jueves, 27 de diciembre de 2012

Culla - Riu Montlleó (PRV-225)


Resumen.

Esta espectacular ruta recorre el sendero PRV-225 que, partiendo de Culla, desciende al río Montlleó rodeando los acantilados de Penyacalba, en la parte más profunda de su cañón. Al estar señalizado no tiene ninguna dificultad de orientación, aunque sí un fuerte desnivel con pendientes muy pronunciadas.

Penyacalba

Distancia aproximada: 13,3 km

Desnivel acumulado: 724 m.

Enlace al track de la excursión



Descripción de recorrido.

Ermita de Sant Cristòfol (Culla)
          Salimos de Culla hacia el sur por el viejo camino de Benafigos, ahora una pista cementada durante un tramo. Descendemos, entre muros de piedra seca junto a unas granjas, a un collado en el que dejamos a la derecha el camino que conduce a la Font de l'Oli (PRV-225-1). Ascendemos enseguida a la Lloma d'en Bom donde se bifurca la pista, enfrente se dirige a la ermita de Sant Cristòfol, pasando por el derruido Molí de Vent, pero nosotros seguimos por la derecha. Al poco se parte de nuevo y volvemos a tomar la pista de la derecha que circula en paralelo al campo de fútbol.


Camino por el carrascal
          Pronto iniciamos el prolongado descenso al río Montlleó. Al principio recorremos un trecho del Assagador de la Picossa, por el que circula la pista forestal, hasta pasar el Mas de Penyacalba donde la abandonamos, continuando por un sendero que se desliza por la cabecera del Barranc de la Penyacalba. Al llegar al lecho del torrente, seguimos la senda que continúa aguas abajo, mientras el azagador asciende la vertiente hacia el sur. Transitamos por la umbría del frondoso carrascal. Cuando dejamos el barranco, atravesamos unos canchales que se deslizan del extremo norte de Penyacalba, donde podremos observar su imponente acantilado de más de 100 m. de roca caliza. Llegamos a un collado, bajo nosotros se ve el río Montlleó y la desembocadura del Riuet de Vistabella que procede de la Vallusera, enfrente la Lloma de Benafigos.

Roca de la Teula - Riu Montlleó
          Desde aquí nos precipitaremos en largos zigzag por la soleada ladera hasta retomar el lecho del barranco que ahora se llama Dels Infernals. Recorremos un carrascal moteado de longevos enebros, jóvenes sabinas y pinos carrascos con abundantes labiérnagos de hoja ancha, brezos, romeros y aliagas. Cerca ya del Montlleó tomamos una pista entre campos cultivados que lleva al Mas del Forcall, el cual dejaremos a la derecha para entrar en el lecho pedregoso del río. Éste suele estar seco ya que sólo se inunda durante unos días tras episodios prolongados de precipitaciones.

Cabras hispánicas en el Barranc dels Talons
          Lo recorremos hacia el sur, sobre blancos cantos rodados, siguiendo los meandros encajados, testimonio de cuando el río circulaba lentamente por una llanura antes de excavar el profundo cañón. En uno de estos meandros asoma entre los cantos los estratos calcáreos grises y rojizos de la Roca de la Teula. Poco después, frente a nosotros se yergue la fabulosa mole del Cingle Verd, horadada por numerosos conductos cársticos, como cuevas y abrigos. Es el tramo más profundo del cañón del río Montlleó, ya que entre su cima (La Picossa 1062 m) y el río hay 580 m de desnivel.


Cingle Verd - Riu Montlleó
          Antes de llegar a la base del Cingle cruza el río el viejo camino de Benafigos. Por la derecha (sur) está Benafigos pero nosotros seguimos las marcas del PR por la izquierda, abandonando el sinuoso cauce. Remontamos por el Racó de les Barraques , donde antiguamente se guardaba ganado, junto al desagüe del barranco de Talons. Pronto serpenteamos por la base de Penyacalba, surcando amplias pedrizas entre carrascas, pinos carrascos, labiérnagos, cornicabras, lentiscos, romeros, brezos y adelfas. Tras pasar bajo la roca extraplomada que llaman la Barba de Penyacalba llegamos a un excelente mirador entre ésta y el Cingle Verd: el Assomador de la Cingla. Un buen lugar para contemplar el río Montlleó, Benafigos, Vistabella y Penyagolosa. Con un poco de suerte también veremos los buitres leonados descansando en los escarpes de Penyacalba y el Cingle Verd, y algún grupo de cabras hispánicas.

Buitre leonado en el Cingle Verd
          Seguimos subiendo acercándonos al barranco de Talons cuando vemos al sur (derecha) la Cova Blanca, un abrigo de grandes dimensiones bajo La Picossa. La senda cruza la pista que viene del Mas de la Xurumbela, al que llegamos cerca ya del Collet Gros. Desde aquí el camino está cementado y desciende por el Mas de les Barredes hasta alcanzar de nuevo el campo de fútbol y regresar a Culla, por el mismo camino que hemos iniciado la excursión.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La Vallussera (Vistabella del Maestrat)

La Picossa
El Val d'Osera, llamado así por los muchos osos que había en otro tiempo, se halla al nordeste de la villa, a hora y media de distancia, y recibe las vertientes de la antigua población y gran término del Boy, de la cual quedan la ermita de San Bartolomé y las ruinas del castillo. Casi en el centro del valle se levanta la loma de la Picosa, de peñas muy duras calizo-areniscas, que el tiempo reduce a menudos fragmentos. De esta loma se descubren los profundos barrancos de la Climenta que corre de poniente a oriente y el de Foyadores de sur a norte. Causa horror el registrar desde las alturas de la Picosa los profundos surcos que el tiempo excavaron en aquellos montes; los escarpamentos miran al mediodía y las cuestas rápidas que desde ellos bajan están desnudas de vegetales. A excepción de estas, todo presenta un bosque espeso de pinos y carrascas. Negrea el fondo por la oscuridad y multitud de ramas que lo cubren. Allí crecen acebos y labiérnagos monstruosos, y pastan infinitos ganados que es el recurso de la población.

