Geografía

La historia geológica.

Vertiente sur de Penyagolosa

El marco estructural del sistema ibérico, se ajusta claramente a la evolución típica de una cordillera alpina. Sobre una potente cobertera mesozoica se fueron sucediendo movimientos de comprensión y distensión que acabaron compartimentando el relieve.
El área que estamos tratando se sitúa en una de estas partes diferenciadas denominada sector subtabular, caracterizada por ser una amplia meseta calcárea con ondulaciones anticlinales de gran radio y fracturas generalmente normales, lo cual está visiblemente representado por una serie de muelas y altiplanos en las que se encajan barrancos y ríos como el Montlleó.
Su historia sedimentaria comienza hace más de 200 millones de años, en la era secundaria, sobre el rígido zócalo paleozoico. A lo largo del mesozoico, se produce un prolongado ciclo sedimentario marino con sucesivas trasgresiones-regresiones, que traen consigo la alternancia de los estratos calcáreos depositados en fondos marinos y las capas de margas, areniscas y arcillas que lo hicieron en un medio continental. El fondo del mar estuvo habitado por una rica fauna en la que predominaban los moluscos gasterópodos (Natica sp) y pelecípodos (lamilibranquios) (Pecten sp., Ostrea sp., Exogyra sp.), muestra de esto son los abundantes fósiles de este tipo que nos podemos encontrar en todo el territorio.
Roca del Senallo. Sobre el río Montlleó
Al finalizar el Cretácico, hace unos 70 millones de años, se origina la emersión definitiva de toda el área, hecho éste relacionado con la Orogenia Alpina. En el Mediterráneo, el acercamiento de la placa africana a la europea fue el responsable de que las capas depositadas en el Mar de Tetis fueran plegadas y fracturadas, elevándose formando cadenas montañosas.
El sector donde nos encontramos, no se vio afectado con tanta intensidad debido a que estaba ubicado en la zona más abierta a la cuenca sedimentaria y en ella el espesor de materiales acumulados era mayor que en los márgenes. De ahí que, ante una misma comprensión, toda la masa de estratos fuera empujada hacia el norte, pero sólo sufriera una deformación importante allí donde era más delgada y por tanto más moldeable.
Con posterioridad, hacia la mitad del período Mioceno, alrededor de 15 millones de años atrás, tiene lugar un proceso distensivo, de estiramiento de la corteza terrestre, que fracturará la superficie dando lugar a nuevos accidentes del relieve.
Sin embargo, un nuevo proceso erosivo arrasará gran parte de la Península Ibérica hasta mediados del Plioceno, hace unos 5 millones de años, dando como resultado una extensa llanura, la penillanura fundamental, con algunos montes-isla preservados. Un ejemplar de este relieve residual es el pico de Penyagolosa, montaña que ya existía durante el Mioceno, cuyos potentes estratos calizos resistieron la erosión a lo largo de 10 millones de años.
Entre la mitad del Plioceno y el comienzo del Cuaternario, ocurrió una nueva etapa distensiva decisiva para la configuración del relieve actual, ya que dará lugar a grandes accidentes orográficos como el abombamiento de Gúdar, que elevará la penillanura hasta los dos mil metros, y el conjunto de fallas en graderío que compartimentarán el terreno en su descenso hacia el mar.
Finalmente, durante la morfogénesis cuaternaria, esto es, a lo largo de los últimos 600.000 de años, con sus procesos de erosión y sedimentación se acaba determinando el relieve que vemos hoy. Así, como consecuencia de la anterior elevación general del territorio, se originará un dilatado proceso de encajamiento de la red fluvial, dando lugar a los valles y montes actuales. Sin embargo, este proceso tuvo varias fases debido a la alternancia de períodos climáticos del Cuaternario. A las frías glaciaciones le sucedían templadas etapas interglaciares, lo que afectaba a la agresividad de los agentes erosivos, de manera que a épocas de ahondamiento del fondo de los ríos, le seguían otras de acumulación de sedimentos y predominio del desarrollo de glacis.
El resultado de esta historia geológica es el montañoso paisaje actual, por momentos escarpado y abrupto, donde predominan las superficies planas o suavemente inclinadas, incididas profundamente por una red fluvial como el cañón del río Montlleó que en algunos tramos, como ocurre entre Benafigos y Culla, alcanza un desnivel superior a los 500 m.

