sábado, 12 de julio de 2014

Los caminos del senderista

Pista forestal en Mosqueruela


          Para un excursionista, senderista o montañero, como más os guste denominaros, el medio más importante para ejercitar su actividad, aparte obviamente de sus piernas, es el camino, y sin embargo, opino que no le prestamos la atención que se merece. Es por ello que me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones sobre los caminos de montaña y nosotros, sus usuarios.
Camino a la cascada del río Carbo
En las áreas de montaña, al igual que en el resto del territorio, los caminos rurales tradicionales son el resultado de la necesidad de los pobladores de la zona de comunicarse a lo largo de su historia.
Así, desde antiguo y sobre todo a partir del medievo, se han trazado y construido caminos que conectaban los lugares habitados como villas, masías, corrales, molinos, ... entre si, y estos a su vez con las zonas de trabajo, como campos de cultivos, bosques, pastizales, ... y también ambos con los puntos de abastecimiento de agua como ríos, fuentes y manantiales.
Se creó pues una red viaria adecuada a las necesidades vitales de sus habitantes y, durante muchos años, la mayoría de estos caminos han sido cuidados y mantenidos por sus usuarios (masoveros, pastores, agricultores,...), por sus propietarios o por los concejos municipales.
Bajando al río Montlleó
Atendiendo a su fisonomía, podríamos distinguir algunos tipos de caminos que nos vamos a hallar durante nuestra excursión.
Los caminos de herradura o muleros, son las clásicas sendas construidas en las zonas montañosas hasta mediados del s. XX para conectar los lugares poblados. Por ella circulaban personas, animales y productos, mientras los caminos de carros y las carreteras escaseaban. Tienen el ancho suficiente para que transiten por él los animales de carga en hilera (caballos, mulas, asnos) . Procuran tener una pendiente suave y para salvar fuertes desniveles emplean vueltas en zigzag. Además, si el tipo de suelo lo aconseja se afianza el firme de la calzada con empedrados y ribazos. Son los más atractivos desde el punto de vista del senderista, puesto que son cómodos para caminar y suelen transcurrir por espacios interesantes.
De Puertomingalvo a Villahermosa del Río
Las vías pecuarias, se crearon para el tránsito de los rebaños de ganado, especialmente durante la trashumancia ovina. Se conocen como cañadas, azagadores, assagadors, caminos reales, veredas, etc. Suelen ser anchas y, en muchos casos, están flanqueadas por muros de piedra en seco para conducir los rebaños.
Las pistas forestales, son más modernas y la mayoría se construyeron por la administración forestal, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se extienden especialmente por las zonas arboladas puesto que su objetivo principal era extraer los troncos de madera de los bosques. Además dan acceso a muchos de los mases diseminados por el territorio. Por ellas pueden circular vehículos motorizados (automóviles, camiones, tractores). Aunque suelen ser de tierra, algunas se han cementado o asfaltado en los últimos años. Son también confortables para caminar pero, al estar diseñadas para el uso por los vehículos, pueden dar vueltas que alarguen los trayectos innecesariamente.
Senda de cabras en el río Montlleó
Por último, las sendas de ganado y de cabras, son las que crean los animales durante sus desplazamientos diarios para ir a comer o beber, algunas veces guiados por los pastores y otras por sí solos. En las laderas de las montañas podemos observar estrechos senderos, perpendiculares a la pendiente, que utilizan las ovejas durante su pastoreo. En las zonas de ganado vacuno, encontramos también sendas que llevan a los lugares de pasto y a los abrevaderos (ríos, fuentes, etc.). En los partes escarpadas hallamos caminos de cabras, muy frecuentes en estas montañas, que descienden abruptamente desde su cobijo. Todas estas sendas tienen una vida relativamente corta ya que dependen de los animales que circulan por ellas, y por lo tanto se pierden con facilidad.
Barranc de l'Assor
Básicamente sobre esta red viaria tradicional o natural realizamos los excursionistas nuestra actividad, pero lógicamente estos caminos no están exentos de inconvenientes.
Los caminos pueden ser públicos o privados y no siempre está clara la titularidad de la propiedad. Se consideran públicos cuando han sido construidos por alguna administración (local, provincial, etc.), o tienen un uso público y su mantenimiento corre a cargo de la administración. Como no son frecuentes los inventarios de bienes de las administraciones, no es fácil determinar si el camino que recorremos es público o privado. En cualquier caso, si nos encontramos con carteles que anuncian una propiedad privada, y portones cerrados con llave que impiden el paso del camino, en principio hay que ser prudente y evitar entrar en la finca.
También existen cancelas que cierran sin llave caminos de dominio público porque están cercando el ganado vacuno que pace junto a alguna masía. En ese caso, si se franquea la portera, hay que dejarla en la misma posición en la que nos la encontramos, es decir abierta o cerrada, y respetar escrupulosamente el ganado que nos podamos encontrar en su interior.
Cancela en Mosqueruela
Con el despoblamiento generalizado de las comarcas del interior, a partir de los años 60 del siglo pasado, y la mecanización del transporte, los caminos rurales tradicionales dejaron de ser utilizados y en consecuencia también de ser mantenidos. Este abandono ha provocado que muchos caminos se pierdan total o parcialmente por la erosión de bancales y ribazos y/o la invasión de la vegetación. Algunas pistas forestales que se adentraban en los bosques para extraer la madera también han dejado de utilizarse y, por lo tanto, han sido desdibujadas por la erosión del terreno, formando en ocasiones verdaderas cárcavas, y por el crecido sotobosque.
Sin embargo, en los últimos años los municipios de la comarca han visto el potencial turístico del excursionismo y, junto con el resto de administraciones, han comenzado tímidamente a recuperar los caminos rurales.
Baliza de GR-33
Desde algunos núcleos urbanos parten senderos locales (SL) o de pequeño recorrido (PR) que han sido acondicionados por parte de una entidad promotora, generalmente un ayuntamiento o un centro excursionista, aunque no siempre se mantienen con regularidad.
Hay senderos homologados en Culla (PRV-225) , Lucena (PRV-79),Vistabella del Maestrat (PRV-66) , Puertomingalvo (PRTE-31), Mosqueruela (PRTE-83) y otros más que podéis consultar en la web de la FEMECV . Además por aquí circula el GR-7, sendero de gran recorrido que atraviesa el País Valenciano de norte a sur, y el GR-33 que une Castelló de la Plana con Sant Joan de Penyagolosa.
Estos senderos señalizados, cuando están homologados por la Federación de Montaña de la comunidad autónoma, deben cumplir una serie de requisitos. Entre otros, tienen que estar dirigidos a la población en general, poseer algún interés paisajístico, histórico, etc y evitar, en lo posible, zonas de asfalto y cemento, ascensos a cimas, cruce de ríos y barrancos, zonas peligrosas y zonas naturales frágiles.
Disponen de una señalización horizontal y vertical, mediante balizas y marcas en muros, rocas o arboles con dos bandas, una blanca y la otra verde, amarilla o roja, según el camino sea local (SL- menos de 10 km de distancia), de pequeño recorrido (PR- se puede realizar en 1 o 2 días) o de gran recorrido (GR- de más de 2 días).
Hito camino del Marinet
Estos senderos balizados son buenos para regular el acceso a las zonas más populares de la montaña, y para facilitar la actividad senderista al gran público. Sin embargo, creo que habría que evitar su excesiva proliferación para no convertir los parajes naturales en parajes urbanizados repletos de marcas, postes y carteles.
Muchas de las rutas que recorremos no están balizadas y transcurren por caminos de herradura, pistas forestales o sendas de ganado y de cabras, que se han perdido en parte, como hemos dicho, por la erosión o la vegetación invasora.
Para facilitar la orientación, cuando el sendero se difumina o claramente desaparece, utilizamos los hitos de piedras o fitas a modo de mojones, es decir, tres o más piedras, amontonadas, colocadas en lugares visibles para marcar el recorrido.
Estos hitos no son duraderos, ya que son derribados por las inclemencias del tiempo, los animales y hasta por personas poco amigas de nuestra presencia. A mi juicio, los excursionistas deberíamos colaborar en el mantenimiento de los hitos que señalizan el camino, sobre todo en los lugares de más difícil orientación. Como es obvio, tampoco hay que abusar y sólo hay que colocar los imprescindibles, impidiendo que el monte se inunde de mojones. Por supuesto, las marcas de pintura no homologadas son una mala práctica, que hay que erradicar.
Senda poco trillada
Para acabar, teniendo en cuenta que actualmente los principales usuarios de esta red viaria somos los senderistas, nos corresponde a nosotros velar por su buen uso y su mantenimiento.
Por lo tanto, podemos ayudar a recuperar y mantener los caminos quitando el matorral que periódicamente dificulta el paso, apartándolo o incluso usando unas pequeñas tijeras de podar. Pero ojo, sin pasarse. Cortando sólo la maleza y alguna rama que obstaculice el tránsito. Asimismo, podemos limpiar la calzada apartando los troncos, ramas y bloques de piedra que han caído sobre ella. En definitiva, podemos y debemos corresponsabilizarnos del buen estado de los caminos que disfrutamos los senderistas.



