lunes, 16 de enero de 2012

Sant Joan - barranc de l'Atzevar - La Bertrana (Vistabella)

Resumen.

          Itinerario por uno de los bosques más atractivos de Penyagolosa, donde encontraremos los pinos más característicos del macizo: el pino silvestre, el pino rodeno y el pino laricio, además de una singularidad el Rebollar, un bosquecillo de roble melojo superviviente de otras épocas.

Cova dels Bous (Vistabella)

Distancia aproximada: 11,9 km
Desnivel acumulado en subida y en bajada: 640 m.


Descripción del recorrido.
         
          Comenzamos esta ruta en el poste que señala el inicio del sendero PRCV-66, junto a la Casa Forestal de Sant Joan de Penyagolosa, donde se ubica el Centro de Interpretación del Parque Natural. Como el PR es circular, el poste muestra dos indicaciones una al oeste y otra al norte, que es la que vamos a tomar nosotros para dirigirnos a la Portera del Llop.
Hojarasca de roble melojo
          Al principio ascendemos la loma suavemente por un tomillar salpicado de piornos azules, enebros, carrascas y algunos pinos silvestres. Al poco cruzamos el barranc del Rebollar y subimos por una senda en fuerte pendiente, la arboleda se hace cada vez más densa predominando las carrascas y el pino laricio, y surgen aislados robles quejigos. Según nos acercamos al collado aparecen los primeros robles melojos y las brecinas y los brezos se extienden por el sotobosque.
          Llegamos a la Portera del Llop, una encrucijada de caminos situada en un pequeño collado a 1454 m. de altitud. En este punto cruza la pista que une Sant Joan con El Puerto, partiendo de la zona de acampada del Planàs. A unos 100 m de aquí, hacia el oeste (izquierda), se encuentra la Coveta dels Carboners, un refugio de pastores, y poco después El Rebollar, un pequeño y encantador bosque de robles melojos que merece la pena visitar.
Pinos silvestres
          La excursión continúa desde la Portera del Llop, atravesando una cancela metálica que hay frente a nosotros, junto a la pista. Entramos en un cercado perteneciente al Mas del Mançanar donde el ganado vacuno y ovino pace a sus anchas, por lo que tendremos cuidado de no molestarlo. Las marcas del PR nos conducen por una vieja pista de extracción de madera hacia el noroeste, ascendiendo la ladera umbría tapizada de brecinas y helechos bajo un dosel de pinos silvestres y rodenos. El roquedo aflora en forma de grandes losas de caliza arenosa que la erosión ha desnudado. En algunos momentos nos acercamos a la carena y vemos como por la vertiente sur suben los robles melojos de El Rebollar.
          La desdibujada pista finaliza en un claro del bosque presidido por grandes bloques arenosos y un monumental pino silvestre. Cerca de su base se encuentra la discreta Font de l'Argilaga. Ahora el sendero continúa en fuerte ascenso hacia la L'Artiga de Garrido (1599 m.) y entre los pinos vemos algunos acebos de gran tamaño. Cerca de la cima pasamos junto a unos bloques de areniscas cuyas formas nos recuerdan el origen dunar del sedimento.
          Desde la achatada cumbre, despejada de pinos y cubierta de coixins de monja, tenemos unas buenas vistas hacia el norte donde podemos distinguir el Pla de Vistabella, el cañón del río Montlleó, Culla, el Picaio de Vilafranca, y hacia el este las sierras paralelas a la costa: Serra d' Espaneguera, Serra d'En Galçeran y Serra d'Irta.
Font de l'Atzevar o Algebar
          Comenzamos el descenso salvando la alambrada que aísla el ganado del Mas del Mançanar. Enseguida llegamos a otro pequeño collado por donde pasa una pista que el PR sigue hacia la Serra de la Batalla, pero nosotros, en lugar de tomar la pista, nos desviamos a la derecha hacia una abertura que hay en un muro de piedra en seco. Aquí iniciamos el descenso hacia la Font de l'Atzevar o Algebar, según la cartografía que se consulte. Caminamos por una senda de ganado poco definida, por la ladera derecha del barranco del mismo nombre, adentrándonos en el bosque umbrío de pino silvestre, moteado de enebros y acebos, sobre un manto de pradera. Encontramos la fuente en un claro del bosque, cuando por la izquierda llega una pista que procede del Pla de Vistabella. El manantial surge del suelo protegido por unas piedras y canalizado hasta un abrevadero metálico, por un tronco de pino vaciado. Poco más abajo de la fuente hay una balsa y cerca del lecho del barranco un grupo de tejos, algunos de ellos monumentales.