Los fenómenos cársticos.
El Pla de Vistabella (poljé)
El área que comprende la cuenca del río Montlleó forma parte del gran sinclinal del Penyagolosa, de orientación ibérica, compartimentada por los esfuerzos distensivos posteriores y afectada por importantes procesos de disolución. Ciertamente, el fuerte predominio de la roca calcárea sometida a una intensa fracturación y con niveles intercalados de arenas, margas y arcillas, con una menor permeabilidad, han favorecido considerablemente la disolución cárstica.
Buena parte de los cursos fluviales de este sector drenan lo que parecen haber sido antiguas depresiones con funcionamiento cárstico, ya que conservan, además del lecho actual, varias superficies de aplanamiento por disolución a distintas alturas. Además, existen tramos de poljes funcionales y vestigios de formas cársticas, tales como hums, lapiaces, simas o dolinas.
Sumidero de la uvala de Benafigos
En una amplia zona, entre Mosqueruela y Benafigos, pueden reconocerse, una serie de depresiones cársticas que constituirían un antiguo sistema de poljes que, en ciertos momentos de su evolución, pudieron estar comunicados algunos de ellos entre sí, pero que luego se individualizaron. Citando los más destacados, se encontrarían algunas cuencas endorreicas actuales como los poljes de Los Castillejos, el Pla de Vistabella y la gran uvala de Benafigos, y poljes capturados por la red fluvial como el de Mosqueruela, el mismo valle del río Montlleó o el Arroyo Majo.
Todos ellos suelen tener forma alargada y una orientación concreta, generalmente NE-SO, adaptada a los accidentes tectónicos. Así, los poljes de Mosqueruela, Vistabella y del Montlleó se localizan sobre fosas (grabens) que hunden materiales calizos, mientras que en las vertientes elevadas de los márgenes (horst) afloran arenas y arcillas coronadas por calizas, que actúan como almacén de agua y dan lugar a numerosos manantiales.
Polje de Los Castillejos (Puertomingalvo)
Este es uno de los factores que ha favorecido la formación de los poljes al suministrar, las aguas superficiales, los materiales que son arrastrados hasta el fondo de la depresión, acelerando la corrosión gracias a la retención del agua. Un ejemplo lo encontramos en el poljé funcional de Los Castillejos, localizado en el extremo meridional del de Mosqueruela, junto a la ermita de San Bernabé.
Por otro lado, el cañón del río Montlleó representa un karst en un estado de madurez muy avanzado, cercano a la senilidad. Si consideramos las fases evolutivas de carstificación por las que pasa una masa caliza, durante la etapa juvenil, habría un dominio de la circulación superficial y la aparición de lapiaces y dolinas, con la madurez surgen las uvalas y los poljes, predominando la circulación hipogea, y por último, con la senilidad se generan los cañones y se regresa a la circulación epigea.
El cañón muestra, en sus escarpadas paredes, numerosos testimonios de espeleogénesis, es decir, de procesos que generaron cavidades cársticas, hoy parcialmente al descubierto o desaparecidas. Se pueden observar conductos hipogeos relictos, o bóvedas en parte devastadas con concreciones calizas parietales como columnas y coladas, así como otros fenómenos cársticos como valles colgados respecto del lecho actual, además de profundas dolinas capturadas por la red fluvial.


El clima.

