Ruta circular que transcurre por un
bello tramo del valle del río Linares, entre Linares de Mora y
Puertomingalvo. Visitaremos la tranquila aldea de Castelvispal,
además de algunos molinos y masías deshabitadas, y nos adentraremos
en un feraz quejigal, en la vertiente oriental del barranco del
Rebollar.
ADVERTENCIA! El tramo entre la Molineta y la pista a Las Calzadas está totalmente perdido por la vegetación y no es recomendable transitarlo.
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Masía del Rebollar de Arriba |
Distancia aproximada: 12,5 km
Descripción del recorrido.
Castelvispal es una aldea de origen
medieval que pertenece actualmente al municipio de Linares de Mora.
Se encuentra entre montañas, a 1080 m. de altitud, asomada al río
Linares en la confluencia de éste con el barranco que lleva su
nombre. De las escasas construcciones del caserío destaca la iglesia
parroquial de origen gótico, que contiene elementos de los s. XIV al
XVII. Está formada por una sola nave, dividida en cuatro tramos por
arcos de diafragma apuntados. En el barranco de Castelvispal existen
varios manantiales, como la Fontica, que desde antiguo, suministran
el agua a la población y contribuyen a regar sus huertas.
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Castelvispal |
Junto a la iglesia del pueblo, bajo la
plaza, tomaremos el sendero PRTE-31 que se dirige a Puertomingalvo.
Desciende al río Linares, entre acequias y bancales de huertas y
frutales. Atravesamos el río por un estrecho puente, cerca de los
restos de la antigua fábrica de paños, cuya maquinaria era movida
por las aguas del río. A principios del s. XIV ya existía en
Castelvispal un molino trapero y harinero, conocido como La Cuba.
Una vez en la pista que procede de El
Puerto, abandonamos el PR señalizado y nos dirigimos hacia el norte
(izquierda) hasta llegar a otro puente (éste para vehículos), pero
que no cruzamos, sino que seguimos por un camino menos transitado y
paralelo al río, rodeado de vegetación de ribera. Cuando finaliza el camino, un
ajustado puente nos invita a cruzar al otro lado donde encontraremos
La Molineta (1025 m), un viejo molino, hoy en desuso, enclavado en un
meandro del río y cercado por viejos álamos negros. Seguimos río
arriba por una senda de ganado buscando cruzarlo enseguida, para
llegar a un pequeño bancal descuidado con unos pocos cerezos.
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La Molineta |
Al vadear el río se inicia el tramo
más penoso del recorrido, un antiguo sendero en desuso y oculto
entre la vegetación, que asciende en zigzag por la empinada ladera,
a veces con la única guía de los hitos de piedra que marcan el
camino, para los que no utilicen el track del gps. Al poco de iniciar
el ascenso pasamos cerca de un aprisco, construido aprovechando
una balma, donde en ocasiones se guarece el ganado. El sendero,
perdido en buena parte, pasa por encima de éste, cruza un
cortafuegos, y serpentea por la derecha de éste. La abundante
vegetación dificulta nuestro caminar y facilita la desorientación.
Una buena referencia son los postes eléctricos que bajan de la
montaña, situados siempre a nuestra izquierda, nos acompañarán
hasta alcanzar una pista forestal en la cota 1250 m., justo a la
altura de una cancela que cierra el camino a los vehículos.
Ya en la pista, la seguimos unos
metros hacia el norte (izquierda) y la abandonamos por otra menos
utilizada que, en lugar de subir, desciende a un barranco. Cerca de
aquí podemos ver varias sabinas de gran porte. Poco antes de llegar
al cauce dejamos la pista por un sendero de ganado que surge a la
derecha, para adentrarnos en el pinar manteniendo en principio la
cota 1225 m. Después de atravesar algunos prados y bancales, en cuya
umbría abundan los pinos silvestres, arces, majuelos y quejigos, nos
dirigimos por un bancal yermo hacia el norte para llegar a la Masía
de las Calzadas, hoy sólo habitada por las vacas que pastan en sus
campos y se refugian en sus corrales. Dentro del predominio calizo de la
zona, la masía y su entorno se hallan sobre un afloramiento de
areniscas y arcillas del cretácico inferior. Junto a las casas una
balsa sirve de abrevadero al ganado.
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Masía de Las Calzadas |
Continuamos nuestro camino hacia el
norte, en dirección a la Masía del Romo, por un bancal despoblado
de vegetación que nos lleva a una alambrada para animales. La
franqueamos y poco después llegamos a un manantial que surge entre
juncos en la ladera rocosa, y cuya fuente vierte su caudal a un
dornajo (tronco de árbol vaciado), que tenemos que cruzar. En este
tramo aflora un estrato del cretácico superior rico en fósiles de
la especie Exogyra (conocidos popularmente como
Orelles de moro).