          Proseguimos nuestro camino por una senda bien definida que hay a la derecha de la balsa. En nuestro descenso nos acompañará durante un buen trecho, una tubería que conduce el agua de la fuente hasta un mas. Seguimos por la umbría del pinar de pino silvestre, y desde algunos tramos aéreos vemos frente a nosotros la solana de la Serra de la Batalla, donde prolifera el carrascal. Cuando llegamos al lecho del barranco coincidimos con la pista que comunica el Pla con la Font de l'Atzevar. Ahora continuamos hacia el nordeste (derecha), por la pista que circula sobre el lecho pedregoso del barranco o paralelo a él. Nos rodean carrascas y pinos laricios. Cuando el barranco se abre al llano, la pista gira al este (derecha) y enseguida llega a un cruce con el Carreró del Mas de Gual al Mançanar, una vereda flanqueada por muros de piedra que tiene una dirección norte-sur, nosotros nos dirigimos al sur (derecha) hacia el Mas del Mançanar. Antes de llegar a él, una portera metálica nos cierra el paso y un cartel nos avisa de que entramos en una propiedad particular.
Casa en el Mançanar
          Atravesamos la puerta tras la cual está la gran balsa del mas, pero no vamos a pasar por el Mançanar ya que ahora nos desviamos hacia el este (izquierda) por una pista que, tras cruzar la Rambleta del Mançanar, atraviesa una zona de comederos para el ganado. Caminamos cerca de los animales procurando no molestarlos. A unos 500 m. de la puerta, dejamos la pista para desviarnos hacia el sur (derecha), por otra menos definida que asciende una loma despejada de arbolado.
          Pronto este camino gira a la derecha y suaviza su perfil. Hay pinos laricios sobre un tomillar plagado de coixins de monja. Vamos ganando altura en paralelo al barranc de l'Abeurador y en la vertiente opuesta están las casas del mas y sus bancales. Entramos en la umbría, el bosque de pino silvestre se hace más espeso y los prados más húmedos. El monte bajo está dominado por la brecina o brugerola (Calluna Vulgaris). De cuando en cuando un quejigo o una carrasca rompen la monotonía, y las zarzas delimitan el camino. En lo profundo de la arboleda surgen acebos de gran porte que pueden alcanzar los 5 m. de altura. A veces, un reguero atraviesa el camino procedente de alguno de los modestos manantiales de la montaña arenosa.
          Cuando más cerca estamos del torrente, el camino inicia un zigzag invadido por el sotobosque. Pronto los helechos inundan algunas vaguadas desplazando a la brecina. Justo antes de una pronunciada curva a la derecha, observamos a nuestra izquierda unas rocas rojizas que ocultan la Cova del Bous, una balma encerrada por un muro de piedra que servía de refugio al ganado.
Cova de la Bertrana
          Cuando nos acercamos a la Portera del Llop, el bosque clarea y nos permite contemplar la gran altura de los pinos silvestres, algunos cubiertos con potentes hiedras. En una zona con grandes bloques de roca arenosa cubiertos de musgo y líquenes se encuentra la Font del Tormo, oculta en el helechal.
          Llegamos a la Portera del Llop y volvemos a franquear la puerta metálica, ahora en sentido contrario. En lugar de regresar por el PRCV-66 nos desviamos a la izquierda y caminamos por la pista de Sant Joan a Puertomingalvo. En unos minutos dejamos a nuestra izquierda una pista que se dirige a la Torre de Vigilancia, cuando un cartel nos indica que entramos en el Parque Natural de Penyagolosa. Aparece el pino carrasco que poco a poco sustituirá al pino silvestre. A la izquierda del camino vemos un estrato de roca arenosa rojiza sobre el que la erosión ha modelado atractivas formas.
Pinos rodenos en el Rodesnar
          En la primera curva, dejamos la pista y tomamos un camino secundario que se adentra en La Bertrana, un grupo de balmas labradas bajo la roca, protegidas en ocasiones por muros de piedra, que han sido utilizadas como malladas o refugios de pastores y ganado. Cuando este camino se difumina, nos desviamos a la derecha en busca de una senda que desciende la ladera diagonalmente. Nos encontramos en el Rodesnar, donde el pino rodeno ha reemplazado a los otras variedades de pinos y el sotobosque lo forman brezos, brecinas y helechos. La senda pronto cruza la pista de Puertomingalvo y continúa descendiendo hacia el Ermitori de Sant Joan. Cuando salimos del bosque vemos el ermitorio y la casa forestal a donde nos dirigimos, para finalizar la excursión.