          Así describe el ilustrado valenciano Antonio José Cavanilles este recóndito paraje de Vistabella del Maestrat en su apreciada obra “Observaciones sobre la Historia Natural del Reyno de Valencia”. Cuando Cavanilles pasó por aquí en 1793, observó un paisaje no muy distinto del actual. A excepción de las pistas construidas como la que recorre el fondo del valle y la que accede a la Lloma de la Picossa, buena parte del paisaje permanece como entonces, como la impactante geología de sus vertientes, la espesura de su rica vegetación especialmente en la parte baja del valle, y por último algunos de sus mases y molinos, aunque ahora estén inactivos.
Vallusera desde Penyaroja
          La Vallussera, es el topónimo actualizado de lo que Cavanilles conoció como Val d'Osera, y cuya primera referencia escrita es un documento de 1203, en el que el rey Pere II d'Aragó, El Catòlic (padre de Jaume I) hace donación del lugar conquistado del “castell de Bos, también conocido por los sarracenos como Vall d'Ursera”. Aunque en la mayoría de la cartografía este lugar aparece como la Vall d'Usera.
          Se trata del valle central de una pequeña cuenca fluvial de alrededor de 48 km2 , afluente del río Montlleó, que ocupa el borde sudeste del término de Vistabella del Maestrat. Esta cuenca se encuentra delimitada por la Serra del Boi (1288 m) al norte, los contrafuertes del poljé del Pla de Vistabella (1309 m) al oeste, el Tossal de l'Albagés (1480 m) y la Serra de la Nevera (1195 m) al sur, y la Lloma de Benafigos (1079 m) al este, desembocando en el río Montlleó en el lugar conocido como Forcall del Riu, en el límite con Culla y Benafigos.
Barranc de les Climentes i Serra del Boi
          La red de avenamiento o drenaje tiene su origen en el Tossal de l'Albagés, nacimiento del Riu dels Molins. Este arroyo recoge también las aguas procedentes de la Serra de la Nevera, a través del Barranc Pardo en la partida de la Foia d'Ores, y suele llevar caudal casi todo el año, sobre todo en su parte central donde se acumulan los siete molinos que le otorgan el nombre, aunque evidentemente cuando estos se construyeron la pluviosidad era más generosa que en nuestro tiempo. El Riu dels Molins junto con numerosos barrancos, cortos y abruptos como el de la Clotxa o el de la Ferreria, forman el Barranc de la Vallussera, que transita por la parte central del valle. También en el centro de la cuenca se halla la Lloma de la Picossa, que la parte en dos formando al norte el Barranc de les Climentes, con las aportaciones de la Serra del Boi. Cuando este barranco se une al de la Vallussera toma el nombre de Riuet de Vistabella hasta su desagüe en río Montlleó.
Lloma de la Picossa desde Cova Galana
          La dirección predominante de los cursos principales es SO-NE, como ocurre con la cabecera y curso medio del Montlleó, pero finalmente girá al Este para confluir con este río. El lecho principal, desde el nacimiento del Riu dels Molins hasta su incorporación al Montlleó, tiene un recorrido cercano a los 19 km, en su mayoría con forma meandrizante y un caudal exiguo o nulo durante los estiajes.
          Los materiales sobre los que se ha instalado la mayor parte de la cuenca son calizas y dolomías que se depositaron durante el periodo Jurásico. En la partida de la Foia d' Ores existe un afloramiento importante de margas, arcillas rojas y yesos pertenecientes al Triásico. Y en los montes que la bordean por el oeste y el norte aparecen calizas, areniscas y margas del Cretácico.
Cova Santa
          Las rocas calizas, como en el resto de la zona, han sufrido un prolongado proceso de karstificación, favoreciendo la creación de cavidades subterráneas. Entre abrigos, cuevas y simas hay cerca de una treintena localizadas en esta área, aunque todas ellas tienen pequeñas dimensiones desde el punto de vista espeleológico. Los abrigos son oquedades en las vertientes rocosas que formaron parte de una cavidad subterránea mayor cuyo derrumbe dejó al descubierto parte de sus paredes. Aquí podemos ver algunos abrigos de gran tamaño como la Cova del'Avellanar , al oeste de la Lloma de la Picossa, o la Cova de la Galana en la Penyaroja. Entre las cuevas destacaremos la Cova Negra y sobre todo la Cova Santa , ambas situadas en la vertiente oriental de la Lloma de la Picossa. En cuanto las simas tenemos el Avenc de les Navades en el Tossal homónimo.
Canchales
          Existen a su vez gran cantidad de surgencias de agua cercanas a los lechos fluviales. Algunas son manantiales permanentes como la Cova de l' Algepsar , pero la mayoría sólo se activan cuando se producen lluvias abundantes, sobre todo en otoño y primavera, como Els Ullals de les Jordanes, cerca de la desembocadura del Riuet en el Montlleó. También las fuentes abundan en la cabecera de los barrancos como la Font dels Molins, en el río del mismo nombre, la Font del Pi de la Vallussera en el Barranc de la Clotxa, o la cercana Fonteta dels Caminets.
          La feraz vegetación que Cavanilles contempló persiste en gran parte del valle. Predomina el pino laricio y en las solanas encontramos las carrascas. También abunda el pino albar o silvestre en las zonas altas y ocasionalmente, en los suelos silíceos, el pino rodeno. En las riberas de los barrancos surgen los álamos negros, y en las zonas sombrías vemos acebos y labiérnagos. El sotobosque está plagado de romeros, aliagas y zarzas. En las crestas rocosas observamos la sabina albar acompañada del enebro.
Penyaroja
          El valle se encuentra dentro del Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) del Macizo de Penyagolosa, creado en 2006, por lo que goza de cierto grado de protección. Además buena parte del monte de la Vall d' Usera es propiedad municipal siendo gestionado por la Consellería de Infraestructures, Transports i Medi Ambient. En el año 2003, la administración valenciana creó en la Lloma de la la Picossa una Microreserva vegetal, para preservar y reforzar la población de los bosquetes de tejos que se encuentran en sus canchales calizos, y sobre todo para proteger la hierba leñosa rupícola Jasione mansanetiana, un endemismo castellonense en peligro de extinción que habita los roquedos calizos de umbría.
          Desde la edad media los mases han poblado las escasas zonas llanas para explotar el territorio. Se han abancalado las vertientes para el cultivo de cereales y forrajes donde el suelo y la orientación eran favorables, y el ganado ha pastado por los bosques. Hasta mediados del s. XX la mayoría de los mases estaban poblados, siendo habitados por entre 8 y 19 personas, mientras que en los molinos eran generalmente de 4 a 6 los habitantes. Por su importancia y perduración en el tiempo destacan el Mas de la Xaparra, el de Clèric, y el de Garrido.
La Pinyalossa
          Por último, “los infinitos ganados” que observó Cavanilles pastando por el valle se han reducido considerablemente en la actualidad. En aquellos momentos se explotaba el ganado ovino, sobre todo por su lana, ya que en Vistabella funcionaba una pequeña industria de paños que hace años desapareció. Sin embargo ha perdurado la ganadería para la alimentación, y ésta se ha diversificado, de manera que al ganado ovino se le han incorporado el vacuno y el porcino.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sant Joan - Pic de Penyagolosa (Vistabella del Maestrat)


Resumen.