jueves, 15 de mayo de 2014

Puertomingalvo-Mas de Navarro-Rambla del Puerto

Resumen.

Desde Puertomingalvo, nos introducimos en los pinares de la vertiente oeste de la Sierra de la Batalla, atravesando barrancos de aguas cristalinas y plácidos prados. Conoceremos algunas masías de pasado próspero y regresaremos por la seca Rambla del Puerto, cabecera del río Montlleó.

Barranco del Mas del Sapo
Distancia aproximada: 20,9 km
Desnivel acumulado aprox.: 900 m



Descripción del recorrido.

Fuente El Pozuelo


              Iniciamos la ruta saliendo de El Puerto por el desaparecido Portal de Onda, al sureste de la villa. Tomamos el viejo camino que desciende hacia las casas de La Venta rodeado de corrales, pero en la primera curva en zigzag lo abandonamos y seguimos un sendero que gira a la izquierda (norte) pasando por la fuente de El Pozuelo, abrevadero de ovejas. Enseguida llegamos a un camino ancho que cruzamos para buscar una senda que circula bajo el ribazo hacia unas choperas. Caminamos entre los campos de La Vega hacia el este, hasta alcanzar la Masía de la Vega de Abajo.
Masía de la Vega de Abajo
          Rodeamos las casas por la izquierda para remontar la loma por una vereda escalonada que aprovecha los estratos de arenisca. Una vez arriba dejamos a nuestra derecha la Masía de la Vega de Arriba y continuamos por un estrecho paso entre muros de piedra hacia el noreste. Cuando la vereda se ensancha atravesamos un bosquete de pino silvestre pasando junto a una balsa para abrevar el ganado. Ahora aparece una pista que seguimos hasta alcanzar un corral, ya en lo alto de la Loma Vidal, desde donde tenemos buenas vistas de la villa de Puertomingalvo.
             Aquí tomamos otra pista forestal a la derecha (este) que baja, primero suavemente y después en zigzag, al barranco de la Calera. Transitamos por un pinar donde se mezcla el pino silvestre y el larício, acompañados de matas de enebro sobre un manto de pastizales. Durante el descenso aflora de nuevo el roquedo de arenisca y surgen los pinos rodeno y los brezos. Rechazamos a nuestra derecha dos desvíos y la pista comienza a serpentear ahora también por carrascas y quejigos.
         Justo al llegar junto al lecho del barranco de la Calera, dejamos un camino a la izquierda y continuamos por la derecha tomando una curva pronunciada. Caminamos unos metros en paralelo al cauce y lo cruzamos siguiendo la pista para subir por la ladera opuesta. Al poco vemos en el pinar un espigado acebo rodeado de brezos y helechos, y en zigzag continuos nos adentramos en el espeso bosque de pinos laricios, silvestres y rodenos entre prados.
Aljibe
              Tras atravesar un claro en La Cebella, donde hay un corral en ruinas, iniciamos el descenso por una portera. Dejamos a la derecha una pista con marcas rojas y continuamos hacia el norte. Grandes bloques de arenisca afloran por la ladera, cuya erosión produce un terreno arenoso.
             Llegamos a dos cruces sucesivos y en ambos nos desviamos a la derecha (sur) y encontramos un manantial en forma de aljibe que alimenta un gamelló de metal. Continuamos descendiendo por un claro entre praderas bordeadas de helechos. La difuminada pista serpentea hasta cruzar el cauce de barranco del Mas de Fuertes y ascender de nuevo por el bosque.
Mas de Fuertes
            Pronto vemos a nuestra izquierda las casas del Mas del Sapo. Al llegar a su altura encontramos un doble cruce de caminos y tomamos siempre el de la derecha que finalmente nos dirige hacia el sur, hasta el Mas de Fuertes. Llegamos al mas por la era situada sobre las casas. Aquí abandonamos la pista y subimos a un bancal a la izquierda. Enseguida se convierte en senda manteniendo la cota mientras vemos descender la pista a nuestra derecha. Nos encontramos de nuevo en el tupido pinar, en la vertiente oeste del barranco del Mas de Fuertes, rodeados por un caos de bloques arenosos y un rico sotobosque de helechos, brezos y zarzas. Alcanzamos el lecho del estrecho barranco, que suele llevar un exiguo caudal, y lo seguimos un trecho aguas arriba.
Horno de cal
         Al llegar a un horno de cal, construido con piedra en seco, desistimos de la senda del barranco y tomamos un sendero que sube por encima de la calera. El camino va ganando altura suavemente girando al este, hasta perderse en un matorral junto a unos bancales yermos. Para evitarlo optamos por desviarnos a la izquierda y seguir remontando los sucesivos bancales hasta la base de las cinglas calizas. Bajo el acantilado hallaremos un paso que nos encaminará hacia las casas del Mas de Navarro, y tras ellas a una pista forestal.
       En las proximidades de la masía se encuentran dos cavidades subterráneas. La Cueva del Mas de Navarro, que se utilizó como aprisco y donde se han encontrado restos cerámicos de la Edad de Bronce, y la Cueva Honda, que puede ser interesante para su exploración espeleológica.
Pinar del barranco del Mas del Sapo
           Continuamos ahora por la cómoda pista hacia el este (izquierda) en descenso. Tras pasar un grupo de longevos álamos negros encontramos la fuente de la Canalica, justo cuando cruzamos los inicios del barranco del Mas del Sapo. Durante un trecho vamos a circular en paralelo al barranco, hasta su desembocadura en la Rambla del Puerto. Para ello iremos tomando los caminos y senderos que permanezcan más próximos a su lecho, rechazando los caminos que nos alejen de él. A lo largo del trayecto se suceden el denso pinar con un tupido sotobosque de helechos y brezos y los claros con prados a la orilla del torrente.
           Poco antes de confluir con la Rambla del Puerto al barranco del Mas del Sapo se le incorpora por la izquierda el barranco del Mas de Fuertes. Ambos suelen llevar agua todo el año y son dos de las escasas aportaciones hídricas continuas de la Rambla.
          Llegamos a la Rambla del Puerto en medio de uno de sus meandros, en la zona conocida como La Badina donde, en épocas más generosas desde el punto de vista pluviométrico, circulaba suficiente caudal como para acoger truchas y barbos. En la actualidad, la Rambla del Puerto permanece seca la mayor parte del año y sólo se inunda algunos días después de lluvias intensas.
