en las que aparecen representaciones de escenas de caza junto a otras imágenes de estilo esquemático.
En el II milenio aC. se desarrolla en la Península Ibérica la cultura del Bronce, que en tierras valencianas tendrá características propias. A lo largo de un milenio proliferarán pequeños núcleos de población, principalmente en las cimas de cerros y espolones rocosos de escasas dimensiones, en los que las viviendas son de planta cuadrangular, construidas a base de piedras sin devastar con techos de troncos y ramas cubiertas de barro. Alrededor del poblado, y aprovechando la orografía, emergen construcciones defensivas como murallas y torres.

Castillo del Mallo (Mosqueruela)
En el área que estamos tratando se mantendrá al mismo tiempo el hábitat en cuevas, ligado a grupos ganaderos. Un poblado representativo del Bronce Valenciano es el de La Ereta del Castellar, en Vilafranca, que estuvo habitado durante la primera mitad del II milenio aC., y donde se ha hallado cerámica del bronce inicial, junto a grandes vasijas para almacenar alimentos, y metalurgia de la técnica del cobre, así como el característico molino de mano barquiforme, con el que se molían los granos de cereal. En Benassal tenemos el poblado de Les Planetes, ocupado alrededor del 1300 aC. y el del Castell del Corbó, posiblemente habitado desde el Mesolítico hasta el Bronce, y otros menos destacados como los restos hallados junto a las pinturas esquemáticas del Mas de Fores de Dalt. En la vecina Mosqueruela, se han localizado hasta cinco yacimientos del bronce en las inmediaciones del Arroyo Majo, entre los que destaca el poblado del Castillo del Mallo.