miércoles, 11 de enero de 2012

Poblado medieval del Marinet (Xodos).

El Marinet
          El Marinet es una muela que se eleva 1466 metros sobre el nivel del mar, en las estribaciones orientales del macizo de Penyagolosa. Situada a unos 3 km. al oeste de la población de Xodos, a cuyo término municipal pertenece, se puede acceder a ella tanto por pista como por el sendero GR-33, utilizado anualmente por Els Pelegrins de les Useres, en su tradicional romería a Sant Joan de Penyagolosa.
El Marinet desde el Mas de Torre Climent
          Este cerro se encuentra rodeado de dos profundos barrancos, el barranco de l'Argivello al norte y el del Mas de Vela al sur, aislándolo de su entorno a excepción de una pequeña franja de terreno situada al oeste. Además, la cumbre que lo corona es una rampa de fuerte pendiente inclinada hacia el norte, que se eleva abruptamente más de 20 m. formando un acantilado en su parte sur y este, al aflorar el estrato de roca caliza sobre el que se asienta. Esta orografía hace que la muela sea totalmente inaccesible por el sur y el este, y que la aproximación por los otros flancos sea dificultosa.
Por otra parte, este lugar constituye una atalaya sobre el territorio circundante. Al no existir elevaciones superiores cercanas, dispone de una excelente visión que abarca prácticamente todo el golfo de Valencia y en especial de los corredores prelitorales de la Plana de Castellón.
En definitiva, se trata de un emplazamiento protegido de difícil acceso y visibilidad privilegiada, cualidades idóneas para el poblamiento en algunos momentos de nuestra historia, en las que la defensa ante los ataques foráneos era una cuestión de supervivencia.
Acantilado sur del Marinet
          Tanto en la edad de bronce, como en el período ibero y posteriormente en el s. V dC. , con el desmoronamiento del Imperio Romano, este tipo de habitat fortificado en altura será bastante común en nuestra geografía. El poblado ibero de Los Castillejos en Puertomingalvo o los asentamientos del bronce en el cañón del río Majo en Mosqueruela, ambos situados a pocos kilómetros de aquí sobre cerros similares, son ejemplos cercanos.
          Esto nos haría suponer que El Marinet también habría estado poblado en épocas tempranas, sin embargo en los trabajos arqueológicos realizados a finales del s.XX por André Bazana (1) no se encontró cerámica ibérica, ni romana bajoimperial, sólo aparecieron restos de cerámica con una datación probable de los s. V al X dC., es decir altomedieval, y más probablemente al comienzo de la conquista musulmana.
Olla valenciana
(http://esthisart.blogspot.com)
          El hallazgo predominante es la cerámica tipo olla valenciana, una clase de pieza destinada a la preparación y conservación de los alimentos. Se trata de un recipiente habitual en algunos poblados islámicos del interior de Sharq Al-Andalus, que tiene el fondo abombado, las paredes son de grosor irregular, el cuerpo preferentemente globoso y el borde exvasado. Por los hombros de la olla se extienden unas acanaladuras irregulares, y en ocasiones se incluyen asas. La coloración de las pastas suelen ir del gris al ocre. Además, es característico el tratamiento de arrastrado que muestran en la parte inferior de la panza, produciendo rayas y oquedades, como resultado del fuerte raspado, encaminado a adelgazar sus paredes.
Foto aérea del Marinet
          El poblado se asienta en la zona más alta de la muela, pegado al acantilado de la parte sur y este, y ocupa una extensión entorno a 0,8 Ha. La disposición urbanística es la siguiente, al norte, en la única parte accesible, una muralla de piedra en seco de unos 130 m. de longitud y 1,2 m. de anchura protege el conjunto. En su extremo oeste hay una apertura que facilita la entrada al poblado. Adosadas a esta muralla aparecen una serie de habitaciones cuadradas. A continuación hay un segundo muro defensivo y otra serie de habitaciones cuadradas adosadas que se abren a un espacio, a modo de plaza, en cuyo centro se encuentra la cima del cerro. La cima está ocupada por un edificio rectangular, formado por dos piezas, de mayor tamaño y mejor construcción que los anteriores, que podría jugar un papel particular en la organización del habitat.
Cima y restos edificio rectangular
          En el extremo sudeste, se halla una gran construcción formada por cuatro edificios rectangulares que encierran un patio central. Cerca del acantilado sur, rodeando la cima central aparecen una serie de habitáculos rectangulares que se yuxtaponen adoptando diferentes formas, en “L” o en “U”, alrededor de un patio central.
          Los edificios están construidos a base hileras horizontales de piedras hasta el techo, que estaría cubierto por vegetación ya que las tejas no se generalizan hasta el s. XI. No dispondrían de ventanas, siendo la puerta de acceso la única entrada de luz al interior. Los suelos serían de tierra pisada, sin pavimento alguno, aunque en algunos casos se aprovecharía la roca natural del terreno.
Rampa norte del Marinet
          Según diversas fuentes, desde la conquista árabe existió un fuerte presencia de tribus bereberes del norte de África en tierras valencianas y en las montañas de Teruel y Cuenca, un ejemplo es el topónimo de Atzeneta, población cercana al Marinet, que procedería de la tribu de los Zanata.
          La población de El Marinet parece que perduró poco en el tiempo ya que se considera que fue abandonada hacia el s. X, coincidiendo con el despoblamiento de otros asentamientos fortificados de Sharq Al-Andalus, y la sumisión de este territorio a los Omeya.