Gamón
          Nada más cruzar el pedregoso y seco lecho abandonamos la pista y buscamos por la izquierda un sendero entre los pinos siguiendo unas marcas rojas en los pinos. Al poco volvemos a cruzar la rambla y seguimos una antigua pista forestal casi perdida que circula paralelamente al cauce, atravesándolo en ocasiones para salvar algún meandro. Este tramo dudoso finaliza en una pista que tomamos por la derecha para cruzar de nuevo la rambla y ascender por la vertiente opuesta en pronunciados zigzag. Mientras progresamos clarea el pinar y el suelo es invadido por plantas como el gamón (Asphodelus Cerasiferus).
          Al llegar a un amplio llano dejamos esta pista por otra menos transitada a la izquierda (oeste). Poco antes de una curva que desciende, abandonamos ésta por otra aún menos marcada a la derecha que mantiene la cota introduciéndose en un bosquete de pinos laricios jóvenes. El camino se corta en un alambre que cierra un muro de piedra. Saltamos el cable y proseguimos. Dejamos a la derecha una masía en ruinas, mientras descendemos a la Rambla del Puerto por un viejo camino maderero, invadido de pinos y tapizado de fósiles de orelles de moro.
        El camino, muy desdibujado, cruza varias veces la rambla seca transitando sobre todo por el pinar, hasta abandonarla ascendiendo por la derecha a una pista forestal. Seguimos por ella hacia el este (izquierda). Nos hallamos en la Ombría del Mas de León, donde se inicia el incipiente encajamiento del lecho de la rambla entre los estratos calizos del Cretácico, y que se convertirá en el profundo cañón del río Montlleó, unos kilómetros aguas abajo.
Mas de Léon y El Puerto.
         Después de cruzar un par de veces el cauce de la rambla salimos al llano y nos encaminamos hacia el sur en busca del Mas de León. Cerca de sus casas nos encontramos con unas marcas blancas y amarillas que señalan el camino a Mosqueruela, y que nosotros tomaremos hasta llegar a El Puerto. Pasamos junto al Mas de León y, siguiendo una vereda, nos acercamos a la villa dejando a la izquierda la Masía de la Vega del Rebollar. 
         Finalmente, dejamos el azagador por un estrecho sendero que sube a El Puerto, perpendicular a la pendiente, entre muros de piedra que delimitan las terrazas antes cultivadas. Accedemos a la monumental villa por el Portal de la Ombría.








lunes, 14 de abril de 2014

Economía y fiscalidad en el s. XIV

Cereales en Puertomingalvo


          La repoblación de las tierras valencianas tras la conquista cristiana se apoyó en dos principios antagónicos para el rey y sus señores feudales. Por un lado, la necesidad de hacer atractiva la migración de los colonos desde sus tierras de origen, concediendo tierras y determinados privilegios, y por otro, el deseo de obtener rentas de estos colonos una vez asentados.
Viñas en Atzeneta del Maestrat
          Durante la primera mitad del s. XIV se produjo en el norte de Castelló un incremento demográfico fruto de la elevada inmigración, incluso de tierras transpirenáicas. En Morella llegó a instalarse una pequeña colonia de cátaros fugitivos. Esta presión demográfica traerá consigo la ampliación de las tierras cultivadas, mientras que el paisaje agrario predominante será la pequeña explotación campesina producto del reparto de tierras por parte de los señores feudales.
           El cultivo más abundante es el cereal, sobre todo trigo y cebada, aunque allí donde es posible se destinan terrenos adecuados para el cultivo de la viña o el olivo. Donde hay algún curso de agua, como en el río Molinell (Culla), en el río Linares (Puertomingalvo) o en algunos tramos del río Montlleó, se desarrollan zonas de regadio, y alrededor de los núcleos urbanos crecen pequeñas huertas, irrigadas por las fuentes que abastacen las poblaciones. Estas aún pueden observarse en la mayoría de los pueblos del Maestrazgo.
Olivo en Atzeneta del Maestrat
          Las tierras dels Ports y del Maestrat de la orden de Montesa eran propicias para la explotación ganadera extensiva, sobre todo de cabras y ovejas. Aquí se reunían durante la trashumancia invernal los ganados locales con los de Mosqueruela, Valdelínares,Teruel y Albarracín, e incluso de la zona pirenaica.
          En el siglo XIV la actividad ganadera de la zona siguió creciendo, aumentando el número de dehesas y zonas de pastos, por ello se habilitaron nuevos azagadores y majadas para conducir y guardar el ganado. Esta presión por el uso de la tierra generó fuertes enfrentamientos entre campesinos y grandes terratenientes ganaderos.
            El momento culminante de la ganadería se alcanzó a fines del siglo XIV y en el siglo XV con el enriquecimiento de algunos personajes locales, gracias a la exportación de la lana, que era la riqueza de la comarca, generalizándose también la presencia de mercaderes italianos. La muestra de esta prosperidad la vemos en el auge constructivo y artístico de iglesias y edificios públicos y privados, en retablos, orfebrería, etc.
        Entre 1300 y 1320 se generalizó el proceso de creación de dehesas y bovalares, se acotaron y vedaron los términos, sobre todo a los forasteros.
Ovejas en Vistabella del Maestrat
          Se fortalecieron los Lligallós que, al igual que la Mesta castellana, era una organización que regulaba y gestionaba la comunidad de pastos, resolviendo los problemas que se planteaban. La misión principal del tribunal era la de recobrar y devolver el ganado perdido o comerciar con él. La institución fue común a tierras aragonesas y valencianas. El Lligalló más antiguo fue el de Teruel creado en 1259. En el reino de Valencia el más conocido era el de Morella, creado por Jaime I en 1271.
         El desarrollo económico del Maestrat tuvo como base la ganadería, con la que se enriquecieron determinados grupos sociales, pero no la Orden de Montesa, cuya renta feudal se basaba en las rentas de la tierra y el diezmo de cereales. La orden no disponía de ganado propio aunque sí algunos de sus frailes. Esta riqueza ganadera de la comarca no se tradujo en una industria textil propia o en un comercio relacionado a ella, sino que se limitó a ser una zona exportadora de lana.

