sábado, 23 de noviembre de 2013

El comercio de la nieve

Nevada en Penyagolosa

          Desde muy antiguo, la nieve ha tenido utilidad para las personas. Se ha usado para la conservación de alimentos, para enfriar las bebidas y producir helados, y también con fines medicinales como anestesia, para bajar las fiebres y cortar hemorragias.
Pic de Penyagolosa
          Se sabe que ya se utilizaba hace 4000 años, en el Antiguo Egipto y Mesopotamia. También hay constancia escrita de su almacenamiento en China desde el s. XI aC. y en la Grecia Antigua, en el s. V aC. , se comerciaba con ella y era utilizada en las prácticas médicas. En tiempos de Roma se usaba para refrescar las bebidas y los alimentos, y también para tomar baños fríos. En la Edad Media hispánica se empleaba tanto por musulmanes como cristianos, aunque no se generalizó su uso hasta el s. XVI.
         Desde entonces hasta principios del s. XX el abastecimiento de nieve era considerado como un servicio público imprescindible en las ciudades, justificándolo sobre todo por la salubridad pública, para prevenir o curar enfermedades. Por otra parte, entre las clases altas (nobleza y clero) se extendió la moda de hielo, como un elemento refinado de distinción que poco a poco fue popularizándose entre la burguesía y resto de la población. Todo ello generó un destacado comercio entre los lugares donde se obtenía y se almacenaba, en las zonas de montaña, hasta las poblaciones donde se consumía, generalmente en la costa.
Mas de la Cambreta
           Entre finales del s.XVI y la segunda mitad del s. XIX, el hemisferio norte sufrió una pequeña edad de hielo, con un descenso notable de las temperaturas y periodos de precipitaciones abundantes, que en invierno eran de nieve incluso en cotas bajas. En esa época se construyeron en el territorio valenciano depósitos de nieve a escasa altitud, como en la Vall d'Albaida por debajo de los 400 m. o en Santa María de la Murta (Alzira) a apenas 100 m. de altura. En Castelló, Les Useres y Albocasser se encuentran en la cota 550 m. A finales del s. XIX, el clima comienza a templarse, al tiempo que se desarrolla la industria de fabricación de hielo artificial, lo que acabará con el comercio tradicional de la nieve.
Nevera de Penyagolosa (cubierta)
           Para almacenar la nieve en los lugares de recogida se realizaron dos tipos de construcciones:
La nevera, cava o pou de neu, es un pozo excavado, habitualmente de planta circular, revestido de muro de piedra y cubierto generalmente con obra. En la parte superior se habilitaban una o varias entradas para acceder al pozo mediante poleas.
El ventisquero o gelera, es un construcción rudimentaria también en piedra, de poca profundidad y sin techo de obra, generalmente situado a mayor altitud en zonas donde el viento favorecía la acumulación de la nieve.

Nevera de Penyagolosa (interior)
En la zona de Penyagolosa se conocen varias neveras:
  • Nevera de Atzeneta (1141 m), situada cerca del Mas de la Nevera. Sólo queda parte del muro del pozo circular.
  • Nevera de Vistabella (1200 m). Estaba cerca da la población, pero ahora ha desaparecido por completo.
  • Nevera del Mas de Sanahuja (1490 m), de planta cuadrada.
  • Nevera de Penyagolosa o del Comte (1510 m). Fue construida hacia 1602 y pertenecía al Conde de Aranda, señor de la Tenença de L'Alcalaten. Está situada cerca del mas de la Cambreta, y es la mejor conservada de la zona. Posee planta cuadrada con 6,70 m de lado en su interior, y de los 7-8 m de profundidad originales, ahora sólo son visibles 3 m. quedando el resto bajo los sedimentos. Está fabricada en mampostería con piedra calcoarenisca autóctona y mantiene la bóveda de medio cañón, sustentada por dos arcos cruceros. En la bóveda se abren dos orificios y en un lateral una puerta para acceder a su interior.
  • Nevera de Puertomingalvo (1440 m). Se encuentra a escasos metros de la villa, cerca de la Fuente de la Umbría. Probablemente su origen es de principios del s. XVIII. Se conserva el pozo excavado de planta circular, ahora colmatado de sedimentos, y parte del muro de la bóveda.
    Además existían múltiples ventisqueros donde se acumulaba la nieve:
  • En Xodos, el ventisquero del Recuenco y los de Fraga.
  • En Vistabella, el de Tossal de les Nevades, los del Mas de la Cova, el del Barranc del Forn, el del Barranc de la Pegunta, y el del Mas Roig.
  • En El Castell de Vilamalefa, el ventisquero de la Lloma Saltadora y el del Mas del Forrater.
Nevera de Atzeneta
          También se daban en la parte aragonesa del macizo, como en Mosqueruela (la Penilla y la Ballestera), Linares de Mora y Castelvispal.
          Cuando las nevadas generaban grosores superiores a un palmo de nieve, ésta se recogía con palas de los alrededores de las neveras y ventisqueros, hasta una distancia inferior a los 500 pasos, y se trasladaba a los depósitos en capazos, al hombro y en mulas. Previamente estas zonas habian sido limpiadas de vegetación y piedras para facilitar la extracción. En las neveras se almacenaba en capas de alrededor de un metro de grosor separadas por paja y se apisonaba. Cuando se llenaba el receptáculo se cubría con paja y vegetación y se sellaban las puertas para conservar la nieve. En los ventisqueros, sólo se almacenaba y se cubría con vegetación. En estas tareas trabajaban la gente del pueblo y de las masías a jornal.
          En verano, cuando era requerido el hielo por las ciudades, se extraía en bloques de unos 60 kg y se cargaban en caballerías durante la tarde, para realizar el traslado nocturno y evitar diezmar en exceso la valiosa carga. Desde Penyagolosa, se transportaba la mercancía hasta Castelló de la Plana por el Camí dels Nevaters que transcurría por el Corralico, la Banyadera, les Costes del Baró, el mas del Forrater, el mas de Montoliu, la Lloma Saltadora, el mas de la Costa y Llucena.
Nevera de Puertomingalvo
      Penyagolosa era el proveedor principal de la ciudad de Castelló de la Plana. Existe numerosa documentación de su concejo municipal, entre los s. XVI y XIX, sobre la contratación del suministro, los precios, las tasas y la regulación del comercio. Normalmente, cuando no nevaba lo suficiente en esta zona, se estipulaba que la nieve debía traerse de los ventisqueros de Aragón, concretamente del Prado de las Vacas (Valdelinares), Mosqueruela, Linares de Mora, Castelvispal y Puertomingalvo. También en algunos casos se suministraba de la Serra d'Espadà.