          Desde el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa, ascensión clásica al pico por el encantador Barranc de la Pegunta, con sus fuentes y rica flora. Durante el descenso nos acercaremos a El Portellàs para observar la cara sureste del pico y regresaremos a Sant Joan por la Masía y Font de la Cambreta, recorriendo la carena de la Lloma del Conill.

Amanece en el Pic de Penyagolosa

Distancia aproximada: 9,8 km
Desnivel acumulado: 780 m.

Enlace al track de la excursión

Descripción de recorrido.

          Esta ruta es el camino natural de ascensión al Pic de Penyagolosa, dentro del Parque Natural, remontado el Barranc de la Pegunta y la Ombria del Pic. De hecho, hasta finales del s. XIX , momento en el que se construyó un camino forestal hasta la base del pico, era el camino habitual de acceso a la cumbre. Actualmente la mayor parte de los excursionista que quieren coronar la cima lo hacen transitando por este bello paraje. Por ello, hay que ser extremadamente cuidadoso con su entorno y así evitar dañarlo, por ejemplo rompiendo o arrancando plantas, pintando o deteriorando los paneles informativos, abandonando basuras o papeles, y otras barbaridades por el estilo.

Peiró de Sant Joan
          La excursión se inicia junto a la cruz del peiró de Sant Joan, desde la que nos encaminamos hacia el sureste por una corta pista que nos lleva a la pista forestal de Penyagolosa. Este camino, con buen firme, permite acceder a los vehículos hasta la base del pico, en el Corralico, aunque sólo está permitido su uso al personal autorizado. Caminamos unos 350 m por la pista forestal hasta una curva pronunciada a la izquierda, donde cruza el Barranc de la Pegunta y se halla un panel informativo del Parque Natural. Aquí comienza la ascensión por una senda didáctica señalizada que recorre casi todo el barranco.

          Al principio caminamos junto al lecho rocoso del arroyo, que en los últimos años suele estar seco buena parte del año, debido a la persistente sequía. Sin embargo, cuando la pluviometría aumenta, en otoño y sobre todo al principio de la primavera con el deshielo, el torrente cobra vida y aporta su caudal a la Rambla del Pla. Enseguida nos adentramos en un denso bosque donde predomina primero el pino laricio (pi negre) y después el pino silvestre (pi roig), aunque esto es simplificar mucho la rica variedad de especies vegetales que pueblan este rincón de Penyagolosa. Si observamos con atención, encontraremos también a lo largo del barranco el enebro, el espino albar, el acebo, el tejo, el cerezo silvestre, el guillomo, el álamo negro, o el arce. Junto algunos de estos ejemplares, el personal del parque ha colocado carteles informativos que nos ayudan a identificarlos.

Font Nova
          Después de cruzar un par de veces el lecho del riachuelo, llegamos a una pequeña alameda que enmarca el breve prado donde se halla la Font Nova, generalmente activa. Seguimos nuestro ascenso, cada vez más pronunciado, por la marcada senda y unos metros más arriba encontramos a nuestra izquierda y apartada del camino la Font de la Pegunta, que sólo mana cuando el agua es abundante. Este hidrónimo procede del material resinoso que se obtenía mediante combustión de la trementina del pino. Después de las talas de la primavera y el otoño, se elaboraba la pegunta en hornos de piedra construidos a tal fin, la cual se utilizaba para marcar el ganado, entre otras cosas. Al poco la senda llega a la confluencia de los dos pequeños barrancos que forman el de la Pegunta. Por izquierda baja el Barranc de la Banyadera, que tiene su origen en el collado del mismo nombre, y por la derecha viene el Barranc del Forn que procede de la Ombria del Pic, a mayor altitud.

Barranc del Forn
          Poco más arriba finaliza la senda didáctica del Parque Natural y el camino se bifurca en dos, justo cuando hemos alcanzado un caos de bloques de roca caliza, que se esparcen entre los altos pinos, salpicados de tejos y arces. Nosotros tomaremos el camino de la derecha que se dirige al Barranc del Forn. Cruzaremos una cancela para guardar el ganado vacuno, al entrar en una propiedad privada. Aquí nos encontraremos con las marcas amarillas y blancas del PRCV-79 que seguiremos aguas arriba, dejando la Lloma del Conill a la derecha. Ahora caminamos un trecho por el lecho seco del barranco y, al salir de él, remontamos por la derecha una loma desprovista de arbolado, que nos conduce a el Corralico, explanada que sirve de aparcamiento y por donde pasa la pista forestal, en la base del pico.

Hito en el Pic
          Ya en la pista, buscamos hacia el sur una senda ancha por la que se asciende a la cumbre. Aunque surgen múltiples senderos, el personal del parque ha marcado un sólo camino para evitar deteriorar el terreno, respetémoslo pues. Progresamos por la empinada cuesta en continuos zigzag entre los pinos silvestres. En la cota 1619 m. se encuentra la Caseta de l'Ombria que puede servir de refugio, aunque el estado de conservación no es muy bueno por las agresiones de algunos visitantes incivilizados. Unos metros por encima aparece una bifurcación la izquierda (E) que se dirige a El Portellàs, por donde regresaremos. Ahora la desechamos y continuamos el serpenteo ascendente. De nuevo surge otra desviación a la izquierda que se encamina a El Portellàs y que tomaremos durante la bajada. A partir de los 1750 m desaparecen prácticamente los pinos manteniéndose la sabina rastrera y el piorno azul (coixi de monja). Alcanzamos la primera cumbre (1815 m) donde se encuentra una caseta de vigía de la Xarxa d' observatoris forestals de la Generalitat, y un gran hito de piedra con inscripciones conmemorativas y una imagen de la Verge del Lledó, patrona de Castelló. Unos metros más al oeste se encuentra la cumbre gemela (1801 m) donde hay instalada un caseta de comunicaciones.