Muralla de Sant Mateu
          La fiscalidad sobre los campesinos en esta época, se materializaba en un conjunto de cargas y gravámenes que estos debían afrontar.
          El diezmo, o delme era una contribución de la décima parte de frutos o rentas. Hay que distinguir el diezmo que se pagaba al señor o dueño de la tierra, villa, castillo, etc.. del que se satisfacía a la iglesia para su sostenimiento, asistencias de caridad y edificación de templos y monasterios. También estaba la contribución que se recogía para la Santa Sede, que se le llamaba décima. En el Maestrat, el diezmo afectaba en exclusiva al sector primario, tanto en su vertiente agrícola como ganadera, percibiéndose de los cereales, vino, aceite, lino y cáñamo, frutales, etc.. así como por los animales, sobre todo cabras y ovejas. En Sant Mateu en 1319-1320, el diezmo de los cereales, vino, aceite, cáñamo, ganado, lino,y el herbaje representaba alrededor del 40% de las rentas señoriales.

Molí Caldero (Vistabella)
La peita era un tributo anual que satisfacían los vecinos de un municipio y los forasteros que tuvieran propiedades en su término. Todos, cristianos, moros y judíos, estaban obligados al pago de acuerdo con un inventarío de sus bienes. De los pueblos de la orden de Montesa tan sólo algunos pagaban peita y ninguno lo hacía al rey. Eran cantidades fijas que variaban según la demografía del lugar, desde los 100 sueldos en Serratella a los 1.500 en Ares. Para determinar el importe anual de la peita se calculaba en sueldos el valor de cada propiedad y por cada 100 sueldos de valor fiscal correspondía una libra de tributo.

Molino Badal (Puertomingalvo)
El señorío de la orden de Montesa, tenía reconocido el dominio de los molinos de su territorio, presentes y futuros. Los campesinos podían arrendarlos por un corto periodo, de uno a tres años, pagando unas veces en dinero y otras mediante una parte del beneficio de la moltura. En ocasiones se cedía el dominio útil del molino a un particular a cambio de un censo enfitéutico a favor de la orden, en dinero o especie. Esto podía suponer una parte importante de la renta de la orden en esa localidad. Por ejemplo, los molinos de Sant Mateu en 1325 representaban casi un 15% de las rentas de la bailía.

Culla
Cuando se conceden las cartas pueblas en la zona norte de Castellón, los vecinos podían utilizar los hornos de forma franca. Pero con el paso a la orden de Montesa la situación cambió, y en 1320 ésta recibía ingresos procedentes de los hornos de todas las poblaciones de su señorío. Lo normal era el arrendamiento a corto plazo, incluyéndolo como una renta más que se sumaba al valor total de las rentas de la población, que eran arrendadas globalmente por la orden.

En las zonas con habitat disperso, como en el Maestrazgo, los campesinos que no residían en los núcleos urbanos, pagaban al señor el fornatge, un tributo por cocer el pan en sus masías. Consistía en una cantidad anual de grano (trigo y cebada) por cada persona mayor de siete años que vivía en la masía, que se abonaba normalmente por San Miguel. En Culla y Vistabella era una barchilla (unos 13 kg), en Ares media barchilla, en Coves d'Avinromá era de 6 cahíces de trigo.

También existía el monopolio señorial de la herrería, llamado dret de fàbrica. El señor corría con los gastos personales del herrero y con los materiales, sobre todo hierro y carbón, mientras que los vecinos abonaban un pago anual en especie. En algunos lugares, como Culla o Vistabella, estaban exentos de su pago. En Alcalá de Xivert y Castellnou pagaban una fanecada de trigo y otra de cebada por vecino. Con el tiempo, el monopolio lo gestionaba el municipio y era éste quien cobraba a los usufructuarios y entregaba el censo establecido a la orden de Montesa, casi siempre en dinero.

Culla
En cuanto a la ganadería se pagaba el herbatge o pasturatge, un impuesto sobre el aprovechamiento de hierbas para el pasto de los ganados. Era un impuesto real, pero los señores con derecho de jurisdicción privada podían tener sus propias tarifas sobre el pasturatge de ganados ajenos en sus tierras.

En los dominios castellonenses de la Orden de Montesa, al ser terrenos sin cercar, en ellos pastaba todo el mundo, incluidos los ganados trashumantes, que abonaban un canon por cabeza de ganado, pudiendo utilizar los pastos de varios pueblos. En el siglo XIV este derecho era arrendado en todos los lugares, individualmente o de forma total, englobado en las rentas de un lugar. Los pastos de la zona montañosa del norte de Castellón eran mucho más importantes desde el punto de vista económico que los de las zonas bajas, en la franja costera de huerta.




Bibliografía.

GUINOT, Enric- Feudalismo en expansión en el Norte valenciano. Antecedentes y desarrollo del señorío de la Orden de Montesa (siglos XIII y XIV), Castellón, Diputación Provincial, 1986.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Las Ordenes Militares. El Maestrazgo.