Bibliografía:

Boira i Muñoz, Pascual. El comerç de la neu a Castelló de la Plana. Editorial Antinea. 2008

domingo, 22 de septiembre de 2013

La conquista cristiana

Castell del Boi (Vistabella). Al fondo el cañón del río Montlleó

          A mediados del s. XII se produce en al-Andalus la caída del régimen almorávide motivada por la invasión de los almohades desde el norte de África. Estos últimos permanecerán en el poder en el Este peninsular, el Sarq al-Andalus, hasta el primer tercio del s.XIII, cuando las tropas catalano-aragonesas dirigidas por el rey Jaume I iniciarán la conquista de las tierras valencianas.
        El período almohade supuso un florecimiento cultural gracias al liberalismo y el sincretismo de la doctrina religiosa oficial. Sin embargo, en lo político continuó el desapego de la población por unos gobernantes impopulares que eran incapaces de frenar la invasión cristiana.
        Cuando en 1224 muere el califa Yusuf II, surge el enfrentamiento entre varios pretendientes, iniciándose una etapa de confusión e inestabilidad que llevará a la desintegración del dominio almohade. El último príncipe que gobernó la taifa de Valencia fue Abu Zayd, que entre 1225 y 1228 se mantuvo en el poder pactando con los reyes de Castilla y de Aragón. En 1229 es destronado por Zayyan, gobernante de Onda, quien a su vez se encontrará aislado entre fuerzas enemigas.
Culla
           Con la desaparición del poder almohade se produjo un éxodo de parte de la población que se sentía amenazada en su estatus social y económico. Se abandonan algunas tierras, núcleos de población, y fortificaciones, ya que, además, hubo un abandono militar que dejó parte del territorio sin defensa.
          El rey Jaume I d' Aragó, era consciente de la debilidad islámica valenciana y la aprovechó. Primero obteniendo en 1229 el vasallaje de Abu Zayd, quien pasó a depender de él con todas sus propiedades y las que conquistará en el futuro, y después adueñándose del país y fundando el reino de Valencia, dentro de la Corona de Aragón.
          En aquellos tiempos convulsos, el pragmatismo de musulmanes y cristianos evitará las batallas cruentas y reducirá al máximo los asedios, consiguiendo que los primeros permanezcan mayoritariamente en el territorio conservando sus costumbres, y los segundos obtengan una rápida conquista.
        La frontera cristiana en el Bajo Aragón se había establecido a partir de 1170, con la fundación y promoción de Teruel como centro organizador del cinturón defensivo levantado por Ramón Berenguer IV, y el movimiento colonizador que le acompañó. El castillo de Puertomingalvo, que formaba parte de esa frontera, fue conquistado hacia 1181 y entregado, en primer término, a la Orden del Temple, siendo traspasado en 1202, junto con Linares, al obispado de Zaragoza. Por el norte el control cristiano se extendía hasta el castillo de Benifassà i Rossell, del que se apoderó Pere II d' Aragó (padre de Jaume I) en 1208.
Castillo de Puertomingalvo
         Tras la conquista de las Baleares, a finales de 1231 se reúnen en Alcañiz el rey Jaume I, el noble aragonés Blasco de Alagón y el maestre de la Orden del Hospital Hugo de Focalquer, con el objetivo de planificar la conquista del territorio valenciano hasta el río Xúquer. El plan que se establece será atacar las ciudades en llano evitando los castillos de altura. Así la conquista se iniciará marchando sobre Borriana, desde Teruel, llevando las provisiones y armamento pesado por el mar. Al caer esta ciudad, los castillos situados al norte se entregarán, ya que dependían económicamente de ella. A continuación se trasladará el centro de operaciones a El Puig, desde donde se iniciará la conquista de la ciudad de Valencia y tras ella el resto de la taifa islámica.
         Y así ocurrió. Aunque las hostilidades militares se iniciaron en 1232 con la toma de Morella por Blasco de Alagón. En la primavera de 1233, las huestes cristianas con Jaume I al frente descienden por el valle del Palancia saqueando lo que encuentran a su paso, pero evitando Jérica. Mientras, los maestres del Temple y del Hospital atacan los alrededores de Sagunt. De esta manera Borriana queda aislada por el sur, siendo asediada entre junio y julio de 1233. Durante los siguientes meses, tras la caída de Borriana, se van rindiendo los castillos del norte: Alcalatén, Peñíscola, Cervera, Polpis, Coves de Vinromà, Castelló, Vilafamés y Borriol.
La Pobla del Bellestar (Vilafranca)
         El castillo musulmán (hisn) de Culla, que comprendía la mayor parte de la cuenca del río Montlleó (Culla, Vistabella, Benassal, Benafigos, Atzeneta, Vilafranca, Torre d' En Besora y Vilar de Canes)
es conquistado por las tropas de Jaume I en 1234 y cedido a Blasco de Alagón el año siguiente, en el tratado de Montalbán.
        Como consecuencia de estas rendiciones y conquistas, en toda la zona del norte de Castelló, se produce un vaciado progresivo de la población musulmana que migra hacia el sur. Excepcionalmente sobrevivió alguna pequeña comunidad andalusí, como la alquería de El Molinell en Culla, que perduró hasta los años sesenta del siglo XIV.
          Al fin de asegurar el dominio sobre las tierras conquistadas, se inicia un proceso lento de repoblación con la llegada de inmigrantes catalanes y aragoneses. En general, los colonos eran cristianos viejos, campesinos de baja condición, que recibían un lugar donde habitar y el terreno suficiente para mantenerse en régimen de enfiteusis, sistema muy extendido en la Edad Media que consistía en la cesión casi a perpetuidad de una propiedad por un pago anual. A veces las donaciones se correspondían con antiguas propiedades de los musulmanes expulsados, pero otras eran nuevas tierras sin roturar, que había que preparar para el cultivo arrancándoselas al bosque o la montaña.
          La repoblación se prolongó entre los siglos XIII y XV con etapas de diferente intensidad. Además, la población se iba redistribuyendo según avanzaba hacia el sur el sometimiento de nuevos territorios.
Los señores feudales, laicos y eclesiásticos, que habían recibido las tierras ocupadas, otorgaron cartas de población a los nuevos habitantes.
El Callís (Xodos)
        Las cartas puebla eran contratos entre el señor y los nuevos pobladores donde se recogían los derechos y deberes de ambos, regulando las condiciones de habitación y tenencia de las tierras. Además de delimitar el territorio que se pretendía entregar, se establecían otras disposiciones de carácter político, religioso, económico, fiscal, militar y administrativo.
           De los actuales municipios del Alt Maestrat que formaron parte del hisn de Culla, Benassal recibió de Blasco de Alagón la carta de población el 3 de enero de 1239 , y Vilafranca o Riu de les Truites (cuyo emplazamiento fundacional fue La Pobla del Bellestar) el 7 de febrero del mismo año. El 23 de marzo de 1244, sus herederos, Guillem de Anglesola y su mujer Constanza, hija de Blasco de Alagón, conceden carta puebla a Culla para 60 repobladores. Unos años después, el 3 de abril de 1251, hacen lo propio con Vistabella para 200 pobladores. Y el 8 de enero de 1272 harán lo mismo con Atzeneta para 80 pobladores.
El Castell de Sant Joan (Atzeneta)
           Ximen d'Urrea, señor de L'Alcalaten, se la concede a Xodos el 17 de junio de 1254. El 9 de marzo de1243 Abu Zayd, entonces vasallo de Jaume I, otorga carta puebla a 140 cristianos para fundar Villahermosa en el término del castillo de Villamalefa.
          Algunas cartas puebla incluyen la adopción de las prácticas jurídicas de otro lugar. Casi todas las nombradas se otorgaron a fuero de Zaragoza, excepto Villahermosa del Río que lo fue al de Daroca.
En ocasiones se encarga a unos “repartidores” que gestionen la entrega dividiendo “bien y fielmente” el lugar entre los colonos, como ocurrió en Culla,Vistabella y Atzeneta.
           A Puertomingalvo se le concedió la carta puebla a fuero de Teruel, el 19 de noviembre de 1261 por parte de su señor Arnaldo de Peralta, obispo de Zaragoza. En el documento se garantizaba a los habitantes de la villa, sus casas y propiedades y se les cedía los derechos de pastos. El obispo y su cabildo se reservaban la elección del concejo, la administración de justicia y un tercio de las caloñas (multas por delitos). También retenían para sí una explotación agraria y el monopolio sobre el mercado, hornos y molinos. A su vez, en junio de 1265 el Concejo de Teruel funda la real villa de Mosqueruela por orden del rey Jaume I.