(1) Bazana, André. Maisons d'Al-Andalus: habitat médiéval et structures du peuplement dans l'Espagne orientale. Casa de Velázquez. 1992








domingo, 8 de enero de 2012

Las Ampolas - El Cabañil (Puertomingalvo)

Resumen.
          Ascensión a las tres cumbres de Las Ampolas, cuya altitud ronda los 1700 m., recorriendo la mayor parte de su carena y las cabeceras de los barrancos del Zarzoso y de la Mimbrera.

Las Ampolas

Distancia aproximada: 14,4 km.
Desnivel acumulado en subida y en bajada: 740 m.

Enlace al track de la excursión


Descripción del recorrido.
 
 
Masía de Valero
          Para iniciar esta excursión nos desplazaremos hasta la Masía de Valero, situada en la pista asfaltada que comunica El Puerto con Vistabella del Maestrat. Cuando llevamos unos 3,3 km de pista, a la izquierda, vemos las casas abandonadas del mas junto a las eras y un viejo serbal. Comenzamos la caminata buscando una vereda que se encuentra a la izquierda de las casas de la Masía de Valero, junto a una carrasca. Al principio, ascendemos la montaña serpenteando entre muros de piedra seca, por un camino mal conservado pero que mantiene el firme empedrado en algunos tramos. Después de salvar un par de escalones rocosos de calizas arenosas, rodeados de carrascas y bancales abandonados, el sendero se encamina hacia el collado de Las Ampolas dibujando una larga diagonal por la ladera, para ganar altura. A partir de los 1500 m. de altitud, la vertiente se hace más abrupta y las carrascas dejan paso a un despejado tomillar moteado de solitarios pinos silvestres, quejigos y arces.
Otoño en el collado de Las Ampolas
          Al aproximarnos al collado, el camino recupera los zigzag para superar el último tramo, al tiempo que atraviesa la torrentera que se origina en el mismo collado. Desde aquí alcanzamos a ver al este el vértice geodésico de Las Ampolas, una columna blanca de varios metros de altura. Ya en el collado de Las Ampolas ( 1650 m.), cruzamos una pista en busca de un sendero que desciende por la izquierda, entre los pinos, hacia el barranco del Zarzoso.
          Nos adentramos en el bosque umbrío de pino silvestre, donde la humedad facilita la extensión de musgos y líquenes, y el suelo se encuentra tapizado de sabinas rastreras y variedad de herbáceas como las violetas. El sendero comienza bajando hacia la izquierda, pero pronto gira a la derecha buscando el estrecho cauce del torrente, por el que caminaremos un tramo. Cuando la pendiente se suaviza encontramos una pista, que seguimos unos metros, hasta llegar a la confluencia con otro barranco procedente del este (izquierda) en una zona abierta con bancales. Aquí dejamos la pista temporalmente para atajar, siguiendo el curso del barranco del Zarzoso hacia el oeste (derecha). Sin camino definido, pero sin dificultad, avanzamos hasta que nos volvemos a encontrar con la pista.
Barranco Zarzoso