El área que tratamos tiene un clima mediterráneo, pero aquí se encuentra matizado por la elevada altitud que le proporciona mayores precipitaciones y temperaturas más bajas, acercándolo al clima continental. Por otro lado, a pesar de la cercanía al mar (entre 30 y 60 Km.), éste no representa un factor condicionador debido a que existen alineaciones montañosas paralelas entre la costa y las tierras altas que dificultan que actúe como regulador térmico.
Penyagolosa en invierno
Las características climáticas de la cuenca, pueden ser evaluadas a partir de los datos que suministran tres observatorios metereológicos, localizados en los tres niveles que podemos dividirla. Así tenemos, el observatorio de Sant Joan de Penyagolosa (1400 m.) en la cabecera del río, Benassal (830 m.) en el curso medio y Atzeneta (400 m.) en la desembocadura. Sin embargo, la mayor parte de la cuenca se encuentra por encima de los 800 m. de altitud, lo que hace más representativas las dos primeras estaciones meteorológicas.

Las precipitaciones.
Por su situación, esta zona se beneficia de diversos tipos de precipitaciones. Las debidas a los frentes atlánticos, con vientos de componente oeste, las provocadas por temporales de levante y, por último, las generadas por inestabilidad convectiva, gracias a su accidentada orografía.
La primera característica a destacar es su irregularidad y variabilidad, reflejo del ámbito mediterráneo donde nos encontramos. Por ello no hay que dar excesivo valor a las medias pluviométricas de los observatorios.
Las mediciones tomadas arrojan los siguientes medias anuales (mm):
Observatorio Media
Atzeneta 668
Benassal 693
Sant Joan 809

Sin embargo, estos datos enmascaran grandes contrastes anuales, así por ejemplo el observatorio de Atzeneta en un ciclo constante de 25 años se observan precipitaciones anuales inferiores a 400 mm. junto a otros superiores a 1200 mm.
En cuanto al ritmo anual se repiten los fuertes contrastes entre los meses. En general obedece al tipo mediterráneo con veranos secos, seguidos de otoños lluviosos y a continuación dos estaciones de transición. En las tierras altas el invierno suele ser la estación más seca, ya que en verano las frecuentes tormentas hacen que prácticamente no exista sequía, manteniendo el suelo húmedo todo el año. Sin embargo, en las tierras bajas la mayor sequía se da en verano. La primavera es húmeda pero sin alcanzar el máximo otoñal. En las tierras altas, como Vistabella, Sant Joan, Puertomingalvo o Mosqueruela, la nieve es un fenómeno fácil de observar, especialmente durante el invierno, pero también a finales de otoño y al comienzo de la primavera, entre Noviembre y Abril.
Mención aparte merecen las precipitaciones extraordinarias caídas en uno o varios días, durante els temporals de llevant, de gran importancia en el comportamiento hidrológico y el modelado del paisaje.
Los siguientes datos muestran como fácilmente pueden suponer más del 30 % de las precipitaciones anuales.

Lluvias caídas (mm), durante un temporal, con sus periodos de retorno:


Observatorio
5 años
15 años
25 años
Atzeneta
217,6
309,2
350,0
Benassal
189,3
268,5
304,0
Sant Joan
245,5
344,1
388,2


Las
temperaturas.

Las temperaturas medias anuales oscilan entre los 15º de Atzeneta y los 9º de Sant Joan de Penyagolosa, pasando por los 13,3º de Benassal. Esto representa un gradiente térmico aproximado de 1º por cada 165 m. de desnivel.
Durante el verano las medias se hallan entre los 23,5º de Atzeneta y los 17,3º de Sant Joan, y en invierno bajan a 7º en el primer observatorio y a 2º en el segundo.
Las temperaturas mínimas registradas en invierno oscilan entre los –19º de Sant Joan (12/02/1956) y los –10º de Atzeneta, pasando por los –15º de Benassal.
En verano, los meses de julio y agosto son cálidos, secos y luminosos, superando incluso los 40º en casos extremos. De octubre a noviembre se produce un rápido enfriamiento, para alcanzar el riguroso y frío invierno en enero. A partir de Abril y Mayo se produce un aumento brusco de la temperatura.


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