El río Montlleó

Río Montlleó. Penyacalba i Cingle Verd (Culla)


Entre las provincias de Castellón y Teruel, en la fachada mediterránea de la Cordillera Ibérica, el Riu Montlleó surca la vertiente norte del macizo de Penyagolosa.
Su cuenca fluvial forma parte de la red de drenaje de la Rambla de la Viuda, afluente por su izquierda del río Mijares el cual, procedente de la turolense Sierra de Gúdar, acaba desembocando en la Plana de Castelló, cerca de Almassora.
El hidrónimo valenciano Montlleó, también utilizado como topónimo de algunos lugares del valle, se convierte en Monleón al traducirlo al castellano y aparece con diferentes formas a lo largo de la historia. Así, en algunas cartas de población de 1239 es Montleon y en 1382 Monteleoni pasando a Monlleo en el Llibre del Herbatge (1597). Según el filólogo valenciano M. Sanchis Guarner, Montlleó es una voz árabe que significaría montaña de las fuentes, y estaría justificado por los muchos manantiales que hay en su lecho, aunque existen otras teorías que sugieren un origen diferente.
Río Montlleó (Vistabella) 
La cuenca hidrográfica del río Montlleó posee una extensión de 656,7 km2, ocupando parte de los términos municipales de Mosqueruela y Puertomingalvo en la provincia aragonesa de Teruel, y Vilafranca del Maestrat, Benassal, Culla, Benafigos, Atzeneta del Maestrat, Vistabella y Xodos, en las comarcas castellonenses de L’Alcalatén y L’Alt Maestrat.
Se puede considerar que nace cerca de la Ermita de San Bernabé, en el termino de Puertomingalvo, al recoger las aguas del collado del mismo nombre a 1450 m. de altitud, aunque este tramo se encuentra habitualmente seco y no es hasta la Fuente de la Penilla donde el agua comienza a circular, aunque casi siempre de forma intermitente, debido a su escasez y, sobre todo, a la porosidad del terreno.
En su origen se le denomina Rambla del Puerto, y mantiene este hidrónimo hasta la confluencia con el Barranco del Portillo, poco después de entrar en territorio valenciano, donde se le conoce ya como río Montlleó. En su recorrido recibe las aportaciones de cantidad de barrancos y ramblas, siendo los más destacados por su izquierda el Barranco del Zarzoso, Barranco del Portillo, el Arroyo Majo, Barranc dels Frares, y el Ríu Sec, y por su derecha el Barranco de Minguiser, el Barranco del Mas de Fuertes, Barranc de Montsó, Barranc d’ Assor, el Barranc del Forcall y las ramblas de Benafigos y Atzeneta.

Manantial del Ojal (Puertomingalvo)
Además de las aguas superficiales, se alimenta especialmente de surgencias que se hallan generalmente sobre el mismo lecho del río (ullals u ojales). Estos manantiales intermitentes expulsan el agua de las corrientes subterráneas existentes en la cuenca, que a su vez son alimentadas por la infiltración y por pequeñas cuencas endorreicas situadas en las cotas altas del macizo por el que circula, como son la uvala de Benafigos, y los poljes de Mosqueruela y el del Pla de Vistabella, el más extenso, cuya cuenca es receptora de la escorrentía y el deshielo del macizo de Penyagolosa (1813 m.).
Por último, el río desemboca en la Rambla de la Viuda, al confluir con la Rambla Carbonera en las cercanías de Els Ibarsos (cota 300 m.), después de recorrer 83 Km. y descender más de 1150 m., buena parte de ellos encajado, a través de tierras, sobre todo, calcáreas.