Cabra hispánica

          Los días tranquilos, a última hora de la tarde y al amanecer, podremos estar acompañados de alguna cabra hispánica que utiliza los solitarios riscos del macizo para refugiarse.
          La cima, que muestra el roquedal calizo desnudo, es un observatorio privilegiado desde el que se puede contemplar una parte del País Valenciano.
          Nos hallamos en la segunda montaña más alta de la Comunidad, a escasos 40 km del litoral mediterráneo. Al Este, además de la línea de costa castellonense, son apreciables las sierras paralelas a la costa de Serra d'Esparreguera (1080 m.), Serra d'En Galceràn (1070 m.) y Serra d'Irta (560 m.). Hacia el sureste la Serra d' Espadà (1106 m.), perpendicular al litoral, inicia una secuencia de estribaciones que se superponen en el horizonte. Al suroeste la Sierra de Espina, el Llano de Barracas y la Sierra de Javalambre. Al oeste la Sierra de Gúdar. Al norte las montañas de El Ports de Beseit.
          Más próximos podemos ver los pueblos de la montaña, al norte Mosqueruela, Vistabella del Maestrat y Culla, al este Xodos, al sur Villahermosa del Río, y al oeste Puertomingalvo.

Pared sudoriental desde el Portellàs
          Regresamos descendiendo por la misma senda hasta hallar el desvío al Portellàs, ahora a nuestra derecha. Un sendero poco transitado nos conduce primero al Este y después gira al Sur hasta el collado de El Portellàs, angosto paso en dirección a la vertiente sur del macizo. Desde aquí podremos observar la impresionante pared meridional de Penyagolosa, una vertical de estratos de roca caliza de 300 m. de altura.
          Esta colosal mole está formada por estratos depositados durante el Cretácico Inferior, hace 120 millones de años. Son bancos de calizas grises, margocalizas y calizas ferruginosas que le dan el característico color rojizo que las distingue. Volvemos por el mismo sendero pero, en lugar de regresar a la senda del pico, continuamos el desmonte hacia el norte para encontrarnos con ella unos metros más abajo, cerca de la Caseta de l'Ombria. Seguimos bajando ya por la ancha senda hasta llegar a el Corralico, donde tomamos la pista hacia la izquierda (O), camino del Mas de la Cambreta.

Mas de la Cambreta
          Poco antes de llegar a éste , hay una balsa a la derecha donde abandonamos la pista forestal para dirigimos al norte, a través de un bancal abandonado.
          El Mas de la Cambreta, con su longevo fresno, se encuentra a nuestra izquierda y de él procede un sendero que encontraremos y que tomaremos a la derecha, cerca de un arce con buen porte, para deslizarnos aguas abajo por la cabecera del Barranc de la Teixera. Rápidamente llegamos a la Font de la Cambreta, que dispone de grandes dornajos o gamellons para abrevar el ganado.

Font de la Cambreta
          De la fuente parte un camino hacia el norte que se encarama a la Lloma del Conill, divisoria de aguas entre los barrancos de la Teixera al Oeste y de la Pegunta al Este. En la Lloma, cerca de una gran pino laricio, nos encontramos con el sendero PRCV-79 , procedente de Llucena, cuyas marcas amarillas y blancas seguiremos hacia el norte hasta Sant Joan de Penyagolosa.


          Caminamos entre las dos vertientes pobladas de pinos por la carena de la Lloma del Conill, a veces por estrechos pasos sobre rocas devastadas por la erosión. Al finalizar la Lloma el sendero se desliza por una suave pendiente que se convierte en llano cerca del ermitorio, el cual alcanzaremos en pocos minutos.