Castillo y convento de Montesa

          Las ordenes militares eran instituciones cristianas que se crearon en Europa a finales del s. XI con el objeto de defender a los peregrinos que se dirigian a Tierra Santa. Sus componentes eran a la vez monjes y soldados que mantenian los votos de pobreza, obediencia y castidad, junto a la obligación de luchar en "guerra santa" contra los infieles.
          En el s. XII, las ordenes más importantes de ámbito internacional eran las del Hospital de San Juan de Jerusalem y la del Templo de Salomón. En aquella época, en la península ibérica se libraba una guerra por expulsar a los musulmanes, por lo que surgieron instituciones similares como la orden de Calatrava, la de Alcántara y la de Santiago.
Muralla de Culla
          En la corona de Aragón, durante el s. XIII los Templarios y los Hospitalarios sobre todo, y la Orden de Calatrava en el Bajo Aragón, habían jugado un papel destacado en la organización feudal de la frontera con el Sharq Al-Andalus, y participado en la conquista de los nuevos reinos de Mallorca y Valencia. En recompensa recibieron de la Corona varios territorios y señoríos, privilegios y franquicias, convirtiéndose con el tiempo en verdaderos aparatos de poder que se dedicaron a explotar sus señoríos.
       A principios del s. XIII, la Orden del Temple estaba ampliamente representada en la frontera con la Valencia almohade, mientras la del Hospital se limitaba al señorío de la comarca de Tortosa y los castillos de Ulldecona, en el linde musulmán, y a Aliaga, en la retaguardia aragonesa. En 1190, hubo un asentamiento cristiano de esta orden que daría lugar a la primera fundación de la población de Sant Mateu. A finales de este siglo, con su expulsión de Tierra Santa en 1291, las órdenes militares perdieron su razón de ser y, en toda Europa, se recelaba de ellas por su poder económico, político y militar. En este contexto, el Papa Clemente V ordenó la disolución de la Orden del Temple y la incorporación de todos sus bienes a la Orden del Hospital.
         En la Corona de Aragón, ambas ordenes eran grandes señores territoriales, dedicados también a las actividades financieras, por lo que la fusión de su patrimonio hubiera supuesto un inmenso poder para la Orden del Hospital. Por ello, el rey Jaume II traspasó los bienes Templarios a los Hospitalarios sólo en Aragón y Cataluña, mientras que en el reino de Valencia, optó por la creación de la nueva Orden de Montesa a costa del patrimonio de las dos órdenes, a pesar de la oposición inicial del papado.
Castillo de Montesa
        La Orden de Santa María de Montesa se creó en 1317, mediante bula del Papa Juan XXII, con el hábito de Calatrava y bajo la orden del Císter, con el objetivo simbólico de defender las fronteras del Reino de Valencia frente a los enemigos musulmanes. Aunque la intención del rey Jaume II fue tenerla al servicio de la corona y así contrarrestar a otros grupos de poder, como eran la nobleza laica, la iglesia y los municipios.
        La nueva Orden de Montesa heredó del Temple y del Hospital, rentas, territorios y castillos que anteriormente fueron posesiones islámicas, principalmente en el norte del reino de Valencia. Sus propiedades estaban organizadas administrativamente en encomiendas con el nombre del castillos o villa que la encabezaba, siguiendo anteriores divisiones musulmanas. Estas se componían de varios pueblos, alquerías y castillos, en los que la población era mayoritariamente cristiana, pues en el inventario de la Orden de 1320, sólo el 5% era musulmana.
          Los territorios que conformaban las bailías y encomiendas de la orden eran:
Bailía de Cervera: Cervera, Sant Mateu, Traiguera, La Jara, Carrascal. Canet, Cálig, Xert, Rosell y la Barcella.
Bailía de Peñiscola: Peñíscola, Benicarló y Vínarós.
Bailía de Xivert: Alcalá de Xivert, Xivert, Castellnou, Polpis y Alcossebre.
Bailía de Ares: Ares.
Tinença de Culla: Culla, Atzeneta, Benafigos, Benassal, Vistabella, Vilanova d'Alcolea, Torre d'En Doménec, La Serratella.
Castillo de Vilafamés: Vilafamés y Vall d'Alba.
Castillo de Onda: Onda,Tales y Artesa.
Bailía de Moncada: Moncada, Vinalesa, Carpesa, Borbotó y Massarrotjos.
Bailía de Sueca: Sueca, Silla y Montroi.
Convento de Montesa: Montesa y Vallada.
Castillo de Perputxent: Perputxent.
          Además disponía de rentas en la ciudad de Valencia y en Lliria, Denia, Ademuz y Castielfabib, Burriana (alquerías de Vínaragell. Benihain, Seca y la Pobla) y Morella.
           Algunos de los lugares que heredó la Orden de Montesa fueron abandonados al poco tiempo, seguramente por la pérdida de su valor estratégico, como ocurrió con las fortalezas del Boi (Vistabella del Maestrat) y el Corbó (Benassal) de la Tinença de Culla, situadas en las zonas montañosas que seguían la vía de comunicación del río Montlleó, entre las tierras turolenses y el norte valenciano.
Castell del Boi y Culla al fondo.
         En la cúspide de su organización interna estaba el Maestre – de donde tomó el nombre el territorio, Maestrat o Maestrazgo -, un cargo vitalicio que representaba la máxima autoridad jurisdiccional, ejecutiva, económica y representativa. Éste se apoyaba en comendadores que gestionaban las encomiendas en las que se dividía el señorío. Además estaban los freiles sin encomienda y los clérigos que se repartían por los prioratos y el convento de Montesa. 
         El organismo más importante era el capítulo, en el que se reunían todos los freiles para nombrar nuevo Maestre, por el fallecimiento del anterior. Con el tiempo se fueron modificando sus competencias, interviniendo también en la aprobación de las variaciones patrimoniales de la orden como ventas, establecimientos enfitéuticos de casas, tierras, monopolios y otros derechos o rentas, aunque después era el propio Maestre quien realizaba estas operaciones.
Iglesia Arciprestal de Sant Mateu
          Los maestres elegían a los nuevos freiles que se incorporaban a la orden, los cuales solian ser de familias nobles, y los asignaba a las diversas encomiendas, otorgándoles cargos y rentas. En general, los maestres actuaron bastante al margen de los comendadores y del capítulo. El maestre gestionaba casi todo el patrimonio de la orden, mientras los comendadores aspiraban a disponer de las rentas de cada una de sus encomiendas como si fuesen su pequeño señorío “particular”. Para solucionarlo se asignó a cada comendador una cantidad fija a cobrar proporcional a los ingresos de su encomienda. El Maestre de Montesa se reservó el señorío más grande, poblado y rico de toda la comarca del Maestrazgo, la bailía de Cervera con la capital de Sant Mateu, la quinta ciudad del reino de Valencia en población en aquellos años. Este reparto económico entre Mesa Maestral y comendadores fue cambiando a finales del siglo XIV, cuando poco a poco estos últimos fueron consiguiendo controlar una porción mayor de los ingresos de sus respectivas encomiendas, dándole finalmente la vuelta a la situación.
Portada románica de la Iglesia Arciprestal de Sant Mateu
       La Orden de Montesa era independiente de la jerarquía eclesiástica diocesana y correspondía al Maestre el nombramiento de los cargos religiosos de la orden. Además casi la mitad de las parroquias de sus señoríos estaban bajo su jurisdicción tanto espiritual como civil y penal.
          Entre 1319 y 1506 hubieron una docena de Maestres en la Orden. Aunque la mayoría fue elegido por los capítulos correspondientes, en algunas ocasiones hubo fuertes presiones del monarca de turno para inclinar la balanza a favor de su candidato favorito. El momento de mayor conflicto con respecto a la figura del Maestre y a la libre elección del sucesor se dio en los primeros años del s.XV cuando el Papa Luna, Benedicto XIII, intervinó de forma directa para conseguir el control de la orden.
          Pronto se creó el cargo de Comendador Mayor, como sustituto del Maestre en casos de urgencia o durante el periodo entre su defunción y el nombramiento del sucesor. El cargo se asignaba al comendador de la encomienda con rentas más altas, así durante el s. XIV le correspondió a Culla y en el s. XV pasó a Les Coves o Peñiscola.
     El siguiente cargo destacado fue el clavero del convento de Montesa, que era el administrador económico del convento, al que se le habian asigando las rentas de las encomiendas de Sueca, Silla y Montroi.
          En cuanto a la vida de los freiles de la orden, existía un gran diferencia entre los cargos - comendadores, priores - y los clérigos, ya que los primeros poseian un mayor nivel adquisitivo y plena libertad de movimientos. En cualquier caso, ninguno de ellos podía disponer de su bienes particulares, siendo el Maestre el que disponia de ellos a su fallecimiento. El celibato de los componentes de la orden se mantuvo hasta la bula papal de 1540, y a partir de este momento comenzó a cambiar su composición social al acceder a ella la nobleza laica valenciana en busca de mayor prestigio.
          A diferencia del resto de órdenes militares hispánicas, el maestrazgo de la Orden de Montesa no fue incorporarado por los Reyes Católicos a la corona y se mantuvo autónoma hasta 1587.