          Ahora caminamos hacia el norte, junto al lecho del barranco, por un tramo sin apenas pendiente. Las vertientes se encuentran densamente pobladas de altos pinos silvestres. El roquedo arenoso aflora en algunas partes, donde los procesos erosivos han modelado balmas que sirven de refugio para los animales. En el mismo cauce surge un discreto manantial, muy condicionado por la pluviometría, que se reconoce por unas piedras que lo delimitan y la vegetación acuática que lo rodea. La pista llega a un cruce con otra que baja por la derecha de la Masía del Lontanar. Estamos en el punto más bajo de la excursión, justo en la confluencia del barranco del Zarzoso con el procedente del Cabañil, y cuando el camino dibuja una prolongada curva hacia la derecha. Para evitarnos esta vuelta, dejamos momentáneamente la pista forestal y nos desviamos a la izquierda para remontar el torrente por un sendero de ganado.
Balsa del Cabañil
          Al recuperar de nuevo la pista forestal, continuamos ascendiendo hacia el norte. Según progresamos va clareando el pinar, el pino albar va dejando paso al pino laricio y vemos también maduros robles quejigos. Poco antes de alcanzar la loma encontramos a la derecha una balsa para el ganado. Tras pasarla nos cruzamos con otra pista y nos desviamos a la izquierda (oeste).
          Llegamos al Cabañil, una zona casi desprovista de arbolado donde predomina el espliego, el coixí de monja (piorno azul), le sabina rastrera y arbustiva, y el enebro. El suelo rocoso muestra las heridas de lo que parece ser un intento fallido de repoblación forestal, ya que se ha arado un extenso territorio levantando la roca caliza.
Masía del Cabañil
          Desde la Masía del Cabañil (1540 m), podemos disfrutar de unas buenas vistas, sobre todo del este, donde distinguimos el Pla de Vistabella, Culla y detrás las alineaciones paralelas a la costa de la Serra d'Espaneguera, la Serra d'En Galceràn y la Serra d´Irta. Al sureste tenemos la Serra de la Batalla y Penyagolosa. Al sur están las Ampolas, de donde venimos, y al Oeste podemos ver las antenas en el Azafranar (1701 m.) de Mosqueruela.
          Dejamos el mas y continuamos por la pista hacia el oeste. A nuestra izquierda la cabecera del barranco del Cabañil alberga una balsa con abrevadero. Pronto el camino dibuja una curva de 90 grados para dirigirse al sur (izquierda). Caminamos ahora por una loma plana, sin apenas pendiente, entre las huellas de una antigua explotación a cielo abierto de losas calizas.
Masico Quemado
          Al poco llegamos a un cruce con otra pista que tomaremos, hacia el noroeste (derecha) para descender a un pequeño valle con prados. Atravesamos un torrente seco y pasamos junto al Masico de Vives, después hay un cruce pero nosotros continuamos recto por la pista que asciende suavemente por la izquierda del valle hacia el Masico Quemado. Al llegar a este mas lo rodeamos y, por su espalda, ascendemos la loma para dirigirnos hacia el sur. Enseguida llegamos a un claro donde se hallan unos comederos para el ganado, que el camino deja a la derecha, y a continuación vemos la Masía del Cabezo, rodeada de muros de piedra.
          Se trata de una casa con cubierta a dos aguas y un corral techado para el ganado que enmarcan la era, además de otro corral cerrado por un muro de piedra en seco. La puerta principal y la era se encuentran al sur, desde donde parte un sendero que, siguiendo un muro de piedra, desciende al barranco de la Mimbrera. Al finalizar el muro bajamos a los bancales abandonados para atravesarlos en perpendicular a la pendiente. Ya en la vertiente opuesta, cruzamos una pista y buscamos un antiguo camino forestal que remonta por el pinar.