domingo, 15 de julio de 2012

La época musulmana

Puertomingalvo
           A la muerte del rey godo Vitiza, en el año 709, se produjo un enfrentamiento por el poder entre los partidarios de su hijo Agila II y los de Rodrigo, elegido por una parte de los nobles godos. Las provincias Tarraconense y Cartaginense Espartaria, en el Este peninsular, estaban gobernadas por los primeros que eran aliados de los sarracenos, mientras que el resto de Hispania apoyaba mayoritariamente a Rodrigo. En el año 711, con el pretexto de defender al descendiente de Vitiza, un ejercito formado por 12.000 bereberes y capitaneado por Tariq, cruza el estrecho de Gibraltar y ataca a Rodrigo. En muy poco tiempo, conquistan Sevilla, Mérida y Toledo, donde se proclama la soberanía del califato de Damasco. Ha nacido al-Andalus.
          Los árabes llegaron a tierras valencianas como aliados de Agila II y, al renunciar éste a su soberanía, todo el territorio cedió pacíficamente al islam. Tanto los cristianos como los judíos que habitaban estas tierras fueron respetados en su respectivas religiones, y sólo estaban obligados a pagar un tributo. Con el tiempo ambos cultos fueron disminuyendo, sin llegar nunca a desaparecer. Al principio hubo una progresiva islamización, ya que los que se convertían al islam se libraban del tributo, y además, no estaba permitida la esclavitud entre los musulmanes, por lo que los siervos optaban por la conversión para liberarse. Posteriormente, fueron acosados por los almorávides y los almohades.
Culla
          Los indígenas, que continuaron siendo mayoritarios, conservaron sus propiedades y la administración pública, pero los árabes invasores nombraban las autoridades civiles y eclesiásticas. Los bienes requisados a la iglesia y a los sometidos por la fuerza, se repartían al 50% entre los soldados musulmanes y el califa. Inicialmente, los latifundios confiscados continuaron siendo cultivados por los indígenas, pagando una renta por ello, pero más tarde con la llegada de nuevos soldados fueron repartidos entre la tropa.
          La etnia predominante en la colonización de Valencia fueron los árabes kalbís, mientras que los haritsis se instalaron en Onda y La Plana. Los bereberes llegaron en gran números con las invasiones almorávide y almohade. Al llegar la relación entre las tribus invasoras fue caótica con continuas luchas entre sí, aunque en el País Valenciano se mantuvieron generalmente al margen, dedicándose al cultivo de las fértiles tierras.
Castillo de Puertomingalvo
          El momento de mayor esplendor de al-Andalus fue con el Califato Omeya de Córdoba, instaurado por Abderraman III en el 929 y que se mantuvo durante un siglo. Mejoró la situación de los indígenas que continuaron el cultivo de tierras abandonadas y se beneficiaron de la prosperidad de la paz. La que perdió poder fue la nobleza árabe, ya que el califa se rodeo de eslavos, auxiliares de origen humilde (esclavos y liberados) procedentes de países cristianos (gallegos, francos, catalanes, alemanes, lombardos).
          El califato desaparece al independizarse las provincias formando reinos de taifas. Con ello se produce el resurgimiento de las primitivas personalidades colectivas prerromanas, poniendo patente que durante siglos, bajo las estructuras estatales, permanecía el sustrato étnico-geográfico indígena, que en la franja mediterránea correspondía al mundo íbero.
Castell de Corbó (Benassal)
          La tendencia era concentrar la población en las áreas urbanas, y en las ciudades como Valencia o Borriana se desarrolló una burguesía urbana representada por funcionarios, médicos, comerciantes, maestros de oficios, etc. Las comarcas septentrionales del País Valenciano pertenecían al reino de Tortosa. Creado en el 1016, comprendía el Camp de Tarragona, la baja ribera del Ebro y el norte del Maestrazgo, llegando a veces por el sur hasta Borriana.
          Los reinos de taifas de la zona oriental de al-Andalus, entre Tortosa y Almería, lo que conocemos como Sharq al-Andalus, fueron de los primeros en descomponerse, ya que el poder estaba en manos de generales eslavos de origen extranjero, desligados de los intereses del país. Además, muchos de ellos eran eunucos, por lo que carecían de la descendencia que les proporcionara la estabilidad de la monarquía hereditaria, y su sucesión era muchas veces violenta.
          En época musulmana, la mayor parte del territorio que abarca el macizo de Penyagolosa y la cuenca del río Montlleó, pertenecía al castillo (hisn) de Culla. Existen referencias históricas de este distrito administrativo desde 1128, cuando el príncipe almorávide Abû Bakr, durante una expedición militar, sitúa el castillo de Kulya en las fronteras orientales de al-Andalus. Más tarde, en 1213, se describen los límites territoriales del castillo de Culla, al donarlo Pedro II a la Orden del Temple. Según este documento abarcaría los términos municipales castellonenses de Culla, Benassal, Vilafranca, Benafigos, Atzeneta, Vistabella, Torre d'en Besora, Vilar de Canes, y posiblemente parte de los de Puertomingalvo y Mosqueruela, en Teruel.
Portal del Forn
(Vistabella del Maestrat)
          El distrito se estructuraba alrededor de la villa fortificada de Culla, y estaba formado por algunas alquerías, otros castillos como los de Corbó (Benassal), El Boi (Vistabella) y El Castellar (Culla) y pequeñas poblaciones dispersas como las de Vistabella, Riu de les Truites, El Molinell, Villar dels Estrets, Benafigos, Benassal, Atzeneta y Torre de Vinrobí.
          Algunos núcleos aún mantienen topónimos de origen árabe como el antropónimo gentilicio de Benafigos, que podría tener su origen en Aban Fuqqûs, apodo musulmán que significa “el del cohombrillo”. Benassal podría derivar del nombre Aban Inzâl. Y La Torre de Vinrobí podría venir del árabe bury Aban Rabî. Puertomingalvo procede del latín Portum y el antropónimo Ibn-Galvón que significa “el paso del hijo de Galvón”. El nombre de Atzeneta proviene del grupo tribal bereber de los Zanâta, del cual hubieron en al-Andalus tres clanes a principios del s. XI. Topónimos de la misma procedencia existen también en la Vall de Albaida, en Alicante y en Mallorca.
          Los castillos tenían una función social, puesto que se destinaban al refugio de los habitantes de las alquerias cuando estos eran atacados. Los campesinos, que eran libres y, en su mayoría, propietarios de sus tierras, se protegian junto a su ganado dentro del recinto amurallado. También residía en el castillo, el alcaide, que era el funcionario administrativo que recaudaba los impuestos, pero que no tenía funciones jurídicas ni religiosas, ya que estas recaian en los cadíes y alfaquíes.
          En esta zona, la población tendía a concentrarse en los asentamientos de altura, al amparo de los castillos, debido en parte a la cercania de la frontera aragonesa. Los restos de uno de estos asentamientos andalusies, de una etapa temprana, se encuentra en la cima del Marinet entre Xodos y Penyagolosa. El castro de Puertomingalvo, cuyo origen musulmán aún se puede constatar en el castillo y en parte del lienzo de la muralla, sería otro ejemplo.
Mas del Montlleó (Vistabella)
          En el Este penínsular musulmán, la Xarquia, los inmigrantes eran sobre todo beréberes, que durante largo tiempo mantuvieron su organización tribal. En esta sociedad existía un fuerte peso de la familia impidiendo el desarrollo de relaciones de producción feudales y, en consecuencia, de relaciones de servidumbre. Asímismo, el Estado se nutría esencialmente de la producción campesina, ya que a mediados del s. X los campesinos aportaban con sus tributos cerca del 90% de los ingresos del estado andalusí. Por ello, el Estado impedía también la aparición de señores de renta que podrían competir por los tributos. Así ocurría que las comunidades campesinas organizaban los asentamientos y la producción, potenciando la cohesión social y fortaleciendo a los clanes y tribus frente al poder exterior.
          La introducción de nuevos cultivos de regadío amplió la capacidad productiva, tanto con especies orientales (naranja, caña de azucar, arroz) como con los cultivos de verano, y mejoró la dieta de la población. Incluso en estas tierras de montaña, allí donde había un manantial o curso de agua se establecieron zonas de riego, generalmente con una extensión menor a la hectárea, asociadas a áreas residenciales reducidas.
Valle del río Montlleó. Al fondo Culla.
          En los estudios realizados sobre esta época en el territorio del Castell de Culla (1), se han identificado tres sistemas hidraúlicos diferentes. El sistema de fondo de valle se construía acondicionando estos para el riego mediante su desbroce. Normalmente utilizaban una sola acequía con partidores para regar, y si el caudal era suficiente se instalaban molinos sobre la misma acequía. Así ocurre en El Molinell y en el río Montlleó. Otro sistema es el de terrazas con captación de agua a media ladera, en el que se construian bancales escalonados aprovechando una pendiente natural. Las terrazas evitan la erosión que provocan las lluvias. En el Mas de Fores y en Els Hortassos de Benassal se encuentra este modelo. Por último, aparecen pequeños espacios regados mendiante norias, que llevan asociadas una alberca para almacenar el agua, como se ha visto en Benassal.
          En este territorio, la agricultura de secano estaba representada por los cereales, olivos, algarrobos, almendros y viñedos. Completaba su economia la ganadería, el comercio de los excedentes, y la explotación de la minería del hierro. El mineral se extraía de minas como la de La Cova de la Mina en Benassal, y se transformaba para la fabricación de herramientas y armas.