Bibliografía.

Guinot Rodríguez, Enric. LA ORDEN DE MONTESA EN ÉPOCA MEDIEVAL.
Edit: Revista de las Órdenes Militares; Madrid, Real Consejo de las Órdenes Militares, 2005



domingo, 9 de febrero de 2014

El poljé de Vistabella del Maestrat

Poljé de Vistabella y Penyagolosa desde el Norte.

          La puerta natural para acceder a Penyagolosa es Vistabella del Maestrat. Si partimos de la Plana de Castelló vamos atravesando sucesivas alineaciones de montañas y extensos llanos hasta alcanzar esta población de la comarca de l'Alcalatén. Situada a 1252 m de altitud sobre el nivel del mar, en un collado de la sierra, es un aventajado mirador de los montes y valles que acabamos de salvar desde la costa mediterránea.
        Si desde Vistabella nos dirigimos por la carretera a Sant Joan de Penyagolosa, descubriremos de repente el Pla, una llanura de alrededor de 20 km2, con forma alargada, de unos 11 km de largo por 1 a 3 km de ancho, enclavada a una altitud de entre 1100 y 1200 m y bordeada de suaves montañas. Observaremos también que el arbolado – pinos y carrascas - ha sido arrinconado a las vertientes, ya que desde antiguo es aprovechada para el cultivo de cereales y el pastoreo.

Poljé de Vistabella desde Penyagolosa (sur)
         El botánico ilustrado Antonio J. Cavanilles, también se sorprendió cuando la visitó hace más de 200 años, según nos relata en su tratado:

" Despues de haber trepado tantos montes, quando solamente se esperan picos, precipicios y peñas, se presenta en aquella elevacion una llanura de dos horas de largo, y casi la mitad de ancho, compuesta de marga arenisca, y cercada de cerros y montañas. El rio Monleon, que en la ermita de la Estrella separa los reynos de Aragon y Valencia, corre á bastante profundidad por la parte oriental de la llanura, y por la occidental baxa el barranco de San Juan de Peñagolosa, cuyo cauce está sembrado de cantos rodados de mármol pardo mezclados con otros areniscos. Por estos cauces sale una pequeña parte de las aguas que de los montes baxan á la llanura, quedando sin salida aparente las restantes. Parece que la multitud de las que allí se reunen en tiempos de lluvias debieran anegar el pais , reduciéndole á una dilatada laguna; y así sucederia si la naturaleza próvida no hubiera preparado en las entrañas de los montes anchos canales, capaces de recibir las aguas. Las de la llanura entran por las bocas superiores ó sumideros, de algun modo ocultos entre peñas y tierra; siguen mas de media legua por lo interior del monte, y últimamente salen al rio Monleon por los ojos de que hemos hablado. De este modo queda la llanura en pocas horas libre de las aguas, y capaz de cultivo, que se reduce á granos. Ni árboles frutales, ni viñas pueden subsistir por el mucho frio que allí reyna , y que atestiguan los freqüentes erizos que crecen en lo inculto.”