En la siguiente curva del camino vemos ya la masía, que no llegamos
a visitar ya que el sendero circula unos metros por debajo de ella.
Ahora el sendero se hace más evidente ya que nos encontramos en un
tramo del antiguo camino de Linares a Puertomingalvo, que ha sido
señalizado recientemente como PR.
Descendemos pues siguiendo las marcas
blancas y amarillas, hacia el Barranco del Rebollar, por un carrascal
salpicado de pinos laricio, con algunos ejemplares monumentales como
el que nos encontramos en el camino con dos enormes brazos. Ya cerca
del torrente, en la cota 1230 m, la senda se cruza con un camino
ancho, se trata de una antigua vereda conocida como el Camino de las
Torrecillas, que recorre todo el barranco desde su cabecera cerca del
collado de Los Castillejos o San Bernabé, hasta su desembocadura en
el río Linares.
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El Rebollar en otoño |
En este punto nos encaminaremos hacia
el norte (derecha), hasta llegar a la Masía del Rebollar de Arriba.
Recorremos un paisaje silíceo con areniscas de tonos claros, en el
que se ha asentado un frondoso bosque de quejigos, del cual ha tomado
el nombre el barranco, ya que en la zona a este tipo de quercus se
les llama rebollos. Subiremos pues por el camino, cada vez más
sombrío debido a la espesura de la arboleda, flanqueado por muros de
piedra seca. Unos minutos después se bifurca, un ramal asciende
penetrando más en el quejigal, es el que tomaremos ahora para
regresar por el otro ramal tras visitar la masía. En ocasiones, la vegetación invade
totalmente la vereda dificultando el tránsito, en otras el terreno
se encharca por el paso de algún torrente. En otoño, los tonos
amarillos, ocres y rojizos de quejigos, avellanos y arces, cubren la
ladera oriental del barranco, y la hojarasca tapiza el sotobosque.
Al salir del bosque nos cruzamos con
una senda que seguiremos hacia el oeste (izquierda), en dirección a
la Masía del Rebollar de Arriba. Se trata de un grupo de casas
construidas aprovechando un estrato rocoso de arenisca. En la parte
alta se encuentra la era y en la inferior los corrales, parcialmente
derrumbados. No llegamos a acceder al caserío ya que, cuando el
sendero alcanza los primeros bancales, tomamos un sendero por la
izquierda que se desliza escalonadamente por las sucesivas terrazas
para buscar el lecho del barranco. Cerca ya de él, seguimos a la
izquierda por una senda de ganado que vadea el torrente por un
estrecho paso oculto entre la selvática vegetación, entre unos
imponentes álamos negros. De nuevo en la vertiente izquierda del
Barranco del Rebollar, caminamos por la parte baja del quejigal hasta
encontrarnos con la misma vereda de la ida, por la que regresamos
hasta el punto en el que se cruza con el camino de Linares a El
Puerto.
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Río Linares |
A partir de aquí, continuamos
descendiendo por una senda hacia el desagüe del barranco en el río
Linares. Poco antes de llegar a él, llegamos a un llano desde donde
vemos un molino en la vertiente opuesta, y otras construcciones
abandonadas. Cruzaremos el río Linares justo donde
el barranco del Rebollar vierte sus aguas. Tanto el río como el
torrente llevan agua todo el año y después de fuertes lluvias, en
la primavera y el otoño, el río puede ir crecido, pero, salvo por
la corriente, vadearlo no supone ninguna dificultad.
Ya en la orilla derecha del río, nos
dirigimos hacia el sureste (izquierda) siguiendo el curso del agua.
Pronto veremos unas flechas azules que proceden de Castelvispal y
señalan el sentido contrario al nuestro. Pasaremos por un pequeño
prado protegido por un muro de piedra y al finalizar éste
continuamos por un sendero pegado al río. Al poco salimos a un
extenso claro y en su extremo opuesto encontramos un camino que
asciende para salvar un escarpe rocoso sobre un meandro.
El sendero seguirá encaramándose por
la ladera, tomando altura y proporcionando unas bonitas vistas
primero del valle, después de la Molineta y por último de
Castelvispal.
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Cementerio de Castelvispal |
Poco antes de llegar al pueblo pasamos
por el viejo y recoleto cementerio. Sobre su puerta hay una
inscripción que comparte con otros cementerios españoles. Son unos
versos atribuidos a Larra que dicen así:
"Templo de
la verdad es el que miras,
no desoigas la
voz con que te advierte
que todo es
ilusión menos la muerte".
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