(1) POVEDA SÁNCHEZ, ÁNGEL. La Investigación sobre el hidraulismo andalusí y los asentamientos localizados en el Alto Maestrazgo (Castellón). Revista de Historia Económica. Primavera-verano 1999.

martes, 3 de julio de 2012

Puertomingalvo - El Villar Alto

Resumen.

          La excursión recorre la sierra meridional de Puertomingalvo llegando al valle del Carbo y el Villar Alto, ya en Villahermosa del Río. Desde aquí obtendremos una buena visión del macizo de Penyagolosa. Además pasaremos por cuatro fuentes y diversas masías, varias de ellas aún productivas.
La Torrica y Puertomingalvo
Distancia aproximada: 14,5 km
Desnivel acumulado en subida y en bajada: 750 m.

Enlace al track de la excursión


Descripción del recorrido.

El Puerto
          Partimos de El Puerto por el desaparecido Portal de Onda, antiguo acceso sur de la villa. Buscamos la baliza que marca el camino de Sant Joan de Penyagolosa, actualmente señalizado como PRTE-31, el cual seguiremos durante un trecho.
          Al dejar el pueblo, descendemos al Barranquico Gil por un camino empedrado bien conservado. Cuando alcanzamos el lecho del torrente, pasamos junto a La Venta, donde antaño se hospedaban los transeúntes y sus caballerías. Cerca de aquí, una chopera ayuda a depurar las aguas residuales del pueblo. Pronto llegamos a la Fuente del Dornajo, con varios bacios metálicos para abrevar el ganado, donde aún se mantiene un primitivo tronco vaciado que da nombre al manantial.
Masico Miravete
          Aquí abandonamos el PRTE-31 y nos encaramamos hacia la Torrica por un sendero que se encuentra encima de la fuente. También conocida como Torre Espín, es una construcción de sillería de origen medieval, hoy en ruinas. Progresamos por un camino empedrado entre muros de piedra, sobre la Loma Montañés, donde se hallaron los restos de una necrópolis romana del s. I-III dC. Tras pasar una caseta nos desviamos a la derecha (sur) por una vereda que, al estar ocupada por la vegetación, bordearemos por el campo contiguo evitando perjudicarlo. Al finalizar la vereda encontramos un camino ancho que tomaremos a la izquierda (este), siguiendo de nuevo un muro de piedra seca. La loma representa un paisaje agrario de montaña, con una red de campos cerrados por muros de piedra seca, que protegen los cultivos del viento y del ganado, y casetas de piedra asociadas a su actividad agrícola.
          La vereda finaliza en la pista que nos lleva al collado del Masico Miravete, del que existen referencias desde principios del s.XVIII. A ambas vertientes del collado los bancales, ahora improductivos, se acomodan a la pendiente. Desde las casas del mas, descendemos sin camino claro junto a un muro de piedra, hasta que hallamos una senda de ganado que bordea por el sur el barranco de la Calera. En estos prados suelen pastar algunas vacas, cuyas huellas nos conducen a la Fuen Roya, situada en el mismo cauce seco del barranco, y que dispone de dos pequeños manantiales, bien surtidos de abrevaderos.
Fuen Roya
          Dejamos la fuente y continuamos remontando por el barranco sin camino definido. Entre los pinos silvestres de la umbría, buscamos ascender a la pista que une El Puerto con Sant Joan de Penyagolosa. Después de caminar unos metros por la pista, la abandonamos en la primera curva donde se halla un collado, buen balcón sobre el valle del río Linares. Aquí rastreamos, por detrás de una gran zanja, la senda de acceso al Mas de Cabedo o Cabero. Tras una breve subida llegamos a las casas, que se mantienen habitadas. Los perros anuncian nuestra presencia mientras las atravesamos cerca de un robusto olmo. Después avanzamos junto a un cercado que limita los bancales cultivados. Al finalizar los campos, giramos a la derecha (SE) por una vereda que se adentra en un bosquete de pinos silvestre. Al salir del pinar circulamos sobre los límites administrativos entre El Puerto (Aragón) y Villahermosa del Río (Comunidad Valenciana). La senda de ganado nos lleva al punto más alto de nuestro recorrido (1540 m.), ya en tierras valencianas, un inmejorable balcón sobre el macizo de Penyagolosa y los valles del Carbo y del Linares o Villahermosa. Fácilmente podemos distinguir en primer término a Villahermosa con sus casas blancas, o al fondo la Serra d' Espadà, entre una sucesión se cordeles montañosos.
Mas de Cabedo
          La senda ahora se desliza por el umbrío pinar, sobre areniscas rojas, hasta que llega a un collado justo donde se encuentra de nuevo con la pista de Sant Joan. Desde el collado, descendemos por la vertiente del Carbo, por un sendero que surge a la izquierda (este). Se trata del camino mulero utilizado por los masoveros del Carbo para comunicarse con El Puerto. Al principio el desmonte es suave hasta sobrepasar el Plano Lasia (1400 m.), a partir del cual el camino serpentea por la fuerte pendiente de la Solana del Carbo. A menudo caminamos bajo el dosel del bosque mediterráneo en el que, según descendemos, encontramos pinos silvestres, laricios y rodenos para finalizar en un denso carrascal.
Cerca del Villar Alto
          Al llegar a la cota de los 1155 m. aparecen sobre algunas rocas unas exageradas marcas azules y poco después un cruce con otro sendero. Por la izquierda (este) se desciende a los mases del Carbo, y por la derecha (oeste) se accede, en suave ascenso, al Villar Alto, donde nos dirigimos. El camino, a tramos empedrado, nos lleva primero a la Loma Plana, desde donde ya divisamos las casas del Villar. Al final la senda se convierte en pista y, antes de llegar al caserío, se une a otra pista que viene por la derecha (norte) entre campos cultivados, es la que tomaremos para continuar nuestra excursión, dejando atrás el Villar Alto.
          Junto al camino vemos una tubería negra que transporta el agua de la Fuente de la Canaleta hasta el Villar, por lo que la acompañaremos hasta el manantial, primero por la pista y después por una senda que poco a poco se asoma a los escarpes del barranco del Agua, que tiene su origen precisamente en el Mas de Cabero.
Barranco del Agua
          La Fuente de la Canaleta se delata por los grandes bidones azules que almacenan el agua para el Villar. Podemos acercarnos hasta el manantial, pero luego regresaremos sobre nuestros pasos para continuar por el sendero, ahora muy poco transitado y por lo tanto invadido por la vegetación en algún tramo. Tras atravesar el lecho del barranco, trepamos brevemente por una cárcava, y encontramos una pista reciente que tomamos por la derecha (oeste). Ésta nos conduce sin dificultad a El Hostalejo, de nuevo en tierras aragonesas. Debajo de las casas, junto al camino, se encuentra la fuente del mismo nombre y varias carrascas longevas. Esta casa de hospedaje, ahora parcialmente en ruinas, se halla en el antiguo camino que unía Villahermosa del Río y El Puerto.