           
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martes, 13 de agosto de 2013

Puertomingalvo - Linares de Mora

Resumen.

          Esta ruta une dos de las poblaciones más interesantes de la comarca turolense de Gúdar-Javalambre, en las estribaciones occidentales del macizo de Penyagolosa. Puertomingalvo y Linares de Mora comparten una historia común, una bella arquitectura medieval y un atractivo paisaje de montaña. Recorreremos la cabecera de la Rambla del Puerto, origen del río Montlleó, y una parte del encajado valle  del río Linares.

La Vega desde el Portal de la Ombría (El Puerto)

Distancia aproximada: 16,5 km
Desnivel acumulado: en subida  580 m., en bajada: 700 m












Descripción del recorrido.

Castillo de Puertomingalvo
          Salimos de Puertomingalvo por el desaparecido Portal de la Ombría, donde existe un poste indicador al inicio de la senda marcada como Sendero de Pequeño Recorrido (PR) que conduce a Mosqueruela y Linares de Mora. Descendemos rápidamente por lo que fue una estrecha vereda flanqueada por muros de piedra entre campos de cultivo, ahora mayoritariamente abandonados. La ausencia de mantenimiento del camino nos obliga a invadir los campos contiguos. Llegamos hasta un camino ancho que atraviesa las Vegas, y que tomamos hacia la izquierda (norte).
Caseta en piedra seca
          Las Vegas, es una zona de escasa pendiente que rodea El Puerto por el norte y el este. Está ocupada por choperas, prados y cultivos de cereal, cercados con muros de piedra seca para delimitar la propiedad y organizar su uso agropecuario. Ahora recorremos la Vega de Pericules o del Rebollar, situada al norte de la villa.
          El camino pasa junto a la Masía del Rebollero y en una curva pronunciada se bifurca, por la derecha (norte) se dirige a Mosqueruela, y por la izquierda (noroeste) vamos a Linares de Mora. Tras cruzar la ancha pista de Las Ampolas, continuamos por un camino difuminado que sigue un muro de piedra hacia el norte. Buena parte de los campos están desatendidos y en ellos prosperan los erizos. Además de los cercados, algunas casetas y corrales de piedra seca salpican el terreno.
Barranco del Rebollar
          Cuando alcanzamos el lecho seco de la Rambla del Puerto, nos desviamos hacia la izquierda (oeste) por una senda poco clara que alterna el cauce rocoso con un camino lateral. Vamos a seguir durante unos 2'5 km esta rambla que es el origen del río Montlleó, y como éste permanece seca la mayor parte del año. Llegamos a la carretera y la seguimos unos metros para retomar el torrente cerca de la Fuente de la Penilla. Rodeamos la frondosa área recreativa siguiendo el muro de piedra que la bordea, pasando junto al manantial que nutre los dornajos donde abreva el ganado.
          Al dejar la arboleda, nos cruzamos con el camino que asciende al Alto del Pelejero (1608 m), pero nosotros proseguimos junto a la rambla hacia el oeste. Poco a poco nos alejamos de su lecho calizo para llegar al collado de la Encrucijada.
Mas del Rebollar de Abajo en invierno
          Aquí abandonamos el árido altiplano y nos adentramos en la cuenca del río Linares. También podemos contemplar parte del profundo cañón y, frente a nosotros, la solitaria aldea de Castelvispal. El sendero desciende por debajo de la Masía del Romo y se introduce en un espeso carrascal, que se irá transformando en pinar de larício.
          Durante el abrupto descenso encontramos pinos larícios de gran porte y atravesamos algunos canchales. Cerca del Barranco del Rebollar, la senda cruza el camino de las Torrecillas, una antigua vereda que lo recorre desde su origen en el collado de San Bernabé hasta su desembocadura en el río Linares, atravesando un precioso quejigal, en el que también abundan los avellanos y los arces.
Mas de la Redonda
          Descendemos por entre los pinos, siguiendo las marcas amarillas y blancas, y pronto vadeamos el lecho del barranco cuyo caudal constante procede del manantial situado aguas arriba. Nos encaramamos por la vertiente opuesta hacia la Masía del Rebollar de Abajo. En el ascenso pasamos junto a las casas del mas y un solitario serbal, árbol típico de muchas masías de la comarca.
          Poco después, al llegar a una cancela, abandonamos la pista y tomamos la senda que surge a la izquierda. Atravesamos unos bancales poblados de pinos silvestres donde prolifera la retama, y cruzamos dos pequeños barrancos, primero el del Reguero, justo por encima de unos abruptos cortados que ponen al descubierto los estratos carbonatados del Cretácico Superior, y a continuación el de la Penilla.
Peña Blanca
          Durante los próximos 4 km mantendremos la cota de los 1300 m, sin grandes altibajos, recorriendo la medianía de la solana del valle, mientras las aguas cristalinas del río Linares circulan unos 200 m más abajo. En la ladera de enfrente, vemos la umbría ocupada por un frondoso pinar por el que transcurre la pista asfaltada de Castelvispal.
          El viejo camino entre Linares y El Puerto que recorremos, transita entre bancales de cultivos ahora conquistados por los pinos silvestres y larícios, salpicados de quejigos, carrascas, sabinas y enebros. Durante la ruta franqueamos algunas cancelas que dejaremos tal como nos las encontramos. A veces atravesamos pequeños canchales bajo los escarpes rocosos, donde es fácil observar reducidos grupos de cabra hispánica.
Vado y Linares
          Llegamos a una zona amplia repleta de bancales donde el camino se pierde entre la maleza, al bordear unos campos vallados por un alambre, pero seguimos las marcas de PR que aparecen de cuando en cuando. En realidad el camino circulaba por una trinchera elevada que separa dos bancales, pero en la actualidad se hace intransitable.
          Nos acercamos al Mas de la Redonda que vemos unos metros bajo nosotros, y cuyos atentos perros alertan de nuestro paso. Al poco el sendero desciende bruscamente bajo los acantilados de la Peña Blanca. Es un hermoso tramo del valle encajado donde la abrupta senda se combina con la cercanía de la ribera del río, en la que abundan los chopos y los sauces, el rumor del agua circulando y la visión aún lejana de Linares de Mora.
          Llegamos a unos campos de cereal y la senda se convierte en pista. Poco después, en una curva, dejamos la pista que proviene del Molino de la Herrería, el cual fue transformado en campamento de verano, y continuamos por el sendero hasta unirnos a la carretera A-1701. Caminamos por su arcén unos metros hasta llegar al inicio de la Senda Fluvial, que vamos a tomar abandonando el PR, el cual sigue por la carretera hasta el pueblo.
Río Linares
          Un poste indicativo nos dirige por una pista hacia el lecho del río Linares. A nuestro lado surgen pequeñas huertas bien regadas y cruzamos un vado justo antes de llegar a la Fuente de Bartolo, una pequeña área que dispone de mesas y asientos.
          La pista continúa en paralelo al curso fluvial bajo los frondosos pinos, chopos y sauces. Un cartel nos informa de la Cueva Mona, cercano abrigo natural producto de los procesos cárstico que formaron el encañonado valle. Cruzamos otro vado cuando tenemos justo enfrente el pueblo de Linares y a su derecha la Ermita de Santa Ana.
          Ahora la senda circula junto al lecho del río entre la espesa vegetación de ribera y termina en la fuente y Ermita del Loreto, donde confluyen el río Paulejas y el río Linares.
          Finalmente dejamos la ermita atrás y nos encaminamos por la pista que sube al pueblo, pasando junto al bello puente medieval del siglo XIII.