Masía del Cabezo
          Hemos regresado al bosque de pinos silvestres con un sotobosque plagado de sabinas rastreras, erizos (piorno azul) y herbáceas. El camino sube hacia el suroeste hasta llegar a un viejo corral abandonado, donde gira hacia el oeste (derecha) para ascender a la Muela de las Hoyas (1705 m) segunda cumbre de Las AmpolasCerca de la cumbre aflora, a la izquierda del camino, una forma de erosión cárstica que se conoce como lapiaz. La acción corrosiva del agua ha atacado la roca caliza del suelo agrandando y profundizando las grietas y esculpiendo acanaladuras. Rodeamos la cumbre poblada de pinos silvestres, y cuando empezamos a bajar nos cruzamos con otro camino que tomamos hacia la izquierda. Rápidamente alcanzamos la vertiente sur de Las Ampolas que ya mantendremos hasta el final de la excursión. Vamos ahora a recorrer la mayor parte de la carena de la sierra, de oeste a este. Primero pasamos por la Muela de las Hoyas, caminando por una pista bien definida flanqueada en ocasiones por restos de trincheras de la guerra civil española, desde las que el ejército republicano intentó, en el año 1938, detener el avance hacia Valencia de las tropas nacionales.
          Cuando el camino hace una curva a la derecha, lo abandonamos para atajar, y nos desviamos a la izquierda para descender un estrato rocoso entre los pinos. Recuperamos la pista unos metros más abajo y continuamos hacia el collado de las Beatas, donde se pierde el camino. Ahora seguimos los hitos que nos guían hacia la derecha, en busca de una senda de ganado que transita por el borde de la montaña.
Cantil de Las Ampolas
          Ascendemos suavemente hacia el Canto de las Ampolas (1723 m.) por un claro que deja el bosque a la izquierda y el valle a la derecha. En la cota 1680 m cruzamos un muro de piedra que atraviesa la ladera en perpendicular, y comenzamos a subir los últimos escalones rocosos que nos separan de la cumbre. Cerca de la cima llegamos a un llano donde hallamos una nueva pista que desciende hacia el siguiente collado. Una vez en él, justo antes de que tuerza a la izquierda, dejamos la pista para subir por la derecha una ladera despejada de arbolado que nos conduce, por una desdibujada senda de ganado, al vértice geodésico de las Ampolas (1698 m.).
          Si no lo hemos hecho todavía, esta atalaya es un buen lugar para contemplar los sistemas montañosos que nos rodean. Al este la Serra de la Batalla y Penyagolosa, al sur la Serra de Espadà, entre otras que se pierden en el horizonte y al oeste Javalambre. Desde la columna que marca el vértice geodésico iniciamos el descenso hacia el collado de las Ampolas, bordeando el cantil entre las sabinas rastreras y los erizos que siembran el suelo rocoso, y los pinos que sobreviven a los vientos que azotan la cumbre. Al llegar al collado (1650 m.) coincidimos con el camino de ida. Retomamos la senda por la que ascendimos para descender, ahora de regreso, a la Masía de Valero, final de la excursión.