El Hostalejo
          Ascendemos por la pista atravesando el caserío y una vez sobrepasado tomamos una senda a la izquierda (noroeste) que está balizada como Camino de Puertomingalvo. Sin dejar de ascender entre bancales yermos, la senda se encuentra con una pista que recorremos durante unos 300m, bajo la mirada de Los Tormos, nombre que reciben en Aragón estos elevados peñascos redondeados y separados de los estratos rocosos. En una curva pronunciada dejamos la pista y proseguimos por el sendero que asciende al Collao del Cerro, acceso natural meridional de Puertomingalvo. En la inmediaciones del collado, el camino está empedrado, recordando las antiguas calzadas romanas. Aunque desconocemos el origen de este camino, sabemos que a menos de 1 km., en el Montañés, existió una necrópolis de esa época.
          Una vez en el Collao del Cerro, cruzamos la pista de Sant Joan y nos deslizamos por otra que se dirige a El Puerto, pasando de nuevo por el Barranquico Gil y las casas de La Venta.

jueves, 5 de abril de 2012

Barranco Gisbert -Castillo del Mallo (Mosqueruela)

Resumen.
          Espectacular ruta que recorre el Barranco Gisbert y el corazón del río Majo. Visitaremos unas pinturas rupestres, el Castillo del Mallo, seis masías, tres fuentes y un enclave forestal protegido. La caminata sólo es apta para excursionistas experimentados debido a que, por lo escarpado del terreno,  tiene varios tramos exigentes y, sobre todo, por la ausencia de camino evidente en la mayor parte del itinerario.

Las Estacas (río Majo)
Distancia aproximada: 13,6 km
Desnivel acumulado en subida y en bajada: 900 m.

Enlace al track de la excursión



Descripción del recorrido. 