viernes, 21 de junio de 2013

Benafigos- L' Ortisella - Mas d' Escrig

Resumen.

Excursión que rodea el Pla de Benafigos, donde podréis contemplar abundante arquitectura en piedra seca. Pasa por la Font de la Solana, la ermita y fuentes de L' Ortisella y el Mas d' Escrig, un buen observatorio del cañón del río Montlleó.

Mas d' Escrig. Al fondo la Penyacalba y el Clingle Verd.
Distancia aproximada: 9,8 km
Desnivel acumulado:  450 m.



Descripción de la excursión.

Iglesia de Benafigos
     Desde la plaza de la iglesia de Benafigos (938 m), junto al viejo olmo, iniciamos la caminata retrocediendo hacia el norte por la calle que da acceso a la población. Pasamos junto a la recoleta ermita al Crist del Calvari, construida en 1740, y el cementerio, que quedan a nuestra izquierda. Nos asomamos al Pla, una depresión endorreica de origen cárstico cuyo fértil suelo está plenamente aprovechado para el cultivo, sobre todo de avellanos y almendros.
         Aquí tomamos una pista cementada que desciende hacia el oeste (izquierda) por una zona descuidada, entre granjas y grandes carrascas. Pronto llegamos a una bifurcación. El camino de la derecha continúa por el Pla, manteniendo la cota, pero nosotros optamos por el de la izquierda que desciende a la Font de la Solana. Seguimos un viejo azagador que cruza el Barranc de la Cormana y asciende por la vertiente opuesta hasta el Coll del Vidre. Lo delatan los muros de piedra seca que flanquean el camino, protegiendo del ganado los cultivos, algunos bien cuidados, de avellanos, cerezos, madroños y viñas.
Font de la Solana
        El camino se torna sendero que serpentea perdiendo altura, hasta llegar a un bancal que atravesamos camino de un mas. Desde las casas continuamos el descenso en zigzag, hasta otro bancal que recorremos hasta la Font de la Solana (823 m). Ésta se haya rodeada de álamos y dispone de dos gamellons para abrevar el ganado y una gran balsa metálica para el control de incendios.
      Tras refrescarnos, subimos por un sendero a espaldas de la fuente, en busca de la pista que nos devolverá al Pla. Al tomar la pista, ésta realiza una brusca curva a la izquierda (norte). En la cota 900 m alcanzamos el Mas del Pla, un conjunto de edificios en el borde del llano, donde contemplamos la ladera aterrazada del Barranc de la Cormana. En esta parte del Pla de Benafigos podemos observar ejemplos de construcciones en piedra seca como casetas, bancales, cercados y balsas, entre los cultivos de avellanos y almendros.
       Seguimos la pista hacia el noroeste, caminando a tramos por azagadores. Tras pasar una balsa llegamos al Mas de Barbereta, donde abandonamos la pista cementada para subir junto a las casas por una pista de tierra. Cuando ésta gira a la derecha, también la dejamos por un sendero que remonta la loma en zigzag, enmarcado en los muros de piedra de un azagador.
En la loma, llaneamos unos 200 m por el azagador , renunciando a él por una senda que desciende por la izquierda en dirección a la CV-169. Pasamos junto a otra balsa para el ganado y llegamos al Mas de la Porrona (960 m).
Mas del Pla
        Ahora cruzamos la carretera CV-169 y continuamos por una pista de tierra que se adentra en la cuenca del Barranc de Vives, entre carrascas, enebros y sabinas. Cuando se difumina la pista, tenemos un mas a la izquierda. Buscamos la era por encima de sus casas, y cerca de un abellar (grupo de colmenas) superamos un muro de piedra que delimita el antiguo Azagador de las Egües. Junto al mas vemos un espigado enebro de varios metros de altura.
         Continuamos ahora hacia el nordeste, siguiendo este muro de piedra por una senda casi perdida, que atraviesa la espesa garriga y finaliza 1 km después en el Barranc de les Egües. Después de unos metros de camino inexistente, alcanzamos una pista de tierra que recorre parte del barranco, descendiendo hacia el sur (derecha). Al poco encontramos un horno de cal a la izquierda del camino, casi oculto por las carrascas. El barranco se abre y surgen los bancales de piedra seca, algunos yermos y otros cultivados con almendros. Nos cruzamos con la pista que viene del río Montlleó y la seguimos hacia el oeste (derecha) y enseguida vemos una gran balsa contra incendios.
Mas de Vives y enebro
         En breve llegamos a la Ermita de L' Ortisella (820 m). El conjunto arquitectónico se encuentra en una umbría poblada de chopos, pinos y olmos. Tiene tres fuentes, la de Dalt, la de Baix y la de Darrere, que alimentan el barranco del mismo nombre y permiten regar una pequeña huerta. Además dispone de una área recreativa con mesas y asadores.
La capilla se levantó a mediados del s. XVI para venerar una imagen de la Virgen que encontró un labrador en este lugar. Junto a ella está la hospedería para peregrinos y la casa del ermitaño. La romería desde Benafigos se realiza cada 8 se septiembre.
       Desde la ermita, descendemos por un camino que pasa cerca de unas mesas de piedra y está señalizado con marcas blancas y verdes. El sendero, a tramos empedrado, se dirige hacia el Este, pasando unos metros por encima del Molí de Marcelí, del s. XVI, y el único molino harinero de Benafigos. Nos rodea la densa vegetación de umbría. Junto a la Font d' Escrig se encuentra una pequeña balsa y los restos de otra mayor, que sería utilizada por la huerta y el molino que están poco más abajo. A partir de aquí, la senda se convierte en pista que asciende al Mas d' Escrig (770 m).
Ermita de L' Ortisella
          Estratégicamente situado sobre una loma, este conjunto de casas, son un balcón privilegiado para observar el profundo cañón del río Montlleó. Destacan al norte los acantilados de Penyacalba y el Cingle Verd, en los que pueden observarse las buitreras donde anidan los buitres leonados.
        Continuamos ahora hacia el sur, por una pista cementada que pronto abandonamos por un sendero que surge a la izquierda y remonta la fuerte pendiente. Cuando ha ganado altura se suaviza y llega a la pista asfaltada que procede de la Ermita de L' Ortisella. La seguimos un trecho hasta llegar a la CV-169, donde se encuentra una hornacina y un modesto monumento a la Mare de Deu de L' Ortisella, patrona de Benafigos.
Font d' Escrig
         Sin pisar la carretera, tomamos una pista de tierra que va hacia el Este (izquierda) y transcurre por un amplio azagador. Llegamos a una zona recreativa con asadores y mesas, cuando nos acercamos al borde del Morral de la Buitrera (920 m), en el que podemos dedicar unos minutos a contemplar los meandros del río Montlleó y en el horizonte, la Serra d'Espaneguera, el mar, el Pla d'Atzeneta, ....
        Proseguimos por la loma hacia el Sur, junto al muro de piedra que protege los cercados poblados por carrascas. Tras bajar por un sendero, nos encontramos con la pista de la Pedrenyera que viene de Benafigos, cuyas casas ya vemos al Oeste, y al Sur la extensa Plana de Castelló. Cruzamos la carretera CV-169 a la altura del Pou del Pla, donde tomamos un sendero que asciende a la carretera que da acceso a la población, y por ella regresamos a la plaza de Iglesia.