El Pla y el Tossal de l' Alforí
         El Pla de Vistabella, está catalogado como Lugar de Interés Geológico (LIG) de la Cordillera Ibérica por su valor geomorfológico, pues se trata de una formación geológica singular de origen cárstico que se denomina poljé. Éstas son depresiones endorreicas, alargadas y de fondo plano que surgen en terrenos con predominio de roca calcárea, como consecuencia de fenómenos tectónicos y de disolución. El fondo está cubierto por una capa de tierra normalmente rojiza (terra rossa) procedente de la erosión química del aluvión y del lavado de las pendientes que limitan el poljé. Usualmente, el llano está surcado por un río que drena las aguas superficiales a través de un sumidero, como ocurre en el poljé de Vistabella con la Rambla del Pla y el desaguador del l'Engolidor del Quinyó.
Penyagolosa desde el Pla
         El Pla, desde el punto de vista geológico, se encuentra en un área tabular fuertemente fracturada, entre el abombamiento de la Sierra de Gúdar y las fosas prelitorales del Maestrazgo oriental, con las que comparte la orientación NNE. Los materiales rocosos que afloran son fundamentalmente del Cretácico inferior y en menor medida del Jurásico y Cretácico superior. Sobre todo calizas con intercalaciones de margas y dolomías y también, aunque menos, de areniscas y arcillas. Mientras que el fondo del llano se corresponde con arcillas cuaternarias.
        El poljé de Vistabella formaba parte de un conjunto de depresiones cársticas que se extendían entre Mosqueruela, Vilafranca, Benafigos y Vistabella, de las que perduran el poljé de Mosqueruela -en la cabecera del río Majo-, la uvala de Benafigos y otros retazos de poljés, capturados por la red fluvial del río Montlleó y el Arroyo Majo.
        Los límites más destacados del Pla son: al Sur, Penyagolosa (1.813 m), de cuyas vertientes recoge las aguas de escorrentía y de fusión, y al Oeste y Norte el cañón del río Montlleó, que lo rodea en su mayor parte, a una profundidad que oscila entre los 300 y 400 m.
Cultivos en el Pla de Vstabella
     La formación del poljé de Vistabella comienza a finales del Plioceno, hace unos 2 millones de años,cuando en una etapa distensiva se generó una semifosa tectónica limitada en su parte oriental por una falla de gravedad. Esta depresión se fue rellenando de sedimentos aluviales bajo los cuales se produjo, en épocas cálidas y húmedas, la corrosión de la roca caliza que originó el aplanamiento por disolución del fondo del poljé. Los geólogos han identificado dos niveles de aplanamiento lo que indicaría que en un principio el poljé tenía una mayor extensión pero, en etapas de clima seco como el actual, se fue reduciendo y encajando la red fluvial. Allí donde aflora la roca caliza se distingue la erosión por corrosión, formando verdaderos campos de lapiaz en algunos lugares como podemos observar en los alrededores del Mas del Tossal.
Penyagolosa desde el Pla
        La Rambla del Pla se encarga de conducir las aguas superficiales. Esta tiene su origen en la Rambla de Sant Joan que recoge por el Sur las aportaciones del macizo de Penyagolosa a través de los barrancos de la Teixera, la Pegunta y l' Avellanar, y por el Este recibe pequeños torrentes como el Barranc del Jauguet del Marinet y el Barranc de la Cova del Tossal de l'Albagés. En la parte suroccidental, está la Rambleta del Mançanar y el Barranc del Mas de Gual, que pierden sus aguas por infiltración antes de conectar con la Rambla del Pla.
l'Engolidor del Quinyó
      La rambla no tiene salida al río Montlleó, que sería su aliviadero natural, ya que desagua en los sumideros de l'Engolidor del Quinyó. Estos se encuentran en el fondo de un par de dolinas a 1099 m de altitud, y unos 700 m del borde septentrional del llano. El más visible está protegido por un muro de piedra seca y, cuando está libre de restos, se puede ver el estrecho orificio por donde desaparece el agua, el cual se ha formado en la intersección de unas diaclasas con los planos de estratificación.
         Los lechos fluviales del Pla permanecen secos casi todo el año y sólo aportan caudal en temporadas de lluvias o nevadas prolongadas. El resto del tiempo, la escasa escorrentía se infiltra por las abundantes fracturas del terreno y las capas de grava. Sin embargo, en épocas de gran pluviometría, se puede llegar a formar una laguna temporal en la Bassa del Quinyó, al no poder absorber el sumidero todo el caudal que transporta la rambla, tal como nos cuenta Cavanilles. Se ha podido comprobar que las aguas que se sumergen en este lugar aparecen en el río Montlleó, a unos 3 km de distancia en la cota 730 m. por varias surgencias o ullals como el de la Servera, el de Baix y el de la Roca, todas cercanas a la Caseta de Làssaro y el Barranc de l'Avellanar.
Caseta de puedra seca en el Pla
     El paisaje del Pla de Vistabella está plenamente humanizado. Toda la tierra fértil disponible está parcelada en cientos de sembrados, que aquí se conocen como quadrons, bancals o sorts, separados por ribazos. En ellos se ha cultivado tradicionalmente trigo y cebada – a finales del s. XVIII A.J. Cavanilles informaba de una producción de 30 cahices de trigo y 350 de cebada -, aunque en la actualidad, en los campos que se trabaja predomina la cebada y la patata. Junto a estos abundan las construcciones en piedra seca, como pozos, casetas de pastor y muros de piedra para proteger las parcelas o limitar los azagadores. Varios son los que lo atraviesan destacando el Assagador del Bovalar, el Pas Reial de Mosqueruela, el Pas de la Font de l'Espino o el Assagador de la Bassa Seca. Los mases se sitúan en las laderas de la montañas que rodean el llano. Durante la Guerra Civil Española se construyó un edificio que posteriormente fue utilizado como escuela - la Escola del Camp – y refugios antiaéreos, ya que había una pequeña pista de aterrizaje que ahora es utilizada por los servicios de prevención de incendios.

Bibliografía.

Cavanilles, Antonio Josef . Observaciones sobre la historia natural, geografia, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia. 1795
Fuster, Pau. Vistabella del Maestrat. Mapa 1:25.000.el Tossal cartografies. 2010
Gutierrez, M; Peña, J.L. ; Simón, J.L. El polje de Vistabella del Maestrazgo. Reunión Monográfica sobre el Karst Larra 1982. p. 95-104

sábado, 18 de enero de 2014

Pla de Vistabella - La Estrella

Resumen.

      Desde el Pla de Vistabella, descendemos al río Montlleó para recorrer un tramo de su cañón pasando por el molino y surgencia de Los Ojales y el Santuario de la Virgen de la Estrella (Mosqueruela). Después regresamos al Pla y visitamos el sumidero de L'Engolidor, donde se ocultan las aguas que transporta la Rambla del Pla procedentes de Penyagolosa.

Santuario de la Estrella (Mosqueruela) junto al río Montlleó

Distancia aproximada: 12,6 km
Desnivel acumulado: 556 m

Enlace al track de la excursión




Descripción del recorrido.