          Comenzamos a caminar junto al km. 50 de la carretera A-1701, de Mosqueruela a la Iglesuela del Cid, a 1380 m de altitud, donde parte una pista forestal que, en dirección sureste, se dirige a las Pinturas Rupestres del Barranco Gisbert. A los pocos minutos llegamos a las balmas donde se encuentran las desfiguradas pinturas. Continuamos por un sendero de ganado que transita paralelo a las balmas, por detrás del Masico del Agujero. Pronto nos encaminamos al nordeste (izquierda) por unos bancales yermos y, tras pasar un recodo rocoso, iniciamos el descenso precipitado en cortos zigzag hasta el lecho del barranco Gisbert (1300 m).
Fuente del Masico del Agujero
          Ya en el lecho, nos orientamos hacia el sur (derecha) por una vereda que protege un muro de piedra. Enseguida llegamos a la fuente del Masico del Agujero, con abrevadero para los animales, que dejamos a la derecha para proseguir por el cauce y, antes de alcanzar el lecho de un afluente, ascenderemos por la ladera izquierda hasta acceder a una faja (1280 m), evitando el gran salto que forma el cauce del barranco al precipitarse más de 20 m.
          Durante los próximos 2 km vamos a circular por la solana sobre una faja de terreno, más o menos plano, que se ha formado sobre un estrato rocoso de calizas dolomíticas, y sobre el que se realizaron algunos abancalamientos. Si estamos atentos será fácil observar grupos de cabras hispánicas que habitan en estos roquedales. El sendero, apenas definido, sigue en altura el curso del barranco Gisbert hacia el sureste, el cual se va alejando de nosotros al perder altitud según se va acercando a su desembocadura en el río Majo.
Gran balma del Barranco Gisbert
          Encima de esta faja están los escarpes de otros estratos de dolomías rojizas del Cretácico Superior, cuyos derrumbes han formado numerosos canchales que han invadido las terrazas cubiertas de carrascas y pinos aislados. El camino, a veces tortuoso y confuso, atraviesa varios de estos canchales de piedras sueltas, producto del clima frío extremo. Cuando llevamos recorridos por la faja 1 km aproximadamente, podemos contemplar en la ladera opuesta el pequeño Barranco de los Tilos donde, al amparo de la umbría y lo agreste del terreno, ha sobrevivido un bosquecillo de tilos, tejos y álamos temblones, que visitaremos en nuestro regreso.
          Poco después de sobrepasar una casa situada bajo nosotros, llegamos a una extensa área de canchales y comenzamos a remontar la ladera para salvar un abrupto collado, al tiempo que abandonamos la faja. Ya en el collado (1280 m) marchamos hacia el norte (izquierda), primero entre muros de piedra y poco después por terrazas invadidas por los pinos, para llegar al Mas de los Mollares de Abajo (1260 m). Atravesamos el mas por la era, entre el corral y la casa, y a continuación cruzamos el Barranco del Moel y trepamos por la vertiente opuesta hacia el sureste (derecha). Nos encontramos con un muro de piedra que limita la ladera y un portón que da acceso a un aprisco situado bajo una balma. Ahora remontamos por encima de la balma en busca de varias terrazas escalonadas que tenemos que subir en fuerte pendiente. Al llegar al tercer escalón progresaremos por el bancal hacia la derecha (sureste), hasta que se acaba prácticamente, donde nos desviaremos a la izquierda (este) y volveremos a trepar hasta otro collado (1310 m).
Masía de los Sanmartines
          En la carena volvemos a encontramos con un muro de piedra muy devastado que seguimos hacia la izquierda (norte) hasta llegar a un portón que traspasamos, iniciando el descenso por la umbría de otro ramal del barranco del Moel. Durante un breve tiempo nos mantenemos junto a un muro de piedra, pero lo franquearemos para dirigirnos hacia el sur (derecha) buscando el lecho del barranco, que se encuentra bordeado por otro muro de piedra. El umbroso bosque de pinos, carrascas, enebros y sabinas permite el crecimiento del pastizal en un ambiente fresco y húmedo. Recorremos el estrecho torrente hasta que se abre, entre terrazas y canchales, y entonces tomamos un sendero que sube por la vertiente izquierda hacia la Masía de los Sanmartines. Situados en las eras, donde finaliza la pista que da acceso al mas (1250m), nos encaminamos hacia el sur por un sendero que recorre la rocosa carena que separa los barrancos de los Sanmartines y del Moel, donde los lapiaces calizos afloran por doquier. En unos minutos alcanzamos un collado frente al castillo del Mallo (1234 m) o del Majo.
Castillo del Mallo
          Esta inaccesible muela ha servido de refugio y fortaleza a varios pueblos desde la edad de bronce, destacando la etapa musulmana y la cristiana bajo medieval. Aún se mantienen a la vista los restos de algunas construcciones en el lado sur. Tras realizar la visita a los restos del castillo, volvemos por nuestros pasos hasta el collado (1200 m) que da acceso al Mallo. Aquí nos desviamos hacia el oeste para rodear la muela descendiendo primero la ladera por un empinado canchal hasta alcanzar una terraza (1140 m). Ahora seguiremos por este bancal hacia la izquierda (sur), en suave descenso y manteniendo siempre el cerro visible a nuestra izquierda. Cuando llevamos cerca de 500 m rodeando el Mallo, ya en la vertiente del Barranco de los Sanmartines, volvemos a descender abruptamente a la derecha (este) cortando los bancales, hasta localizar un sendero bien claro que nos dirige al sur (derecha). Llaneando, pasamos por la era de una casa cuando ya vemos el cauce del río Majo y la senda continua hacia el oeste hasta llegar al Mas de las Estacas, en un meandro del río.
Las Estacas
          Desde el mas (1025 m), nuestra ruta inicia el regreso por un antiguo camino ahora hacia el norte, pasando bajo los imponentes estratos de calizas dolomíticas que soportan el Mallo. Este lugar es conocido desde antiguo con el topónimo de Las Estacas debido a que entre esas paredes, clavadas en las grietas, podemos ver numerosas estacas, al parecer de enebro, cuyo significado y cometido se nos escapan. Curiosamente, a varios kilómetros de aquí, en la Roca de Senallo (Benassal) ya en el río Montlleó, también aparecen unas estacas similares en la misma situación.
          Transitamos por la base de los estratos junto a unas majadas para guardar el ganado y, tras cruzar la desembocadura del Barranco del Moel, llegamos a la Fuente del Majo (1020 m), en el mismo lecho del río. Ahora continuamos por un camino en la orilla opuesta que asciende levemente y cuando hace una curva a la izquierda lo dejamos para proseguir por un sendero que se mantiene cercano al lecho del torrente. Enseguida nos encontramos con una pista que desciende al río, la seguimos y cruzamos el humilde caudal, frecuentemente seco. Antes de alcanzar las casas de un viejo molino abandonado, dejamos la pista y ascendemos por la derecha por una senda que nos conduce zigzagueando a la Masía del Morrón (1085 m), situada justo encima de nosotros. Este mas se halla en una atalaya en la confluencia del barranco Gisbert al norte, y río Majo al sur, desde donde se pueden contemplar los imponentes farallones de las Estacas coronados por el castillo del Mallo.
Tilo
          Junto a las eras del mas tomamos una pista que se dirige al norte. En la primera bifurcación seguimos recto, deslizándonos hacia el barranco Gisbert. Llegamos al cauce cuando éste hace una curva a la derecha y la pista se torna senda de ganado. Andamos unos 150 m. aguas arriba (norte) y justo cuando el lecho dibuja una pronunciada curva a la izquierda, lo abandonamos para trepar por la ladera izquierda entre el roquedal y las carrascas, sin camino definido. Buscamos la carena del monte, por donde circula una senda de ganado que va ganando altura bordeando la pendiente y el carrascal. En el ascenso, frente a nosotros, vemos en lo alto las casas de la Masía de las Celosías.
Después de pasar por unos bancales roturados, dejamos las senda para subir a una pista que seguiremos durante un breve trecho. Si observamos el terreno, hallaremos gran cantidad de fósiles de orelles de moro (Exogira). Enseguida la pista se bifurca, a la izquierda asciende a la Masía de las Celosías, pero nosotros continuamos recto, camino de la Fuente de los Tilos que encontramos a unos 300 m.
          La pista finaliza y proseguimos por un sendero bien definido. Poco a poco percibimos que las vegetación se diversifica. Junto a los pinos laricios y carrascas, van surgiendo avellanos, arces, tilos, tejos, acebos y mostajos, ya que estamos llegando al barranco de los Tilos, un lugar protegido por su riqueza forestal. Atravesamos el lecho del torrente junto a ancianos tilos y tejos, y avanzamos por la ladera opuesta por un camino más ancho que baja al barranco Gisbert, en el que encontraremos acebos de gran porte. Donde se unen el barranco de los Tilos y el de Gisbert, junto a los retorcidos tejos, ha prosperado también un grupo de álamos temblones.
Mas de Gisbert
          Al llegar al lecho de barranco se acaba el camino y remontamos el cauce hacia el oeste (izquierda). Al principio atravesamos una angostura excavada en la roca que puede resultar complicada si circula el agua, lo cual no suele ocurrir. Pronto se va abriendo el cauce, bordeado por muros de piedra que abancalan sus lindes. Al poco vemos las casas del Mas de Gisbert (1240 m), en la confluencia con otro pequeño barranco. Dejamos las casas a la izquierda y continuamos por la derecha cuando vemos ya la gran balma de más de 20 m de altura que cierra este tramo del barranco Gisbert. Sin dejar el cauce caminamos hasta la base de la balma, donde se encuentra un antiguo camino mulero que asciende por su izquierda. Actualmente está casi sepultado por los derrumbes de la ladera y por el matorral espinoso, pero aún se mantienen las piedras que bordean el sendero, en su serpentear hasta la cabecera de la balma.
          Cuando llegamos arriba (1300 m), seguimos brevemente un camino ancho hacia la derecha (norte) hasta alcanzar el lecho del torrente. Enfrente tenemos la fuente del Masico del Agujero, a la derecha una casa y el salto, y a la izquierda un torrente por donde circula un sendero de ganado que nos conducirá, aguas arriba, hasta el aparcamiento donde iniciamos la excursión.