lunes, 20 de mayo de 2013

La arquitectura popular en piedra seca

Caseta y muro en piedra seca (Puertomingalvo)
          Cuando camino por los senderos de Penyagolosa, siempre atrae mi atención la abundancia de construcciones de piedra en seco. A pesar del carácter agreste y aislado de estas montañas, observamos una geografía humanizada en la que sus pobladores han organizado el territorio a su medida, poniéndolo a su servicio, siendo capaces de movilizar y colocar sabiamente millones de bloques de piedra, para hacer posible la vida en un lugar con escasos recursos. Con su enorme trabajo a lo largo de siglos, han dejado una huella que aún hoy mantiene una serena armonía con el paisaje de montaña.
Bancales (Benafigos)
          La arquitectura en piedra seca surge al amparo de una necesidad, conquistar nuevas tierras de cultivo allí donde la tierra escasea y la roca abunda. El poblador de la montaña del Maestrazgo, al igual que en otras zonas montañosas, necesita la tierra para cultivarla y obtener de ella su sustento. Así, cuando localiza un terreno con opciones agrícolas, primero lo desbroza, eliminando la vegetación que le estorba y después lo limpia de rocas y piedras, amontonándolas en los márgenes. Pronto descubre que dispone de abundante materia prima, la piedra, que además de servir para la edificación de casas, también puede ser usada para levantar construcciones útiles y funcionales para su actividad productiva.
Peldaños en bancal (Vistabella del Maestrat)
          Para ganar más tierra fértil y extender el cultivo, construye terrazas en las laderas de la montaña con muros de piedra que consolidan el suelo, retienen el agua de lluvia y evitan la erosión por la escorrentía. En estos muros, habilita pequeños refugios para guarecerse del mal tiempo y guardar herramientas y útiles, y construye escaleras para acceder a los bancales.
       Como la ganadería está siempre asociada al espacio vital montañoso, también se aprovecha de la piedra sobrante extraída a la tierra. Nuevos muros de piedra, ahora exentos, pueblan las lomas y vertientes, fabricando azagadores por donde llevar al ganado ovino y evitar que éste entre sin control en los cultivos y pueda dañarlos. También se erigen cercados para guardar los animales, o para proteger los cultivos de la erosión del viento. En los muros de piedra se habilitan portales para entrar en los cercados y contadores para contar las ovejas.
Azagador (Mosqueruela)
        La técnica constructiva de la piedra en seco es simple, pero no sencilla. Se trata de apilar bloques piedra, de variadas formas y tamaños, levantando el muro sin utilizar ningún material que las una, ni argamasa, ni cemento, etc. La habilidad del constructor determina qué piedra debe ocupar cada lugar, sin necesidad de desbastarla en muchos casos, y cómo debe colocarse. Un principio básico es que cada piedra debe apoyarse en otras dos, y ésta a su vez debe sustentar a otro par.
         Junto al espacio agrícola y ganadero, se construyen casetas o barracas para refugiarse temporalmente de los rigores del tiempo y guardar los animales y aperos de labranza. Estos refugios ocasionales no suelen utilizarse para pasar la noche, ya que carecen de comodidades, sólo algún hueco en la pared a modo de armario y algún banco donde sentarse. La luz entra sólo por el portal que no suele tener puerta.
Casetas y bancales (Vistabella del Maestrat)
       Las barracas de piedra pueden tener una planta circular, cuadrada o rectangular. Sus dimensiones varían entre los 4 y 20 metros de perímetro, y entre los 2 y 3 m. de altura. La cubierta más empleada es la falsa cúpula, formada por la aproximación sucesiva de las hileras de piedra, hasta finalizar con una losa que cierra el techo. Otro tipos de cubierta, son la de vuelta de cañón, creada por la unión de arcadas, la cubierta plana y la mixta, que es una combinación de la plana y la falsa cúpula. En ocasiones, se completa la cubierta con tierra y vegetación para mejorar su aislamiento e impermeabilidad.
Caseta (Vistabella del Maestrat)
         Completan la arquitectura en piedra seca una serie de obras diseminadas por el paisaje, que son útiles para la vida en la montaña. Los aljibes y pozos, que recogen el agua de lluvia, y suelen estar cerrados por una pequeña puerta. Los hornos de cal, que sirven para extraer el material para la construcción a partir de cocer la piedra caliza. Las balsas de agua para abrevar el ganado. O los hitos y mojones que limitan los términos y propiedades.
          En el entorno de Penyagolosa encontramos numerosas muestras de esta arquitectura popular. Aunque la disminución de la actividad agropecuaria y la modernización de los transportes ha favorecido el abandono de estas construcciones, muchas de ellas aún mantienen un buen estado de conservación. La peor parte se la llevan los bancales en fuertes pendientes más alejados de los núcleos poblados, donde la erosión va haciendo camino cuando se produce algún derrumbe.
Caseta (Puertomingalvo)
          Sin embargo, desde hace tiempo existen iniciativas en varias poblaciones para conservar y poner en valor este patrimonio arquitectónico. 
          En Vistabella del Maestrat, la Asociació Grèvol organiza cada año unas jornadas de divulgación y estudio de la arquitectura en piedra seca en la que, además de conferencias y excursiones, se restaura alguna de las obras del término municipal. 
           Sobre la vecina Benafigos, Miguel Ángel Martí Tomás ha escrito un interesante estudio publicado por la Diputació de Castelló, con la propuesta de una catalogación. 
           Desde 2006, Vilafranca del Maestrat, alberga el Museu de la Pedra en Sec  donde se dan a conocer las técnicas constructivas, herramientas, tipologías de casetas, etc. mediante audiovisuales, paneles informativos y maquetas. Además se han señalizado varios itinerarios para visitar algunas de las construcciones más destacadas. 
         También en la cercana Mosqueruela (Teruel), se han creado rutas senderistas cercanas a la población, para dar a conocer su abundante y rica arquitectura popular en piedra seca.