Bancales en el cañón del río Montlleó
          Comenzamos la excursión a 1103 m de altitud en el km 6 de la CV-1720, carretera asfaltada que recorre el Pla de Vistabella, de sur a norte, partiendo del cruce de la CV-170 con la pista a Sant Joan de Penyagolosa, cerca de L'Alforí. Caminamos hacia el norte y pronto finaliza el asfalto continuando por una pista de tierra en buen estado. Dejamos a la izquierda el Mas de Padilla, rodeado de bancales que se precipitan por la cabecera del Barranc del Catxerulo. 
          El terreno está formado por margas y calizas margosas beiges y grises. Descendemos cómodamente al río Montlleó por la pista, mientras nos vamos adentrando en un bosque de pinos laricios, carrascas, quejigos, sabinas negrales y enebros, que cada vez es más denso según nos deslizamos por la umbría. El sotobosque está plagado de romeros, aliagas, tomillos y herbáceas.
Penyablanca y lecho seco del río Montlleó
          Tras pasar junto a las ruinas del Mas del Catxerulo, el camino inicia una serie de zigzag para perder altura más rápidamente. Ya vemos al nordeste el profundo cañón del río Montlleó con los farallones rojizos de la Serra Negra y el Picaio (1304 m) de Vilafranca.
          Las vaguadas y buena parte de la vertiente por la que andamos, han sido abancaladas aunque en la actualidad los pinos lo invaden todo. En la cota 950 m dejamos a la derecha una pista que va L'Alfarder, y poco más abajo desechamos otra pista, ahora a la izquierda, que va a la Ombría del Bovalar, frente al Santuario de La Estrella. Seguimos descendiendo y en la cota 815 m cerca de una carrasca monumental, abandonamos la pista que se dirige al Mas de Làssaro, para tomar por la izquierda un camino peor conservado que se precipita hacia el Montlleó por el Mas de Penyablanca. Alrededor del mas encontramos, junto a sabinas y carrascas, abundante boj que nos acompañará el resto del trayecto por el río.
Río Montlleó
          Alcanzamos el Montlleó en la cota más baja de la excursión (755 m). Ahora recorremos unos 600 m río arriba, intercalando el camino con el cauce rocoso. Este tramo puede estar inundado una parte del año, después de los períodos de lluvia, debido al abundante caudal del manantial de Los Ojales adonde nos dirigimos. Según la afluencia de agua conviene llevar calzado para vadear la torrentera, ya que podemos llegar a cruzarlo hasta en seis ocasiones.
          Aquí el lecho del río, flanqueado por altos chopos, está formado por bloques redondeados de caliza blanca, aunque a veces aflora la roca calcárea, cubiertos generalmente de musgo seco, testimonio de inundaciones recientes. Es fácil distinguir la Penyablanca, una pared de ese color de más 100 m de grosor que corta un meandro del río y que corresponde a estratos de caliza compacta del Cretácico Superior.
          Si observamos las paredes que modelan el cañón del Montlleó, tanto en las calizas grises como en las dolomías rojizas, podemos apreciar formas de origen cárstico como conductos de agua relictos y antiguas formaciones espeleológicas, como coladas o estalactitas. Estas se originaron en cavidades subterráneas por donde circulaba antiguamente el caudal basal del río, y han aflorado como consecuencia del hundimiento continuado de la red de cavernas, creando la profunda garganta que hoy vemos.
Molino de Los Ojales
        La desfigurada pista finaliza en el Molino de Los Ojales, rodeado de viejos álamos negros, justo cuando se incorpora por nuestra derecha el Barranc del Frares. Este barranco forma parte de la frontera entre Aragón y el País Valenciano definida a principios del s. XIV , al Este Vilafranca, y al Oeste Mosqueruela. Desde este punto hacia el suroeste continúa por el río Montlleó hasta el Barranc del Molló, cerca del Molí de Lluna. Al norte de esta línea imaginaría se encuentra el término de Mosqueruela (Aragón), al que pertenecen Los Ojales y la aldea de La Estrella, y al sur el de Vistabella del Maestrat.
          El molino está totalmente perdido, aunque se mantiene parte de la acequia que canalizaba el agua del manantial hasta la balsa y el cubo por donde se precipitaba el agua para mover la maquinaria. Sí se conserva lo que suponemos sería la vivienda del molinero.
         Continuamos hacia el Oeste buscando una senda que transita por la derecha de la acequia, entre matas de boj y un muro de piedra seca que soporta un bancal. Pasamos por encima de la surgencia de Los Ojales, la más importante del río ya que normalmente permanece activa durante largos períodos del año. Comenzamos a ascender por la ladera de la solana para salvar dos meandros entre carrascas y pinos jóvenes acompañados de boj, romero, aliagas, espliego, sabinas y enebros.
Fuente de La Estrella
          Tras el segundo meandro divisamos La Estrella e iniciamos el descenso serpenteando entre los muros de piedra seca que sustentan estrechos bancales abandonados. A escasos metros del cauce del río, la senda llanea hasta llegar a las casas de la aldea despoblada.
          Entramos en la plaza Mayor por un pasillo entre la antigua hospedería de la Casa Vieja y el Santuario de la Virgen de la Estrella. En el centro de la recoleta plaza empedrada hay una vieja morera que acoge a numerosos gatos alimentados por Sinforosa y Martín, la familia que habita y mantiene el lugar. Si tenéis la suerte de encontraros con ellos, seguro que comparten con vosotros jugosas historias de la localidad y además, muy amablemente, os podrán enseñar el interior de la iglesia. En este enlace podréis encontrar abundante información sobre La Estrella.
        Nos dirigimos hacia el Este junto al pretil del río hasta el lavadero y la fuente donde podremos abastecernos de agua. A continuación cruzamos el río por un puente en dirección sur. En la otra orilla tomamos una vereda, a tramos empedrada, que remonta la umbría flanqueada por muros de piedra seca. Al principio nos encontramos con un afloramiento de arenas blancas de la facies de Utrillas del Cretácico Inferior, conocido como El Arenal, que al erosionarse han formado balmas bajo un estrato de duros conglomerados.
Piedra seca en el Pla de Vistabella
          Según subimos, el bosque se espesa y la senda se estrecha mientras serpentea entre los altos pinos laricios y un manto de herbáceas y gramíneas. Llegamos a la pista de la Ombría del Bovalar que tomamos hacia a derecha (Oeste) bordeando la ladera para introducirnos en el Barranc del Cirer. La pista está cementada en el tramo de mayor pendiente. En el umbrío barranco surgen grupos de arces entre los abundantes pinos laricios muchos de ellos cubiertos de hiedra. Nos aproximamos al llano y aparecen los bancales invadidos por pinos jóvenes, carrascas y enebros.
          En la Pla clarea la vegetación y se extienden los campos de cultivo. Surgen mases a nuestro alrededor cuando ya vemos al sur la silueta de Penyagolosa. La pista transita ahora por un ancho azagador bordeado por muros de piedra seca que delimitan campos y cercados. Después de pasar el Mas de Batiste, dejamos la pista que se dirige a Vistabella y tomamos otra a la izquierda, menos clara, que se encamina a los campos labrados. Al llegar a ellos encontramos una caseta de piedra seca y un muro que seguimos hasta acabar en un ribazo que separa dos campos contiguos.
Sumidero de L'Engolidor
      Caminando sobre él, hacia unos chopos aislados, hallaremos l'Engolidor, un sumidero por donde desagua la Rambla del Pla cuando lleva agua.
         El Pla de Vistabella es una cuenca endorreica donde las aguas superficiales, fruto de las lluvias y el deshielo, se canalizan por la red fluvial de la Rambla del Pla y, en lugar de desembocar en un río, se introducen en el subsuelo por este desaguadero. Se ha comprobado que estas aguas vuelven a brotar en Els Ullals, unas surgencias que se encuentran junto al Mas de Làssaro en el mismo lecho del río Montlleó, a unos 3 km de distancia y 350 m de desnivel.
        Para regresar a la carretera CV-1720, donde hemos comenzado la excursión, seguimos la rambla aguas arriba y en una curva la abandonamos para tomar otro ribazo que nos conduce a la carretera asfaltada.