Bibliografía.

La pedra en Sec a Benafigos. Miguel Ángel Martí Tomás. Diputació de Castelló 2007
La Arquitectura de la Piedra Seca. Rafael Cebrian Gimeno. Edicions Carena. 2011
Arquitectura rural primitiva en secà. Miguel García Lisón y Artur Zaragozá Catalán. Temes d'Etnografía Valenciana. Volum 1. Institut Alfons el Magnànim. 1983





lunes, 29 de abril de 2013

Villahermosa del Río - La Golosilla

Resumen.

          Ascensión al pico de La Golosilla (1581 m), un excelente balcón del macizo de Penyagolosa y límite meridional del Parque Natural.  Partiendo de Villahermosa del Río, pasaremos por al aldea abandonada de Bibioj, la masía del Montudillo y la Moleta de la Clocha, para regresar por el camino de Villahermosa a Penyagolosa que atraviesa el Mas de Borrás.


La Golosilla (izquierda) y Penyagolosa (derecha)
Distancia aproximada: 18,8 km

Desnivel acumulado:  1220 m.

Enlace al track de la excursión





Descripción del recorrido.


Villahermosa del Río
          Villahermosa del Río se encuentra en el límite occidental de la provincia de Castellón, al suroeste de Penyagolosa. La población se asienta sobre una muela en la confluencia del río Carbo, principal surgencia del macizo de Penyagolosa, con el río Villahermosa que viene de la Sierra de Gudar (Teruel). Sus blanqueadas casas se asoman a los arroyos, desde las estrechas calles que se adaptan a las curvas de nivel.
          Comenzamos nuestro recorrido en la plaza de la Iglesia, dirigiéndonos hacia el norte por callejuelas y escaleras que descienden precipitadamente al Carbo. Pronto dejamos las casas para transitar entre pequeñas huertas. Al llegar al río lo cruzamos por un puente medieval (románico-gótico) que los lugareños llaman "puente romano".
Puente medieval
          Subimos la otra orilla por un viejo camino de herradura, empedreado a tramos, que cruza una pista asfaltada y se adentra en el pinar. Aquí las aliagas lo ocupan en parte, pero es fácil de seguir hasta la pista de tierra que da acceso a unos olivares. 
       Continuamos hacia el sur por la pista asfaltada que lleva al Mas de Borrás y, tras pasar unos chalets, llegamos a un collado donde confluyen 4 caminos. El de enfrente rodea las ruinas de la ermita de Santa Barbara, y nosotros tomamos el siguiente a su izquierda, una pista de tierra que desciende por el bosque de pino carrasco. Desde aquí podemos observar los hitos más destados de la excursión El Montudillo, la Moleta de la Clocha, La Golosilla y al fondo el pico de Penyagolosa.
Bibioj
          La pista, que rápidamente se conviente en senda, entierra una canalización de agua que procede de Bibioj, cuyo trazado no abandonaremos hasta llegar a este poblado. El pinar ha invadido antiguos bancales de cultivo, y a su abrigo ha crecido un espeso sotobosque de enebros, romeros, coscoja y aliagas que en ocasiones despistan el camino. Salimos del pinar cuando ya divisamos las ruinas de Bibioj, entrando en un relieve acarcavado en el que escasea la vegetación. Aquí afloran los materiales que predominan en este valle. Son margas, arcillas y yesos del Triasico, el periodo más antiguo que podemos observar en el macizo.
Cruzamos pequeñas torrenteras por sendas de ganado camino de las primeras casas de Bibioj, para incorporarnos a la pista por la que se accede en coche. Pasamos junto a la antigua escuela que sirvió de vivienda hasta hace pocos años. La pista finaliza en una vieja era donde se ha habilitado una fuente con llave de paso.
Barranco Magro
          Bibioj era una aldea dependiente de Villahermosa enclavada en el fondo de un fertil valle con huertas regadas por el barranco Magro. Ha principios del s. XX vivian aquí unas 200 personas, pero fue menguando hasta su despoblamiento a mediados de siglo. En su apogeo disponia de escuela y tabernas, pero servicios como el médico o el cartero, venían de Villahermosa.
        Proseguimos por un afloramiento de yesos grises entre las ruinas de las casas. Bajamos hacia el sureste en busca del Barranco Magro que se adivina por la hilera de chopos que lo bordean. Cruzamos el torrente a la sombra de los álamos y nos encaramamos por la orilla opuesta. La senda asciende por las losas de un estrato calizo y poco a poco gira al Este (izquierda), ganando altura por la solana de otro ramal del barranco. Vamos por el antiguo camino del Mas de Aragón, en el que podemos ver los efectos del incendio que en 1994 debastó gran parte de la vegetación entre Villahermosa del Río y Llucena. Como resultado, el pinar ha sido sustituido por el matorral pirófito, sobre todo por aliagas (Ulex Parviflorus) que a veces ocultan el camino y dificultan el paso. Atravesamos el cauce del barranco entre la espesa maleza y seguimos ascendiendo por la umbría entre pinos larícios y rodenos que se salvaron de la quema.
Mas y loma del Montudillo
         Alcanzamos el collado, una estrecha trinchera formada en un estrato margoso. El sendero continua hacia el Este en dirección al Mas de Aragón, pero nosotros lo abandonamos girando poco a poco al Norte (izquierda), superando una serie escalonada de bancales incultos por un sendero de ganado poco marcado que rodea la loma del Montudillo (1244 m). Pisamos estratos calizos en los que abundan los fósiles. Según ascendemos nuestro visión se amplia y podemos ver al Este la Plana y costa de Castelló, y al Sur el valle del río Villahermosa y los sistemas montañosos de Espadà, Espina, Toro y Javalambre.
Camino a la Moleta de la Clocha
          Cuando llegamos al bosque de pinos rodenos nos hallamos en la cuenca del barranco del Pellejero, cuyo sustrato rocoso son margas y areniscas micáceas beige, con sus formas redondeadas por la erosión. Nuestra desdibujada senda acabará uniéndose a un camino de herradura que procede del Mas de Aragón. Lo seguimos en ascenso cruzando el lecho seco del barranco y, cuando gira al Oeste (izquierda), encontramos unas rudimentarias marcas amarillas y blancas que nos guiarán buena parte de lo que resta de excursión.
          Pronto llegamos al Mas del Montudillo, un orónimo que varía según la cartografía apareciendo como Montovillo o Montondillo. Situado en un lugar privilegiado, junto a la obligada era y una pequeña balsa, encontramos un grupo de casas y corrales que sucumben a los efectos del tiempo y el abandono, rodeado de terrazas de cultivo arrancadas a la montaña, en otro tiempo fértiles y ahora baldías.
        El sendero sigue por encima de la masada penetrando en el pinar, cuya pinocha y piñas caídas siembran el camino. Nos dirigimos a la Moleta de la Clocha (1431 m), a cuya base accedemos por la Hoya Calzada, remontando en zigzag los escarpes calizos de su vertiente sur. Seguimos hacia el Norte por el collado de la Clocha, cuyo nombre se refiere a una cavidad formada en la roca donde se acumula el agua. De nuevo tenemos impresionantes vistas, pero esta vez de la vertiente sur de Penyagolosa, La Golosilla, la Peña del Hurgo y Los Rincones.
Paso por las cinglas de La Golosilla
          En el mismo collado dejamos a la derecha un sendero difuminado que viene de Los Rincones, y poco después, en la cota 1400 m, dejamos el cómodo camino de herradura y comenzamos la ascensión a La Golosilla. 
        Nos guiamos por un reguero de hitos, sin camino definido, que primero remontan la ladera sur y después atraviesan los empinados canchales orientales hasta el pie de un paso angosto entre las cinglas. 
          Trepamos por el escarpado pasaje, que tiene tramos empedrados, para acceder a la cumbre de La Golosilla (1581 m) por la cuesta norte. Tras un grupo de pinos larícios hallamos la desnuda cima, un excelente balcón del macizo de Penyagolosa y límite meridional del parque natural.
          Regresamos desandando el trayecto recorrido hasta encontrar la senda que hemos abandonado cerca del collado de la Clocha. Retomamos el sendero hacia el noroeste (derecha), recorriendo un tramo aéreo bajo la escarpadura de La Golosilla. La visión a nuestros pies del valle de Bibioj sigue impresionándonos.
Cima de La Golosilla
         Al descender un collado bordeamos la cuenca del Barranco de la Cepera, afluente del río Carbo. Poco después nos cruzamos con el camino de Villahermosa del Río a Penyagolosa, bien señalizado con marcas amarillas y blancas, que tomaremos descendiendo por la izquierda. 
          Al poco nos adentramos en una umbría pinada y la senda se convierte en una pista forestal. Enseguida llegamos a la Porta de Penyagolosa, paso entre los valles de Bibioj y la Cepera, desde la que observaremos un nuevo e imponente perfil del pico de Penyagolosa, y en primer término las ruinas de La Casica Vieja.
          Dejamos temporalmente la pista por el viejo camino de herradura y la retomamos unos metros más abajo, para abandonarla definitivamente unos 700 m más adelante cuando gira bruscamente a la izquierda. Al comienzo de esta curva hay un camino ancho que desecharemos, pero unos metros después se encuentra una senda estrecha balizada que es la que debemos seguir.
Penyagolosa y La Casica Vieja
         La senda se adentra en un frondoso bosque de pino carrasco, cruzando varias pistas de tierra que desecharemos. En algunos momentos surgen ramas y troncos de pinos derrumbados como consecuencia de las tormentas de nieve y viento del pasado invierno, que ocultan el camino y dificultan el paso.
          Llegamos al centro de vacaciones del Mas de Borras donde, siguiendo las indicaciones, tomaremos el camino que va a Villahermosa del Río. Poco antes de llegar a la población nos asomamos al valle del río Carbo, descendemos a su cauce y lo cruzamos junto al viejo molino, donde nos encontramos con el GR-7 que seguimos hasta la villa.